Alaminos, Humor Gráfico, Número 11, Opinión, Paco Sánchez
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Todo es posible en la Mancha

Por Paco Sánchez / Ilustración: Jorge Alaminos

Yo creo Gurb que en vez de estar perdiendo el tiempo conmigo deberías estar leyendo ‘El Quijote’ o ayudando con tu tecnología marciana a buscar los huesos de Cervantes.

Terrícola, es que me cuesta mucho pasar de la primera línea. No soporto que este tío me deje en ascuas sin saber cuál es ese lugar de La Mancha. Y hasta que no consiga leerme el libro enterito no me motiva localizar la tumba del autor. Qué le vamos a hacer. Esta novela y sus personajes me quedan muy lejanos. ¿Tú te has puesto alguna vez en la piel de Cervantes o de Don Quijote?

Hace unos años un sobrino mío que vive en un pueblo manchego me pidió que fuera a su clase de niños de cinco años para contar algunas historias quijotescas. Su maestra nos dio el visto bueno y una madre me dejó un disfraz de Don Quijote, con barba incluida. Creo que los chiquillos pasaron un buen rato, pero no paraban de preguntarme si de verdad yo era el auténtico ingenioso hidalgo de La Mancha y querían saber dónde había dejado a Rocinante, por lo que no dejaban de mirar por la ventana para intentar ver a mi caballo. Cuando acabé y ya salía airoso del aula, una niña que había estado callada todo el tiempo se me acercó sigilosa y me dijo: “Oye, que no se te olvide devolverle luego el disfraz a mi madre”.

Vaya golpe bajo. ¿Has estado en alguno de los lugares que aparecen una novela?

En mis tiempos de universitario hice en bicicleta una parte de la ruta del Quijote. Intenté seguir un poco el itinerario que hizo el escritor Azorín para escribir su libro. El primer sitio que visité fue la Cueva de Montesinos, junto a las lagunas de Ruidera, donde se desarrolla uno de los episodios más extravagantes y enigmáticos de ‘El Quijote’. Con una linterna y acompañado por un grupo de personas que nos pusimos en manos de un guía lugareño nos adentramos en la entrañas de la cueva donde Don Quijote creyó haber pasado dentro tres días con sus noches, cuando en realidad permaneció cerca de una hora. El lugar estaba lleno de murciélagos, que Cervantes llama “pájaros del infierno”.

El guía nos deleitó con varias historias, pero lo que más me sorprendió es que nos contó que para llegar a la cueva Don Quijote le puso las herraduras a su caballo al revés para despistar a sus perseguidores. A mí no me sonaba de nada ese pasaje y entonces le pregunté al señor si había leído alguna vez la novela de Cervantes. Me dijo que no. Seguro que lo había visto en alguna película de vaqueros, pero no estaba nada mal la invención. Yo creo que la habría firmado el mismísimo manco de Lepanto.

Pues me están entrando ganas de arrancar de una vez con el libro. Por cierto, terrícola. ¿Dónde escribió Cervantes su novela?

No lo sé. En 1989 estuve en la casa-cueva de Medrano, en Argamasilla de Alba, y la gente del lugar está convencida de que fue allí donde Cervantes escribió su obra inmortal cuando estaba preso por haber tenido algunos problemillas con la Agencia Tributaria. El abandono y deterioro de la casa era bochornoso y para poder visitarla tuve que ir a casa de una vecina que tenía la llave y abría la puerta a cambio de una pequeña propina por las molestias. La mujer tampoco había leído ‘El Quijote’ y sólo sabía que en el patio se celebraban algunos años bailes de grupos folclóricos de España y países de América Latina. Hoy día, el lugar es biblioteca municipal, galería de exposiciones, auditorio y oficina de turismo, y la zona de la cueva ha sido respetada.

Pues también me están entrando ganas de visitar algún lugar cervantino. Recomiéndame alguno.

Yo de ti iría a Villanueva de los Infantes. Además de un pueblo precioso, también se postula como el lugar de la Mancha del que Cervantes no quiso acordarse, el muy puñetero. Unos estudios de la Universidad Complutense sobre los primeros trayectos de Don Quijote y el tiempo empleado concluyen que el punto de partida era Villanueva de los Infantes. Gurb, allí podrás encontrar sitios como la casa del Caballero del Verde Gabán, uno de los personajes más interesantes y crípticos del Quijote. Don Diego de Miranda era una especie de agente doble. Labrador rico y erasmista, sin desmesura, amable, comedido, austero y muy observador, para no despertar sospechas ante la Iglesia se presenta como un católico de misa diaria, muy devoto de la Virgen María. Pero ojo con los templos. Villanueva debe ser uno de los pocos lugares donde hay gente que se caga literalmente en las iglesias, como pude comprobar in situ con asombro. Y estoy convencido de que aquello no era una caca de perro, era demasiado humana. En fin, misterios sin resolver.

Terrícola, al margen de lo escatológico, ya tengo decidido el plan. Leeré ‘El Quijote’ mientras hago una ruta cervantina. Y luego ayudaré a buscar los huesos del manco de Lepanto. Que tiemble Shakespeare… y Mariló Montero con su garrulismo lingüístico (“No sus vayáis”).

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