Humor Gráfico, LaRataGris, Lidón Barberá, Número 14, Opinión
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“Jo tía, vamos a la guerra”

Por Lidón Barberá / Viñeta: LaRataGris

No es que tenga yo una fijación con el turismo, ni de muertos ni de ningún tipo, pero hay conductas que dicen mucho –y no siempre bueno– de las personas. Hacerte una foto en la tumba de un escritor famoso del que nunca has leído nada tiene su aquel, contextualizado en un cementerio que aparece en las guías de viaje y con la emoción del momento. Pero… ¿qué hace que una persona que está tranquilamente inmersa en su rutina aburrida quiera cruzarse medio mundo para ver en directo un conflicto bélico?

Y no, no me lo invento. Supongo que de alguna manera ha existido siempre el espíritu aventurero de la persona que quiere vivir de cerca un conflicto. Muchos corresponsales de guerra lo son, de hecho, prácticamente por instinto mucho más que por vocación. Voluntarios de oenegés deciden jugarse el tipo para ayudar a refugiados, a heridos o a niños. Eso que conocemos como ‘la guerra’ tiene, supongo, una atracción enorme.

Hemos visto tantas películas y hemos leído tantas noticias que la guerra, al mismo tiempo que nos atrae cada vez más, nos parece más cotidiana. Al fin y al cabo, si lo he visto en la tele quiero verlo con mis propios ojos. Si van los periodistas, también podré ir yo, ¿no? Y de ahí salen touroperadores especializados en llevar a la gente a zonas de conflicto. No hay que bucear mucho para encontrar empresas que te llevan al Kurdistán iraquí o te permiten conducir un tanque en Chernobyl y otras que te plantean paquetes personalizados si, por ejemplo, “tu idea de divertirte es conducir en una caravana de Hezbollah”.

Si entramos en una espiral en la que competimos con la gente que conocemos por ver quién hace el viaje más lejos, más especial, más diferente a todo, ir ‘a la guerra’ puede ser una solución perfecta. Ahora podemos decir: “nada, que en agosto me voy a la guerra” como si dijéramos que hemos alquilado un apartamento en una urbanización de cartón piedra, es cuestión de pasta y nada más.

Terminamos frivolizando un poco las cosas. Quien realmente siente la necesidad y el impulso de ir a una guerra a ayudar, a contarla, a analizarla o a evitar que vuelva a pasar, encuentra sus mecanismos para llegar, para introducirse, para ser parte de ese conflicto. Quien se sube en un avión con un itinerario preestablecido para fotografiar lanzamientos de misiles o para hacerse fotos con niños que sostienen armas… habrá visitado algo parecido a un parque temático.

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