Alaminos, Humor Gráfico, Número 15, Opinión, Paco Sánchez
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El latido de un perro

Por Paco Sánchez / Ilustración:  Jorge Alaminos

Me gusta ver la Tierra desde Marte. Contemplar con mi telescopio ese magnífico lucero azulino. Pero también se me ponen las antenas de punta al atisbar la cumbre del Monte Olimpo de mi planeta, que es casi tres veces más alto que vuestro Everest, y los campos de dunas mecidas por el congelado viento marciano. Alucino con los cráteres de mi niñez y con el Valle Marineris, nuestro cañón del Colorado particular. Pero déjame terrícola que me quede con la visión de la Tierra desde mi tierra. Desde allí, vuestra esfera es tan brillante como Júpiter y refulge entre los 200.000 millones de estrellas de nuestra galaxia, la Vía Lactea, esa estela elíptica y blanquecina. Sé que el universo es todo, sin excepción. Materia, energía, espacio y tiempo. Todo lo que existe. Pero nada es comparable con la sensación que me produjo el tránsito de la Tierra por delante del Sol visto desde Marte, que se produjo por última vez el 11 de mayo de 1984. El próximo está previsto para el 10 de noviembre de 2084, pero para entonces no sé dónde estaré. Quizá haya muerto y mis cenizas estarán esparcidas en el cosmos. En el mejor de los casos seré ya muy anciano.

Ese tránsito de vuestro planeta por el disco solar me marcó para el resto de mi vida. Sentí la plenitud. Sentí mi alma flotando entre las constelaciones. No sé explicarlo con vuestras palabras. Para que me entiendas sólo se me ocurre recomendarte que leas un cuento: Tránsito de la Tierra, de Arthur C. Clarke, el mismo de 2001: una odisea en el espacio. Ese tránsito que él nunca pudo ver le sirvió de inspiración al científico y literato británico para escribir el relato de ciencia ficción, en el que un astronauta abandonado en Marte describe el extraño fenómeno del tránsito poco antes de morir debido a la falta de oxígeno. Y lo más curioso es que el cuento se publicó por primera vez en 1971 en el ‘Playboy Magazine’. Así que si logras hacerte con uno de esos ejemplares no te vas a aburrir. Tus pupilas se dilatarán al contemplar los espectáculos del universo.

El universo es todo, sí Gurb. Todo es universo. El latido de un perro viejo. Las pompas de jabón de Machado y de nuestra inefable infancia. La cara pícara y bondadosa de los gatos. La visión de la Vía Láctea en el cielo limpio y majestuoso de los Montes Universales y de Albarracín. Un grupo de derviches con sus danzas giratorias y vertiginosas en Estambul. La sensación de que la Tierra se mueve en un campo de lavanda de la Provenza francesa. Las tristes historias de nuestros abuelos. El fragor de un orgasmo de madrugada. La vida, siempre la vida. Y la muerte, inexorable muerte. La fascinante atracción de lo esférico, inexplicable y mágica. París, de la mano de la Maga y de Horacio Oliveira. Macondo y el alma de los poetas. Las pesadillas de los criminales. El sueño. El dulce sueño de un mundo mejor. Ushuaia y su gélida prisión del fin del mundo. Las pavesas de las rojas hogueras de los yamanas de Tierra de Fuego. Los caídos en la vana conquista del espacio. El cosmos que nos enseñó Carl Sagan siendo niños y el cosmos que hemos ido descubriendo de mayores. Han Solo y su guerra de las galaxias. La naturaleza salvaje y misteriosa que rodea el Machu Pichu. El nacimiento del río Mundo. Un diminuto instante inmenso en el vivir. Los agujeros negros de la memoria y un replicante diciendo que todo esto se perderá como lágrimas en la lluvia.

Joder, terrícola. No te pongas tan poético. Yo pensaba que los humanos sólo tenías en la cabeza astronautas, estrellas, naves espaciales y constelaciones cuando pensabais en el universo.

Escucha Gurb. Escucha el latido de este perro viejo.

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