Artsenal, Humor Gráfico, Jose Antequera, Número 12, Opinión
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Simplemente Paco

Por José Antequera / Ilustración: Artsenal

El Papa Francisco parece que ha emprendido una cruzada brava contra los poderes fácticos del Vaticano, contra el fanatismo católico, contra el Opus y contra sí mismo. A ver hasta dónde le dejan llegar los curas sicilianos de Roma. En un principio, este Papa parece que mola, todo lo que dice tiene un sentido racional, lógico, y lo dice muy bien, con ese gracejo canalla y portuario que tienen los argentinos, ché boludo, por la concha de mi madre. A mí los Papas, las biografías de los Papas y sus encíclicas dominicales coñazo, siempre me han dado un poco igual. Durante siglos, la Iglesia no ha hecho otra cosa que repetirse a sí misma con un exceso de ritual y de manual, con un catecismo polvoriento y anticuado, mientras el mundo iba cada vez peor.

Pero este Francisco, ya digo, parece más un hombre normal dispuesto a encarar los graves problemas humanos que un delegado de Dios en la Tierra. Y ese humanismo cristiano, en los tiempos que corren, ya es de agradecer. En su escaso tiempo de pontificado, al tío Paco (no confundir con el otro) le ha dado tiempo a defender a los homosexuales, a criticar las “capillitas” vaticanas, a restarle importancia al dichoso condón y al aborto y a reclamar un papel más importante de la mujer en el clero. Un manifiesto revolucionario que ni el del mismísimo Lenin. Wojtyla, el Papa polaco que desmontó la URSS a bordo de aquel tanque hortera que era el papamóvil, tenía una apariencia tierna y bonancible, pero terminó vendiéndose a los ultraboys del Opus. Benedicto también provenía del núcleo duro (no recordemos más su coqueteo con el nazismo) aunque al final se redimió con una honrosa y digna dimisión: “Ahí os quedáis, que yo me largo a mi residencia de verano”, dijo a sus feligreses hastiado de tanta corrupción y tanto cura pedófilo entrando y saliendo de los cuartos de baño vaticanos. Fue un gesto de integridad, de valentía, no cabe duda.

Y ahora, cuando ya todo parecía perdido, cuando el hambre, el dinero, la guerra y la injusticia dominan el mundo, nos llega de Argentina este Papa macanudo, valiente, honrado, justo. Un buen psicoanalista argentino para tratar la esquizofrenia del hombre y la corrupción de la Iglesia. Aún es pronto para decir si sus ideas innovadoras servirán realmente para hacer de éste un mundo mejor, pero la música inicial promete, suena bien. La entrevista que ha concedido a ese amigo jesuita en la que se declara “pecador” nos da indicios de que es un ser terrenal, frágil, como todo hijo de vecino, y además un Papa de buenos aires que coge al diablo por los cuernos, un Papa con voluntad de cambio, de reforma, de revolución. Lo que está diciendo Francisco es el mejor sermón que podría echarle a una humanidad desencantada, desentendida, pasota con los ensotanados.

Ha emprendido la senda pastoral más apropiada para recuperar de nuevo a una grey que anda perdida. No quiere decir esto que todos nos volvamos beatos de la noche a la mañana y nos tiremos de cabeza a misa de doce. Pero al menos sabemos que detrás de nuestros pecados erróneos no habrá un Papa inflexible y severo dispuesto a quemarnos en la hoguera del infierno. Pues amén.

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