Editoriales, Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 13
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Paremos el desastre ya

Viñetas: Luis Sánchez

Gurb

Editorial

29 de agosto de 2014. La mayoría de los expertos en cambio climático vaticinan un holocausto en la Tierra en el próximo siglo si no reducimos rápida y drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero en todo el planeta. Organizaciones ecologistas como Greenpeace y por supuesto la ONU vienen alertando en los últimos años (sin que los gobiernos hagan demasiado caso), de que los impactos por el aumento de la temperatura global serán realmente graves e irreversibles. Las emisiones de este tipo de gases han aumentado de forma exponencial desde la época preindustrial por el modelo energético global basado en la quema de combustibles fósiles. Los impactos del cambio climático ya son perceptibles, y quedan puestos en evidencia por datos como el aumento de la temperatura global de 0,85 grados centígrados, el mayor de la historia de la humanidad. El progresivo deshielo de las masas glaciares, como el Ártico, certifican que el daño en los ecosistemas es ya irreparable. Pero hoy también podemos ver con nuestros propios ojos los impactos económicos y sociales, que serán cada vez más graves, como los daños en las cosechas y en la producción alimentaria, las sequías, los riesgos en la salud y los fenómenos meteorológicos extremos, como tormentas y huracanes. Es un hecho empírico que el 97% de los científicos está de acuerdo en que el cambio climático está sucediendo ya, aquí y ahora, y que está siendo generado por los gases de efecto invernadero emitidos por el ser humano. ¿Y cuál es el mayor responsable del conjunto de esas emisiones nocivas? El sector energético, sin duda, debido a su concepción ultramercantil y cortoplacista del problema y al uso de energías sucias (petróleo, carbón y gas). Unas 90 empresas son responsables de casi las dos terceras partes de las emisiones mundiales. Los expertos aseguran que un aumento de 2 grados centígrados de temperatura sería el umbral que no deberíamos alcanzar si no queremos vivir desastres hasta ahora inimaginables. Y sin embargo, los escenarios futuros más catastrofistas diseñados por los expertos alertan de que el aumento de la temperatura podría llegar hasta los 4,8 grados centígrados para finales de siglo. Según el Banco Mundial, las pérdidas por los cataclismos naturales derivados del calentamiento global alcanzan los 3,8 billones de dólares desde 1980. España está entre los países más incumplidores del Protocolo de Kioto, lo que nos ha llevado a gastar más de 800 millones de euros en la compra de derechos de emisión.

Por si eso fuera poco, la última reforma del sector eléctrico frena las energías renovables, penaliza el autoconsumo energético y fomenta energías sucias, como la extracción de petróleo y el fracking (un sistema altamente contaminante que permite extraer gas o petróleo fracturando el subsuelo). Y llegados a este punto, ¿qué soluciones hay? La única alternativa seria pasa por una revolución energética que transforme todo el sistema en unos pocos años, porque además no tenemos mucho tiempo si queremos frenar el desastre. El desarrollo de estas energías limpias será una fuente de empleo y reducirá los costes de la electricidad. Nuestra generación tiene la responsabilidad moral de exigir a nuestros gobiernos que asuman políticas climáticas y energéticas que nos mantengan lejos de alcanzar ese nefasto aumento de la temperatura de 2ºC, que supondría la extinción de cientos de especies animales y vegetales en la Tierra, y que pondría bajo amenaza seria la continuidad del ser humano como especie.

Debemos exigir a las grandes empresas emisoras de gases de efecto invernadero que cumplan las normativas vigentes y al mismo tiempo reclamar responsabilidades a los gobernantes, que deberían responder con el código penal en la mano, si no se cumplen los protocolos climáticos y energéticos que se firman cada año en grandes cumbres que casi nunca sirven para mucho. Debemos instar a los gobiernos a que aprueben un marco jurídico efectivo para que los inversores privados desarrollen energías renovables con seguridad, que acaben con las emisiones de gases de efecto invernadero para 2050 y que regule el lobby de las empresas causantes del cambio climático. Y sobre todo, que no sean las grandes multinacionales petrolíferas y gasísticas quienes decidan las políticas climáticas y energéticas de las que depende el futuro de la humanidad. Todos nos jugamos mucho en este envite. Nuestro objetivo debe ser que en la Cumbre Climática de París 2015 se apruebe un nuevo pacto climático mundial, y que se haga efectivo el compromiso ya adoptado internacionalmente de reducir las emisiones en un 85-90% para 2050.

En España, Greenpeace ha demostrado que nuestro país dispone de suficientes recursos renovables como para cubrir todas sus necesidades energéticas (informe Renovables 2050); que es técnica y económicamente viable transformar el sistema eléctrico para usar exclusivamente energías limpias (informe Renovables 100%); y que además es posible hacerlo en todos los sectores para mediados de este siglo (informe Energía 3.0). Trabajemos pues para dejar un planeta limpio y viable a nuestros hijos. Trabajemos para que el planeta azul no se convierta en una planeta negro, árido, muerto. No hay una empresa más digna y loable en estos tiempos que vivimos.

Ilustración: Luis Sánchez

Ilustración: Luis Sánchez

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