Juanma Velasco, Número 12, Opinión
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El Papa, me ha escrito el Papa

 

Por Juanma Velasco / Carta del Papa Francisco al autor

Benicàssim, Castellón, España, octubre de 2013

Santidad:

O Francisco, o Jorge Mario, como se sienta más cómodo en la lectura. No está uno acostumbrado a mantener relación epistolar con un papa, así que me disculpará de antemano las deficiencias en el protocolo.
Quisiera no extenderme demasiado, pero quisiera también darle cuenta de los motivos que me impulsan a dirigirme a usted a pesar de no sólo no ser católico ni creyente, sino de ser crítico con todo aquello que rodea a la propia religión.

Así comenzaba mi carta dirigida al Papa Francisco con motivo de la publicación de mi última novela “A ti Mateo, es a ti”, protagonizada pasivamente por “La Vocación de San Mateo”, una pintura de Caravaggio que, según sus propias manifestaciones, es el lienzo favorito del pontífice argentino.

Y la que reproduzco al pie fue su respuesta ológrafa. Me fue entregada en mano por el párroco de mi demarcación quien a su vez la recibió de la Nunciatura del Vaticano en Madrid. Su sorpresa fue todavía mayor que la mía al advertir que el mismísimo Papa había destinado una considerable cantidad de sus preciados minutos del día de Navidad a escribirle a alguien que está más próximo al ateísmo que al agnosticismo y que así se lo hacía saber.

Uno no perseguía nada con la carta, sólo manifestarle a Francisco mi asombro admirado de que compartiésemos veneración artística por una misma pintura. Le puedo asegurar a quien me lea que enviarle algo al Papa y que lo reciba personalmente es sumamente improbable, pero esa pequeña cuota de azar necesaria para que esto se diera se puso de mi parte y voilá.

Creo que no es necesario añadir nada más. Sobra con el testimonio gráfico. Ni que decir tiene que le hice llegar, además de una carta de respuesta a través de los mismos cauces, un cargamento de “buena onda” para que su Dios le siga conservando esa lucidez que nos hace sentir bergoglianos, incluso a quienes no somos capaces de creer en “lo suyo”.

Ya no he vuelto a saber nada de él. No es necesario.

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