Humor Gráfico, LaRataGris, Número 9, Opinión, Rosa Palo
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La receta posmoderna

Por Rosa Palo / Viñeta: LaRataGris

Díganle a mi suegra que es tonta. Díganle, si tienen bemoles y un AK-47 para defenderse de la furia desatada de una gallega del Ferrol, que es una lerda, una ignoranta, una crédula. Díganle a una señora que lee como una posesa, ve los informativos y escucha la radio, que es una maruja porque durante un ratico al día se distrae echándole un ojo al “Sálvame” o al “Pronto”. Díganle a una octogenaria que sacó a cinco hijos adelante con un sueldo escaso y que las ha visto de todos los colores, que no conoce la naturaleza humana y que la engañan con la telebasura. Díganselo y, si sobreviven, ya me cuentan.

El intríngulis de la cuestión lo sacó a relucir, divinamente, Enric González en “El País”: “El mensaje de la actual estrella de la televisión viene a ser el siguiente: yo no me lo creo; usted, telespectador, sabe que no me lo creo; y yo sé que usted sabe que no me lo creo. Es un juego de estricta posmodernidad. Y es la base de lo que conocemos como telebasura”. Y mi suegra, que es más posmoderna que Paloma Chamorro, entra en el juego. Y yo también. Porque las reglas están claras: esto es lo que hacemos, carne para la picadora. Y las amas de casa sabemos que una no mete solomillo en la picadora, sino restos de carne. Y participamos del engaño, y nos reímos, y vemos cómo ellos se ríen mientras se devoran. Se ríen de sí mismos, de la profesión y de la madre que les (y nos) parió al tiempo que se lanzan dentelladas. Una suerte de canibalismo pandillero donde casi no hay víctimas colaterales, porque el ombliguismo es de tal calado que no les da tiempo a ir a por los de fuera. Ellos se guisan y ellos se comen.

Jorge Javier, convertido en una gran dama de la televisión (o en el Doctor Moreau, según se mire) lo mismo te habla con unas bolas tailandesas colgando de la solapa que le hace recitar a Kiko Hernández un poema de Jaime Gil de Biedma (“¿Jaime Gil de Vietnam?” dice el muchacho, “¡No, pedazo de burro, de BIEDMA!”). Hasta las señoras del público le ofrecen a sus hijos como novios: una le lleva una foto de su retoño. “Es conductor de autobuses en Ibiza”, “Ah, muy bien. ¿Pero es gay?”, pregunta Jorge Javier. “No, gay no es”. Pero da igual, que Jorge Javier es un partidazo y si uno tiene que hacerse gay para dar el braguetazo, pues se hace.

Alentados por el éxito y por lo barato de la fórmula, son muchos los programas que han querido copiar, subrepticiamente, la receta de “Sálvame”. Pero el problema reside en que no dejan claras las reglas del juego, ocultando bajo un barniz de información lo que no es más que opinión. Y opinión salvaje, que usan como arma arrojadiza para machacarse unos a otros, como si el oponente fuera una amante gataparda de Amador Mohedano. Me río yo de la vena de Patiño al lado de los aspavientos de Elisa Beni, de la sonrisa de medio lado de Inda, el bien planchao, más torticera que la de Kiko Hernández, o de los comentarios locos y bombásticos de Marhuenda. Entre los intensos con licenciatura y los frívolos inanes, me quedo con los últimos.

Puestos a extender la fórmula más que el uso del vinagre balsámico en los restaurantes de segunda, bien podían convertirla en franquicia: un “Sálvame” de escritores (a Sánchez Dragó le salió una cosa parecida con Arrabal y el “milenarismo va a llegar”, por ahí tenía que haber seguido), con Rafael Reig cargando contra Marías, “Marías está bien, es como la mortadela, que es nutritiva y barata y yo se la pongo a mi hija en el bocata. Lo que me jode es que me quieran vender la mortadela como si fuera el jamón serrano”, o Marías contra Trapiello, “cuanto sale de su pluma huele a zapatillas a cuadros y a casino de ciudad rancia”. Y la misma receta se puede adaptar al sector peliculero: si Cayetana Guillén Cuervo llevara a “Versión Española” a Carlos Boyero y a Pedro Almodóvar, verían ustedes si reflotábamos el cine español o no. Sólo con cambiar los insultos verduleros por otros improperios más elaborados, la basura se convierte en erudición. Y a ver quién es el guapo que dice que eso no es cultura.

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