Humor Gráfico, Joaquín Aldeguer, Número 15, Opinión, Tonino Guitián
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Miss Universos

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

Me lo dice la señora que viene a casa a planchar: “Existe muchísimo más universo del que en realidad utilizamos” (espero que esto te dé una idea aproximada de lo poco que es el universo comparado con un práctico Iphone 6). Y tiene razón; el universo es demasiado grande, demasiado abstracto y cuando concreta lo hace en base a cifras inverosímiles de grados bajo cero, cuerpos incandescentes, presión o distancias que nunca podríamos soportar; no es hospitalario y nos invita a quedarnos en casa observando nuestro mundo, que es esa cosa llena de pelusas que sale en la televisión, en forma de ombligo.

El universo es tan grande e inútil que no entendemos por qué la vida se derrocha tan fácilmente. Aunque no lo creas, esta idea me oprime y me da ganas de arrojarme a los pies del Papa de Roma para pedirle que me ilumine. Menos mal que tengo mis pequeños localismos para olvidarme de todo esto bailando alegremente melodías tradicionales.

El universo tampoco te espera; estaba antes, y va a seguir aquí después de que hayas leído estas palabras. Paradójicamente, ante tal inmensidad, tú eres absolutamente imprescindible para que el universo sea tal como es, si hacemos caso a esa teoría que habla de que el más mínimo aleteo de una mariposa podría cambiarlo todo. Esto nos lleva a una interesante conclusión: el universo es casual (esto lo ha dicho Stephen Hawking, ojo) porque “somos producto de perturbaciones cuánticas en el Universo”, y nosotros estamos en este baile conscientes de ello únicamente porque podemos sentir, comprender y pensar. Además, aunque no lo haya dicho Hawking, se deduce de sus palabras: somos un producto de perturbaciones cuánticas y yo no tengo la culpa ni nadie me preguntó antes. Por eso, estemos alegres o tristes, hagamos lo debido o hagamos el loco, siempre volvemos a lo que la ciencia y la poesía coinciden en llamar “vacío”.

Pero como el vacío no nos resuelve nada volvemos a la Tierra, que es realmente donde el Universo se permite el lujo de la ciencia-ficción (en los otros planetas, aunque son muy llamativos, no ocurre realmente nada interesante) y donde somos los dioses de la Naturaleza. Unos muy dioses de mierda, eso sí, pero unos dioses (en realidad, que seamos dioses no depende más que de una cuestión de tamaño, porque el Infinito va en todas direcciones, desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande, y nosotros nos vemos muy bien de tamaño mediano).

Así que reviso todos mis manuales de astronomía: Ptolomeo tenía razón: “el universo gira en torno del centro de la Tierra”. Pero lo mismo podría decirse de cualquier otro punto del universo, y, especialmente, en cualquier otro punto donde estuviéramos nosotros observando sagazmente. Así que nos creamos universos paralelos para escapar de la angustiante idea de no poder estar en todas las partes a la vez, como Dios. Un universo forrado de tecnología y ciencia nos ofrece un refugio seguro a estos enigmas. Un refugio que el tiempo se encarga de destruir, como hace con todas las ilusiones, cada tantos siglos, porque lo que jodidamente no podemos controlar es el paso del tiempo.

A la pregunta de si estamos solos en el universo, tengo que responderte que sí. Pero no porque no existan marcianos verdes con trompetillas en la cabeza, ni porque sea ya muy sospechoso que el premio de Miss Universo se lo den siempre a las mujeres terrícolas: estamos solos en el universo por la razón científica de que no hay quien nos aguante. El día en que esto cambie y dejemos de creernos tan importantes en el mundo, bajarán los seres de otros planetas y nos dejaremos ordeñar, esquilar y lo que quieran, porque sabemos vivir prescindiendo del universo y ser felices con esta extraña diadema que me han puesto en la cabeza y que emite sin parar ondas de felicidad y agradecimiento a mis dueños y señores.

2 Kommentare

  1. Tonino dicen

    Qué interesante visión, ora científica, ora poética, ora pitorreante, que tengo yo y qué bien me comento a mí mismo.

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