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Bacall duerme ya su sueño eterno

Por Adrián Durante. Miércoles, 13 de agosto de 2014

Ninguna miraba a cámara como ella; ninguna fumaba como ella; ninguna tuvo al dios Humphrey Bogart tan cerca como ella. La actriz estadounidense Lauren Bacall, gran musa del cine negro clásico americano, ha fallecido a los 89 años en su casa de Nueva York, dejando atrás una carrera legendaria. Bacall era la última superviviente de una generación, la del Hollywood dorado, a la que llegó muy joven para rodar To Have and Have Not (1944).

Lauren Bacall, cuyo verdadero nombre era Betty Joan Perske Weinstein, nació en Brooklyn, Nueva York, el 16 de septiembre de 1924, en el seno de una familia judía de ascendencia polaco-rumana. Sus padres se divorciaron cuando tenía ocho años y quedó bajo custodia de su madre. A los catorce comenzó a trabajar como acomodadora en un teatro neoyorquino para pagarse clases de arte dramático. Siempre había querido ser actriz y hacía papeles de figurante cuando se le ofrecía la oportunidad. También trabajó como mecanógrafa y modelo publicitaria, actividad desde la que dio el salto a la gran pantalla tras descubrirla Howard Hawks en la portada de una revista. Otras fuentes señalan que fue la mujer del director quien la recomendó tras verla actuar en un pequeño papel de una comedia en Broadway.

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En 1943, Lauren Bacall ganó el concurso de belleza Miss Greenwich Village y ese mismo año realizó pequeños papeles en las obras Las modelos, de Charles Vidor, y en Claudia, esposa moderna, de Edmund Goulding. Su primer contrato con la Warner fue de protagonista con Humphrey Bogart en Tener y no tener, película dirigida por Howard Hawks y basada en una novela de Ernest Hemingway. A partir de entonces Bogart y Bacall serían inseparables en la vida real, convirtiéndose en la cuarta y última esposa del gran actor del cine negro, con quien se casó en mayo de 1945 y tuvo dos hijos.

De aquella película nos queda el diálogo maravilloso que ha pasado a la Historia del Cine: “No tienes que actuar conmigo. No tienes que decir nada ni hacer nada. O tal vez, solo silbar. Sabes cómo silbar, ¿verdad Harry? Solo junta los labios y silba”. Ninguna inseguridad tuvieron los de la Warner Brothers en cuanto vieron su sinuoso físico, su mirada felina y una voz como si hubiese nacido con un cigarrillo y un whisky con hielo. De inmediato le reservaron una entrada por todo lo alto como “mujer fatal” de Bogart. Howard Hawks fue el que le propuso que se llamara Lauren. Y Bacall era el apellido de su madre.

Con Bogart compartió otras tres películas: El sueño eterno, La senda tenebrosa y Cayo Largo. A principios de los cincuenta, tras un paréntesis para cuidar de sus hijos, trabajó para la Fox en comedias y algún que otro drama. De esos tiempos son Cómo casarse con un millonario y Sombra enamorada, pero también Escrito sobre el viento y La tela de araña.

Tras la muerte de Bogart, el 14 de enero de 1957, su carrera comenzó a declinar y en 1959 abandonó Hollywood y regresó a Broadway para reencontrarse con el teatro, su gran pasión, aunque sin éxito. En 1966, tras el rodaje de Harper, investigador privado, junto a Paul Newman, su nombre saltó a las carteleras neoyorquinas de nuevo con Flor de cactus, una comedia de Abe Burrows que se mantuvo tres años en Broadway. En 1961 contrajo matrimonio con el actor Jason Robards, con quien tuvo a su hijo Sam y del que se divorció en 1968. Tras unos años de inactividad estrenó Aplauso, una versión musical de Eva al desnudo. Con esta obra, que estuvo 16 meses en la cartelera de Broadway, otros seis meses de gira por Estados Unidos y más de un año de éxito en Londres, consiguió un Premio Tony a la mejor actriz en una comedia musical durante la temporada 1970. Volvería a conseguir otro Tony en 1981 por La mujer del año. En 1978 publicó una primera autobiografía titulada Por mí misma y en 1994 una segunda parte que tituló Now.

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Culta, políticamente considerada de izquierdas a la estadounidense (ala más liberal del Partido Demócrata), su gran sentido del compañerismo le llevó en los años cincuenta a encabezar, junto a Bogart y el actor cómico Danny Kaye, una gran marcha de protesta en Washington contra la “caza de brujas” de la era MacCarthy. Siempre reconoció su deseo de ser esposa antes que una estrella y se rió de esa imagen proyectada en su primera etapa. “Si hay algo que nunca he sido ha sido misteriosa, y si hay algo que nunca he hecho, ha sido no hablar”, reconocería. Y no acabó de buenas maneras con una Warner esclavizadora.

En septiembre de 1992 Lauren Bacall viajó a San Sebastián para recoger el Premio Donostia, que le concedió el Festival Internacional de Cine en reconocimiento a toda una carrera artística. A lo largo de su trayectoria artística también ha recibido, entre otros, el homenaje del Festival de Cine Norteamericano de Deauville (Francia), el Premio Cecil B. De Mille 1992, el Delfín de Oro del Festival Internacional de Cine de Troia (Portugal) y el Oscar honorífico en 2009.

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Pese a los rumores constantes que la ligaron con otros hombres, entre los que han figurado Frank Sinatra, el político Adlai Stevenson o el torero Luis Miguel Dominguín, Bacall afirmó con rotundidad que sólo hubo un amor en su vida, y no era otro que Humphrey Bogart: “El hombre que más he amado. Él me enseñó a ser mujer en todo el sentido de la palabra y por eso jamás podré olvidarle”. Y añadió: “Fue el único hombre que nunca me decepcionó”. Cuando le preguntaban quién le dio el mejor beso en el cine, su respuesta no dejaba lugar a dudas: “El mejor beso me lo dio él, y con ese beso cambió el curso de mi vida”.

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