Alaminos, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 11, Opinión
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El moderno Don Quijote

Por Ecto Plasta / Ilustración: Jorge Alaminos

Toca en este número de Gurb hablar de Cervantes, de su obra y por supuesto de Don Quijote y lo que su figura representa. Para empezar con buen pie o quizá para no dármelas de cultureta, confesaré que leí el Quijote hará un par de años, por primera y única vez. Completo, eso sí, con todas y cada una de sus anotaciones. No diré, aunque lo piense, que es un gran libro y que merece la pena leerlo, básicamente porque es algo sabido y no lo creo necesario. Lo que si contaré es que a pesar de tenerlo más o menos fresco en la mente, se me hace difícil escribir algo sobre él que esté a la altura de las circunstancias y que además no sea repetir lo ya dicho por otros. Y es que hace ya tiempo que me siento mucho más escudero que hidalgo y –aunque mi semblante se asemeja más a este que a aquel, por aquello de la mala traza– ante semejantes proyectos me achico y escurro el bulto. A pesar de todo y buscando esa originalidad empecé a darle vueltas a la cabeza ¿Cómo trasladar a caballero y escudero a nuestra actual cotidianidad?

Si uno se hace esa pregunta parece fácil, en el panorama actual, pensar en ciertas figuras quijotescas embarcadas en cruzadas llenas de loables principios y en cierto modo utópicas. Sin embargo, bien por perversidad, bien por pesimismo, bien por un poco de mala leche, en mi cabeza la figura quijotesca se volvió del revés y pasó a estar encarnada por todos esos abnegados ministros del actual gobierno que batallan contra los molinos de la democracia para hacernos mejores personas.

Dígame señora ¿No cree usted que Gallardón se imagina a sí mismo sentado a lomos de un blanco corcel, peleando contra el mundo, en fiel defensa del no nacido? ¿Acaso hay algo más quijotesco?

Y usted señor ¿qué me dice del ministro del interior (Don Jorge) y su virginal Dulcinea a la que le concede medallas y honores que cualquiera diría que le corresponden?

¿Qué me dicen de Montoro y de Luis de Guindos, blandiendo lanza y escudo para salvar a la indefensa banca de bellacos y truhanes?

¿Acaso no sería Cospedal de la Mancha con esa pícara risa y ese liarse al hablar una preciosa Dulcinea del Toboso?

Y Wert, ¿qué me dicen de Wert? también en una lucha solitaria y sin cuartel contra los gigantes de la educación?

Y como rey de los Quijotes, como caballero andante jefe de ese grupo de caballerosos hidalgos, Rajoy y su fiel escudera (Soraya) luchando contra la crisis y haciendo frente a esos malvados bárbaros del norte de rubias cabelleras y azulísimos ojos.

Finalmente, en la otra parte, en la otra cara de la moneda, nosotros, el pueblo, los Sancho Panzas de la historia, sacándolos de sus casillas con nuestras protestas y nuestras quejas como bien hiciera en la historia original el fiel escudero a base de hablar recitando refranes. Ingratos e interesados pensando siempre en esa ínsula prometida, como si fuera tan fácil conseguir una ínsula para cada uno de nosotros. Cuan egoístas y cuanto nos queda por aprender de nuestros modernos caballeros andantes.

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