Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 12, Opinión
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El Antipapa

Por Carmen Fernández / Viñeta: LaRataGris

Se ha escrito mucho sobre Papas y muchos de ellos también han escrito, sobre todo encíclicas (la Casti connubii trata sobre el matrimonio y la inmoralidad de los métodos anticonceptivos, la Etsi longissimo terrarum contra la independencia de América Latina, la Paenitentiam agere recomienda la penitencia interior y exterior). Epístolas, exhortaciones, bulas, cartas apostólicas… miles de documentos conminando al cristiano a llevar una vida de rectitud moral. Pero quienes sostienen el báculo pastoral, ¿son tan virtuosos como pretenden que sean las ovejas del rebaño? Los efluvios de los incensarios, la cera derramada, el hedor añejo de las reliquias, el barroquismo de los bronces o los mármoles berninianos no parecen ser suficientes para preservar al Sumo Pontífice de los aguijones mundanos. Decía Bernard Shaw que la virtud no consiste en abstenerse del vicio sino en no desearlo y mucho nos tememos que demasiados deseantes ocuparon la cátedra de Pedro a través de los tiempos. Unos caían en las tentaciones de la carne y otros en los pecados de avaricia, orgullo o ambición. Hubo un período bautizado como “gobierno romano de las cortesanas” o pornocracia donde las amantes papales tuvieron gran peso en las decisiones pontificias; existió también un Papa conocido como el Fornicario y otro pederasta (Sergio III); hay quienes pugnaban con los monarcas por el poder y otros incluso contra otros Papas (como sucedió a principios del siglo XV donde hasta tres pontífices se disputaban la autoridad en el llamado Cisma de Aviñón); Inocencio III promovió el exterminio de los cátaros; a Clemente V se le debe la supresión de la Orden del Temple y la ejecución en la hoguera de muchos cristianos, entre ellos el Gran Maestre de la Orden Jacques de Molay; Silvestre II fue conocido como el Papa Mago y se le conferían conocimientos cabalísticos y esotéricos; la leyenda (o no) de la Papisa Juana, una mujer que ocultando su condición fue Papa bajo la denominación de Benedicto III y que destacó por su sabiduría y su virtud, pero según se cuenta cometió el desliz de quedarse embarazada dando a luz en público y fue apedreada por la multitud, es por ello que se instauró desde entonces el ritual de la virilidad por el que el Papa electo es “palpado” por un eclesiástico a través de una silla perforada.

Hay tantas y tan truculentas historias vaticanas, que la llegada del Papa Francisco ha sido, no un soplo de aire fresco sino un auténtico tornado, un vendaval que ha logrado airear las ideas apolilladas y las sotanas añejas del Vaticano, una al menos manifiesta declaración de intenciones de acoplarse a tiempos presentes, de airear esa atmósfera rancia, intacta desde siglos, pestilente de silencios y ominosos secretos. La basílica bajo la cúpula de Miguel Ángel, templo del boato obsoleto, la ostentación y una pornográfica riqueza, un lugar donde el tiempo estaba fosilizado, parece palpitar lentamente, iniciando lo que podría significar el fin de la Iglesia, al menos de lo que hemos conocido hasta ahora. Jorge Mario Bergoglio es por eso un auténtico antipapa, un hombre que puede revolucionar y socavar una institución nacida para dar consuelo y ayuda a los oprimidos, los olvidados, los repudiados y que predica pobreza.

Las profecías de San Malaquías asocian a cada Papa con un lema. A Juan Pablo II se le atribuye “De labori solis” (del trabajo del sol) por su extensa labor y sus múltiples viajes, a Benedicto XVI “Gloria olivae” (la gloria del olivo) pues nació y fue bautizado el sábado de Gloria. Al papa Francisco se le asigna “Petrus Romanus”, del que se dice que “pacerá a su rebaño entre muchas tribulaciones, tras lo cual la ciudad de las siete colinas será destruida y el Juez Terrible juzgará al pueblo suyo”. Podría ser el Apocalipsis pero también podría ser una nueva oportunidad de demoler el templo corrupto y que no quede piedra sobre piedra.

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