Humor Gráfico, LaRataGris, Lidón Barberá, Número 17, Opinión
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De profesión, experiodista

Por Lidón Barberá / Ilustración: LaRataGris

Durante los últimos siete años nos han preguntado un montón de veces por qué dejamos el periodismo. Fue antes de que la crisis se lo llevara casi todo por delante y de que la situación obligara a muchos periodistas a reinventarse por completo. Fue cuando todavía parecía que siendo periodista se podía terminar viviendo relativamente bien. Y no fui solo yo, claro, hubo más gente que en aquel momento simplemente no lo vio claro.

–Acojonaba ver que no había periodistas mayores. Nos preguntábamos muchas veces dónde se metían, cómo se habían reciclado, cómo envejecían. Para muchos, el retiro era –es– una jefatura de prensa y cosas similares y solo los grandes podían seguir al pie del cañón. No ver a gente que se hacía mayor en el oficio daba mal rollo.

–Nos habían enseñado una serie de cosas en la facultad que no tenían nada que ver con la realidad. La publicidad mandaba demasiado, los intereses mandaban demasiado, las rutinas mandaban demasiado. O las noticias y las fuentes entraban en el círculo o no existían.

–Producíamos, no hacíamos periodismo. Como en una cadena de producción con unos procesos pautados, donde todo está claro y donde después de una pieza, simplemente coges la siguiente. Y si tú no estás, habrá otra persona que lo haga más o menos con la misma destreza porque al final no eres más que eso, una pieza en un sistema.

–La realidad diaria de un periodista que pasa 11 horas en una redacción y solo habla con otros periodistas o con políticos, empresarios o deportistas es una realidad sesgada. A mí me escandalizaba que la gente no estuviera en la calle liándola parda por cosas que los que no leían todos los periódicos ni siquiera sabía que estaban pasando. Igual es que no eran tan importantes.

Así que abandoné, abandonamos, antes de que el periodismo nos abandonara a nosotros. Quizá el error fue pensar en la profesión desde un punto de vista absolutamente romántico en el que todo tiene un sentido y las presiones externas simplemente no existen. Después me pasé al enemigo, a la publicidad. Al menos, si mentía, lo hacía deliberadamente y no con mi nombre por delante.

 

Lidón Barberá

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LaRataGris

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