Alaminos, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 14, Opinión
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La Guerra

Por Ecto Plasta / Ilustración: Jorge Alaminos

No recuerdo exactamente cuando leí Territorio Comanche, me refiero a la fecha, pero sí me acuerdo de que fue en Madrid dónde lo empecé y en una noche de desvelo lo terminé. Fue mi primera novela de Reverte; curiosamente fue con la que se despidió de aquel mundo, del mundo de la guerra. Luego vendrían otras muchas y yo le iría siguiendo en todas ellas. Se podría decir que fue mi primer contacto con lo que era la guerra, aparte de las noticias en los telediarios. Así de lejos nos quedan a algunos los conflictos bélicos. Y es curioso que suceda esto habiendo nacido en un país que es tan dado a hacer películas y libros sobre la guerra civil, tan cercana por otra parte y tan interesados algunos en hacerla caer en el olvido. ¿Qué sería de nuestro cine sin la guerra civil? Pero vivimos en una burbuja de despreocupación, no tanto ahora que la crisis nos tiene con el agua al cuello, que hace que esos conflictos queden tan lejos y distantes que leyendo a Don Arturo uno no puede evitar pensar en el reportero de guerra con cierto aire de romanticismo y aventura. Después de Territorio Comanche vendrían más libros y reportajes y fotos de la guerra y la visión se va transformando. El propio Pérez-Reverte escribió años más tarde El Pintor de Batallas (uno de sus mejores libros desde mi punto de vista) y la cosa ya no se presenta tan romántica, ni siquiera apetecible.

No obstante el periodismo de guerra sigue viéndose con cierto aire de aventura, sobre todo el fotoperiodismo del que, además, tenemos grandes representantes en nuestro país. Pero lo peor de la guerra, como siempre nos recuerda el gran Gervasio Sánchez, no es la guerra en sí, sino lo que deja tras de sí. Incluso mucho después de haber acabado, las víctimas siguen sufriendo las consecuencias de tan devastador conflicto.

A pesar de todo, sigue habiendo guerras: ideológicas, económicas, absurdas… aunque qué guerra no es absurda. El ser humano es capaz de cometer las mayores barbaridades en nombre de alguna causa y siempre habrá quien aliente esa causa. Y lo que es peor: quien fabrique y distribuya armas para que sean posibles las guerras.

No comprendo, desde mi posición acomodada de ciudadano occidental, que puede llevar a una persona a cometer semejantes atrocidades y sin embargo muy pocos en esa situación límite han escapado de matar y asesinar. De nuevo, aquí en España, tenemos un ejemplo claro de guerra fraticida y cruel. Será que acaso el alma humana sea oscura y tenebrosa y sólo esté esperando la oportunidad adecuada para darse a conocer tal cual es.

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