Antonio J. Gras, Gastronomía
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Desde la frontera: D.O Rueda, la pérdida de identidad

Por Antonio J. Gras

A. Producción, productividad y precio

Los cambios económicos implican cambios históricos. Y llegó hasta el mundo del vino los resúmenes incompletos de la burbuja económica, donde muchos grupos empresariales quisieron invertir en vino, en terrenos y bodegas, creyendo que las ganancias vendrían rápidamente al vestir sus nuevos productos con nombres reconocidos por el gran público y diseños impactantes como símbolo de una ostentación sin límites. Y se disparó el precio de muchos vinos que en su interior no mantenían esa concomitancia con la calidad que deberían contener. Mucho dinero, calidad relativa. Dando como resultado que muchas bodegas que apostaron por vinos de un alto precio hoy apenas lo puedan vender y tengan que esconder esos productos en botellas de coste mucho más bajo.

La D.O Rueda, que se origina en 1982, ha trabajado durante muchos años por irse convirtiendo en la gran zona de blancos reconocibles española, sobre todo a nivel popular. Bodegueros que se han apoyado mayoritariamente en la Verdejo, acompañados por la Sauvignon Blanc, la Viura y la Palomino fina, para dar una colección de vinos que se han convertido en muy reconocibles por el gran público. Amén de las múltiples campañas publicitarias que la D.O ha lanzado para hacer verdaderamente populares sus productos.

Pero el apretón que ha supuesto para el mundo de los vinos de calidad la crisis económica vivida en todo el mundo ha hecho que muchos bodegueros, no todos evidentemente, pues por fortuna siempre hay gente con el talento suficiente como para no dejarse abducir por cantos de sirena normalmente pasajeros, busquen un rendimiento que no viene casi nunca acompañado por la calidad necesaria.

Tan alarmante ha sido la decadencia en la última cosecha de la D.O Rueda que muchas voces se han alzado para evidenciar la terrible caída de la calidad de una D.O que puede perder en poco tiempo el trabajo que llevan haciendo durante muchos años. Comenzando por aquellos profesionales que deberían ser sus más animosos valedores, sobre todo porque no se dejan cautivar por la inestabilidad productiva.

Francisco Hurtado de Amézaga, director técnico de Herederos del Marqués de Riscal (tal vez la bodega que se inventa el concepto D.O Rueda), ha denunciado que “en Rueda se está produciendo vino de muy baja calidad que se vende pese a ello sin problemas porque se le concede la contra etiqueta del Consejo Regulador, cuyo presidente ha destituido al secretario de la DO y apartado a tres catadores del comité de calificación por oponerse a esa práctica”. Junto a él, Luis Gutiérrez, el responsable de España en ‘The Wine Advocate’ de Robert Parker, ha elegido solamente dieciocho bodegas para catar los vinos del 2013. Y poco a poco la prensa internacional se hace eco del problema y serán, como siempre, muchos justos los que paguen por los pecadores.

Que sean los problemas económicos los que enturbien el desarrollo de una D.O que ha conseguido un prestigio mundial me da que pensar que no se tienen en cuenta los análisis del historiador Pier Villar, quien decía que “toda explosión de precios ( y por lo tanto de ganancias) no debería ser automáticamente identificada con el crecimiento y menos aún con el desarrollo económico”.

B. La pérdida de identidad

Los suelos arenosos de las tierras de Rueda, cubiertos de cantos rodados, han permitidos a las raíces de las viñas de Verdejo, y posteriormente unidas a las de Sauvignon Blanc, encontrar en los pasos por las barricas de roble un maduro despliegue de aromas florales y frutales, donde la piña y el pomelo, los aromas cítricos o matices herbáceos, construyen vinos frescos, armoniosos. Como si el concepto de la madurez redondeada por la madera diera fin al asilvestrado crecimiento que sólo proponía una juventud desbordante.

Pero si ésa debiera ser la identidad con que se conociera el espíritu de los vinos de esta zona, la urgencia por vender, por abaratar producto, y por salirse de un camino que podía llevar a la estabilidad mundial, han hecho que Rueda quede en el punto de mira de un sector que cada vez lucha más por la calidad, desde el tratamiento de la agricultura como base para producciones respetuosas con la naturaleza y que sirvan para mostrar respeto hacia la tierra, hasta los menos agresivos trabajos en bodega, alejándose de incorporaciones químicas innecesarias al transcurso y el resultado final de vinos que cada vez son buscados con una mayor personalidad de evidencia y sentido dentro del concepto de vinos naturales.

Las prisas por generar beneficios siempre están reñidas con el mantenimiento de una calidad que sólo con el paso del tiempo distingue a las bodegas que perseveran fieles al empeño de ofrecer tanto la idiosincrasia de unos territorios como la personalidad de quien dedica su tiempo a la transformación del grano en vino.

El inaceptable espíritu que ha regido a la D.O Rueda en la campaña 2013 debe ser motivo de reflexión para muchas otras denominaciones que piensan que el mundo del vino es más un campo económico que un campo de equilibrios naturales y concentración de conocimientos históricos. Que esta plaga pase y siga su transcurso como deberían sucederse las campañas, siendo un reflejo de la habilidad del hombre para obtener lo mejor que la tierra y el clima pueden dar, y no un negocio. Puro y duro. Desalmado.

 

Antonio J. Gras

Antonio J. Gras

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