Artsenal, Humor Gráfico, Número 13, Opinión, Xavier Latorre
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Borrascas ciudadanas

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Todos los males del mundo actual tienen ya su justificación plausible; menos si se te estropea el termo del agua caliente, el resto es achacable al cambio climático. Todos creemos en ese fenómeno, excepto unos pocos negacionistas que justamente –orbitando alrededor de un incrédulo Mariano Rajoy– ocupan los puestos claves desde donde se podría reducir el efecto invernadero ése, revertir las emisiones de CO2 a la atmósfera o impedir que la contaminación haga inhabitable este planeta. O sea que no se hace nada de nada. Y con la apocalíptica crisis económica en la que estamos sumidos, menos todavía. Todo está aparcado hasta que alcancemos la orilla de la recuperación económica que pese a los augurios preelectorales no se divisa y que debe estar aún, por desgracia, a varias manzanas de nuestros domicilios.

Si llueve en el pueblo de al lado y en el nuestro la tormenta pasa de largo, la culpa es del cambio climático. La sequía, el sabor de los melocotones tardíos, la amnistía de las edificaciones irregulares en el litoral, el tamaño de los atunes, la gota fría que está al caer, el dolor de cabeza, alguna guerra de más, el meteorólogo de turno, los incendios forestales descontrolados, la lluvia ácida, la derrota del Madrid, las plagas vegetales, la bajada de la prima de riesgo, los camiones cubas en algunos pueblos sin agua, las navidades sin nieve, los rescates a la banca, el pedrisco estival y los icebergs a la deriva,… todo proviene del dichoso clima revuelto. Con esa apostilla de ir por casa y dos o tres recetas tipo Soria (el ministro) nos podemos defender en cualquier tertulia espontánea de bar.

Estos señores del PP han dejado sin alas (sin aspas) a la industria eólica –puntera en el mundo– y, a mitad partido, han rebajado las primas a la energía solar, también referente internacional. Con estas medidas han conseguido hacer perder puestos de trabajo en la industria de las energías renovables, paralizar la investigación en el sector y retroceder en el ranking en este tipo de apuestas sostenibles. La única medida de ahorro energético seria que ha emprendido este gobierno, que deberíamos reciclar cuanto antes en algún contenedor de residuos tóxicos, es el brutal incremento experimentado por el recibo de la luz. Con la dichosa cantinela del déficit tarifario han equiparado la electricidad a un bien de lujo. El precio del kilovatio va a hacer que pronto tengamos que elegir entre cenar o ver la tele. Han logrado concienciarnos a base de injustificadas subidas estratosféricas. Los de Soria (la provincia) suspiran por un invierno suave, inusual y cálido, o sea, asequible, porque sus rentas y sus exiguas pagas no les alcanzan ni para calefacción ni para mantas. La pobreza energética se extiende

El gobierno del PP nos ha dejado a todos en la calle (parados), a la intemperie (desahuciados) y sin blanca (para pagar el rescate eléctrico o el gasístico). En muchos documentales nos cuentan, de la mano de algún experto científico, cómo una glaciación extinguió a los dinosaurios. Ahora mismo el enrarecido clima político, el calentamiento global de la población, está a punto de conseguir que algunos ejemplares de la fauna dirigente actual, como los viejos mamuts de Siberia, se vayan a evaporar para siempre. La gente, dice mi primo (el del pueblo), está muy quemada. Tenemos unos calentones que para qué. Motivos no nos faltan. Anuncian que un huracán ciudadano o una borrasca de inconformismo borrarán del mapa a algunos aprovechados con mando en plaza. ¡Habrá que esperar al veredicto del hombre del tiempo! Lo malo es que las predicciones de cambio a veces no se cumplen.

Mientras tanto, para paliar las altas temperaturas estivales me arrojaré una palangana de agua con cubitos a la cabeza que he visto en el telediario que se ha puesto de moda para mitigar la enésima ola de calor que nos invade. El personal por no encender el aire acondicionado es capaz incluso de colaborar de forma altruista con una ONG. Nos aclimatamos a todo, mira tú.

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