Fran Sevilla, Humor Gráfico, Igepzio, Número 11, Opinión
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¡Maldito país lleno de funcionarios!

Por Fran Sevilla / Viñeta: Igepzio

España, a ratos negra, andaluza y felipista, otros azul gaviota, llena de hidalgos mezquinos y acobardados dispuestos a ensalzar al poderoso y hundir su Botín en el gaznate del más débil, del paria, del finiquitado, camada de súbditos serviles siempre dispuestos a poner la otra mejilla y sendas nalgas al señorito, sube las divisas y corre, derecho de pernada para toreros, futbolistas e hijos de tonadilleras, ínfulas de ser chefs, cantantes o masturbadores en la ducha porque la vida no es más que un eterno casting narrado en perfecto diferido por Mercedes Milá, goles de Cristiano Ronaldo gritados en directo por Manolo Lama, aullidos sin Ginsberg y paneros lúcidos vestidos con camisa de fuerza, complejos teoremas matemáticos formulados por Pérez-Reverte que delimitan el número de grados hasta los que puede abrir una mujer sus piernas en público sin dejar de ser Señora en el intento y científicos en el exilio, suegras bipolares que trafican con clonazepam que luego diluirán en el desayuno de sus nietos de mirada perdida en una Nintendo, hazte con todos los vídeos de mendigos quemados en la puerta de un cajero y mata a putas en el Gran Theft Auto, comparte tus logros en Facebook y expulsa a judíos y moriscos del reino de Felipe Sesto mientras adulas al magnate del petróleo con turbante que viene a salvar a tu equipo de fútbol local, todo ello patrocinado por Evax, anuncios de compresas de Isabel Coixet emitidos en prime time, brasileñas con tanga embutiéndose tampones para bailar el tacaticotacaticotá al son de Neymar y Alves, bananas pynchonianas contra el racismo y el Adenoides como perfecta encarnación del molino de viento, el flequillo de Marhuenda contra la coleta de Pablo Iglesias en un Street Fighter para las masas y al rojo vivo, políticos mesiánicos escribiendo ensayos intelectuales sobre Juego de Tronos, en la nueva cultura del poco Shakespeare y muchas tetas que impera en la sociedad. Porque en la España hoy parquetematizada en la que Cervantes antaño tuvo que huir de aldeas caciquiles gobernadas por clanes de fabras que se negaban a pagar el diezmo real, evitando así ser apedreado al grito de ¡maldito funcionario!, siempre abundaron más los sanchos que los quijotes.

En una nación que abrazó desde su fundación la sabiduría popular como único dogma válido, misma sabiduría popular que crucificó a Jesucristo y que en los medios rurales y comunidades cerradas encasillaba a los individuos en roles delimitados, poniendo sobre los cuellos de los tildados como locos o excéntricos la soga que posteriormente los haría ahorcarse en la soledad de un granero, debía prevalecer el concepto de honradez que encarnaba Sancho Panza, honradez entendida como poner la otra mejilla al señorito y deslomarse a trabajar en el campo por un jornal mísero que anulase el instinto natural en todo hombre de querer derribar gigantes manchándose las manos de sangre, pobre pero honrado, sin sueños pero honrado, en la dirección que fijan las aspas de un molino de viento y no las manos de un gigante, pero honrado. Ese concepto de honradez de Sancho Panza contrapuesto al de honestidad de Alonso Quijano, trazar un camino vital propio construyendo un personaje complejo y elaborado, el de Don Quijote, que no tendrá miedo a enfrentarse a los gigantes quitándose la soga al cuello que la sociedad le había reservado en su papel de loco.

Esa predilección por la sabiduría popular, postulada en la memez de refranes que se contradicen, ¿el que calla otorga o a palabras necias oídos sordos?, o en imágenes ñoñas de bebés acompañadas de frases de Paulo Coelho que te harán perder la esperanza en el intelecto humano, esa uniformidad de elegir ser todos sanchos en vez de quijotes, hizo que la España en la que vivió Cervantes no fuese tan distinta a la de hoy. Como recaudador de impuestos fue linchado, igual que hoy la sociedad desprecia a los funcionarios, ¡esos malditos funcionarios!, ¡vagos!, ¡que les corten las manos, antes de que puedan seguir educando a nuestros hijos y curando nuestras enfermedades! Entonces y ahora se gritaba, ¡guapa! a la reina en los desfiles y ¡campechano! o ¡preparao! al rey, incluyendo aquellos clanes de fabras o bárcenas que no pagaban el diezmo real. Ni entonces ni ahora escribir novelas daba para comer. Ganaban dinero los que escribían obras de teatro que tuviesen una gran aceptación popular, y hoy que el teatro fue sustituido por el cine, viven bien los que logran que lleven su novela a la gran pantalla o se hacen directores arañando alguna subvención. También estaban los poetas, que entonces y ahora, follaban mucho, aunque la poesía, entonces y ahora, no diese para comer. ¿Pero quién necesita comer mientras está atado al cabecero de una cama? Al pobre Cervantes, escribir algunos versos no le valió ni para follar con su mujer, de la que se separó sin descendencia. Entonces y ahora, los derechos de autor eran despreciados, y aunque no existiesen las descargas ilegales, Avellaneda sacó una continuación del Quijote apócrifa. Entonces y ahora existía el mismo grado de tontada y fijación con el género fantástico, de putos enanos parlanchines muy ingeniosos y desequilibradas con un séquito de dragones, Juego de tronos es la nueva novela de caballería, en un lugar de Invernalia de cuyo nombre no quiero acordarme.

De tal modo que a nuestro autor más universal, Miguel de Cervantes, ser escritor en España no le sirvió para otra cosa que no fuese perder una mano. No ganó dinero con ello, ni fue reconocido en vida. Fue plagiado, enviado a la guerra, apedreado en plazas públicas, encarcelado, rechazado sexualmente por su mujer. Hoy buscamos sus huesos, porque habrá que seguir parquetematizando la cultura, llenar alguna iglesia con pantallas de plasma, luces de neón y actores caracterizados, revistiéndolo de mucho hormigón, ladrillo y fachada gris industrial, con presupuestos inflados que cubran las comisiones de constructor y político, eso después de que varias comunidades autónomas dejen de pelearse por quién se queda los restos. Todo ello a pesar de que la gente ahora sólo lea pseudonovela erótica y ya a nadie importe la literatura, querido Sancho.

2 Kommentare

  1. M. Montiano dicen

    Toda la razón, señor Sevilla en lo de Shakespeare. Comenzando por Ud. mismo, si no le importa.
    No está mal la provocación de que Jesucristo fué crucificado por la sabiduría popular. ¿Acaso estamos saturados de tanto Sálvame?
    Mi no entender. Recomendable visitar bibliotecas y si es posible hacer de nuevo el bachiller.
    Obrigado.

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