Alaminos, Humor Gráfico, Número 12, Opinión, Paco Sánchez
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Palabra de Francisco

Por Paco Sánchez / Ilustración: Jorge Alaminos

“Joaquín, si no pensaras como piensas y no hicieras lo que haces, llegarías lejos en la Iglesia”. Esto le espetó hace unos años un obispo de Cartagena a un cura revolucionario murciano que no paraba de meterse en todo tipo de follones en defensa de los más indefensos y más necesitados. Al sacerdote le entró por un oído y le salió por el otro. Y ahí sigue, dando guerra como cura raso. ¿Se le habrá presentado al Papa Francisco alguna situación similar durante su larga carrera eclesiástica? No lo sé, pero de lo que estoy convencido es de que un religioso no llega a Papa sin tener que comulgar en muchas ocasiones con ruedas de molino. A mí este Papa me cae simpático y creo que está diciendo cosas que ningún pontífice hasta ahora había dicho, al menos con tanta contundencia, como la condena de la pederastia de cientos de clérigos o sus frases de tolerancia hacia los homosexuales. Pero ya sabéis, por sus obras los conoceréis, y hasta ahora casi todo ha quedado en palabras. Palabra de Papa, pero palabra. La intransigencia y el fanatismo siguen campando a sus anchas en la Iglesia Católica, sobre todo en sus altas esferas. Si Francisco quiere realmente cambiar esto tendrá que demostrarlo con acciones decididas y drásticas, y hasta ahora sólo ha maquillado un poco el rostro feroz y avaricioso del Vaticano. Y no digo más. Me voy de vacaciones. El resto de mi columna se lo dejo a Gurb, que, como buen marciano, tendrá una visión más amplia y objetiva del Paco que nos ocupa.

Vaya marrón, amigo terrícola. Bueno, venga, a la playa, que al final aquí siempre trabajamos los mismos, los que vamos a levantar este planeta. Vamos a ver. Lo primero que me llama mucho la atención es que millones de católicos que sentían un gran fervor por el anterior Papa, Benedicto XVI, que era bastante conservador y cerrado, ahora manifiestan sentir la misma veneración por Francisco, que se supone que es un pontífice abierto y progresista. ¿Cómo se come esto? Yo creo que el corazón humano no cambia así de la noche a la mañana. ¿Y si llega un Papa que nos pide que nos tiremos todos al río o que cojamos un cuchillo y sacrifiquemos a un hijo nuestro, como dicen que hizo Dios con Abraham para probar su fe? A mí todo esto me deja descolocado.

Pero me centro en el personaje. A los tres días de ser nombrado Papa, hablando a los periodistas que cubrieron el cónclave, Francisco explicó cómo se le ocurrió elegir el nombre de Francisco, el santo medieval que renunció a sus riquezas. “No te olvides de los pobres, me recomendó mi amigo el cardenal de Sao Paulo, Cláudio Hummes. ¡Ay como querría una Iglesia de los pobres y para los pobres!”, exclamó el Papa. A partir de entonces, comenzaron a llegar una serie de actos coherentes con estas palabras: el lavado de los pies a los presos de una cárcel romana el jueves santo; la visita a la isla de Lampedusa a donde arriban las barcazas de inmigrantes africanos; el cambio en la programación de la Jornada Mundial de la Juventud de Río para acudir a una favela de la metrópolis brasileña. Pero creo que en esto el nuevo Papa no innovó nada. En sus viajes, Juan Pablo II iba a cualquier sitio mezclándose con todas las situaciones más dramáticas.

Cada vez que iba a un lugar con problemas serios de pedofilia, Benedicto XVI convocaba a las víctimas y se entrevistaba con ellos. La diferencia es que el Papa Francisco encontró un modelo comunicativo extraordinario y eficaz, que transforma todo en algo nuevo. Este Papa no solo tiene cara de bueno, sino que es populista y sabe perfectamente lo que quieren oír las bases católicas. Para cambiar la Iglesia por dentro creo que se necesita algo más que buenas intenciones.

Por ejemplo, hace unos meses, la ONU criticó a la Iglesia por no haber hecho lo suficiente sobre la pedofilia y los escándalos de sacerdotes abusadores. El ataque de la ONU fue muy duro, no solo en el terreno de la pedofilia, sino contra muchos pilares de la doctrina como el aborto y la homosexualidad. El Papa dejó pasar un mes y dijo que la Iglesia hizo más que cualquier otro Estado en la materia y pidió perdón por los curas pederastas. Como siempre, no se involucró en batallas ideológicas. Luego anunció una comisión para formar sacerdotes y prevenir la pedofilia, pero un tiempo después no hay noticia de ello. Tampoco se han dado apenas pasos hacia las sanciones contra los culpables de los abusos.

A mí me gustaría que el Papa se pareciera lo máximo posible a Jesucrito y para ello, entre otras cosas tendría que coger el látigo y echar del templo a los mercaderes avariciosos y a los corruptos. A lo mejor estoy pidiendo demasiado y llevan razón los que sostienen que Jesús era un ser extraterrestre, como yo. Francisco es de Almagro, barrio de Buenos Aires donde dicen que pasan cosas extraordinarias. Pero si falla el Papa Paco, a mí no me busquen. Yo no quiero ser Papa.

2 Kommentare

  1. Pues seguramente la palabra fanatismo se queda corta para el Islam yihadista, sobre todo cuando se convierte en terrorismo puro y duro. Sé que no se puede comparar un fanatismo por otro, pero en todas las religiones hay fanáticos, unos más peligrosos que otros, aunque todos son preocupantes por su intolerancia hacia los que piensan de otra forma

  2. Si decimos que “el fanatismo campa a sus anchas en la Iglesia Católica”, ¿Qué palabra utilizaremos para hablar del Islam yihadista?

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