Teatro
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Acostumbrados a perder

♦ Pau Miró escribe y dirige Jugadores, una historia de cuatro hombres en estado de shock

Por Javi Álvarez. Viernes, 5 de septiembre de 2014

Jugadores es una comedia negra hecha de vidas anodinas. Por tanto no presenta mucha sustancia. Y sin embargo, a poco que se escarba, uno se tropieza con un buen trasfondo de nuestra pobre realidad. El gris de las vidas rotas de los personajes hace tiempo que les situó en un absoluto conformismo con el que admitir su fracaso. Nada esperan, ni siquiera ese golpe de suerte imposible en el que también han dejado de confiar. Se han acostumbrado a perder, a que todo vaya rodando cuesta abajo. Ya no tienen capacidad de reacción ni de sorpresa. El tiempo lo resolverá todo o los problemas se quedarán como están. Y mientras pasan los días a ver si llega esa solución, los cuatro personajes se limitan a encajar los golpes intentado descomponer su vida lo menos posible. Son un barbero, un enterrador, un actor y un profesor de matemáticas. Cuatro hombres que dejaron atrás los cincuenta hace algunos años y que no entienden el presente; se quedaron desfasados y ahora se ahogan sin intentar al menos bracear. El dinero se fue; ya solo ven el agujero que dejó y las deudas que hay que pagar. Ese vacío es todo lo que les queda. Han tocado fondo y hasta las situaciones humillantes a las que llegan parecen haberlas aceptado.

No es cuestión de mala suerte, de que nos haya caído encima una mano de malos naipes, se trata de una racha eterna que nos consume. Jugadores pinta un momento que nos retrata como sociedad y nos vemos reflejados porque conocemos esas mismas sensaciones. No lo puedo evitar, a mí todo esto me sabe a años de derrota sin el menor triunfo, a pensamiento único, a personas engañadas y estafadas, a país golpeado y doblegado, a ciudadanía en estado de shock… Ese runrún que oigo y veo en el texto de la obra me suena igual que la crisis que padecemos y sus consecuencias en el estado de ánimo de las personas. Una crisis que parece que nos ha dejado exhaustos, sin fuerzas y debilitados para ejercer cualquier tipo de rebeldía, para enfrentar nuevas decisiones.

Jugadores no habla de cambiar el sistema, sino de asumirlo y tejer cada cual sus propias soluciones, aunque estén fuera de la legalidad. No es la sociedad la que debe garantizar el bienestar de la ciudadanía a través de sus leyes. Ese es quizá el punto débil de la función, que su solución no va más allá de ser un parche temporal y personal, que nos sigue tocando seguir sufriendo y conformándonos, contentos de estar sentados ante la mesa cuando se vuelva a repartir el mazo de cartas en una nueva partida de póquer.

Nos queda el humor como válvula de escape y lo absurdo, terrenos por los que la obra transita sin dejar de tener los pies sobre el suelo. Te ríes encerrado en cuatro tragedias, en cuatro formas de ver la vida siempre en gris.

El escenario de la obra es una cocina vieja, algo destartalada y en cierta manera abandonada porque ha perdido su función original. Ya no se cocina en ella. Como mucho se prepara algún café y se sirven abundantes vasos de ginebra. El decorado encaja bien dentro del mensaje y sirve al espectador para que desde el primer vistazo sepa dónde se encuentra y lo que puede esperar. No hay triunfo, todo lo que hay delante es pura derrota y fracaso. A Jesús Castejón, Luis Bermejo, Ginés García Millán y Miguel Rellán les toca sostener a estos cuatro personajes acostumbrados a perder y les obliga a lidiar con la apatía en la que se han instalado sus vidas y de la que necesitan salir. Lo hacen con solvencia, resaltando cada uno sus contrastes con el resto, sus matices, sus diferencias, sin dejar de formar un grupo. Todos tienen su «solo», ese instante en el que cada cual explica su pequeña historia de la que no se ha podido despegar.

El texto y la dirección son de Pau Miró, quien ya había conseguido llevar la obra con otro elenco a los teatros catalanes en 2011. Els jugadors tuvo cierto recorrido en Cataluña, lo que le sirvió para ser traducida al italiano, representarse en los escenarios de aquel país bajo el título Jucatùre y reconocerse su éxito con el Premio Ubu 2013 a la mejor novedad extranjera. Ahora, con una versión en castellano y un nuevo reparto recorrerá los teatros españoles. Su estreno tuvo lugar el 22 de agosto en el avilesino teatro Palacio Valdés con un lleno absoluto.

La producción ha dedicado la obra al actor Álex Angulo, que formó parte del elenco, pero que falleció en un accidente de tráfico antes de que la obra pudiera ser estrenada.

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Enlaces relacionados:

http://www.ptcteatro.com/produccion_detalle.php?nid=71

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