Fran Sevilla, Humor Gráfico, Igepzio, Número 9, Opinión
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Gregor Samsa hubiese preferido despertar con una erección

Por Fran Sevilla / Viñeta: Igepzio

4 de julio de 2014, 8:00 A.M.: Al despertar tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa fue a la cocina a prepararse un café y encontró a su hija transformada en un horripilante monstruo. Le habían crecido dos protuberancias en forma de inmensos anillos de oro en los lóbulos de las orejas, su pelo era ahora rubio oxigenado cual vulgar actriz porno de los años 90 y no paraba de dirigirle miradas amenazantes dibujando morritos con unos labios henchidos por la silicona. Su hija se había transformado en Belén Esteban, ni siquiera en cucaracha. ¿Cómo había llegado a sufrir tan aberrante metamorfosis? Él que había sido partidario del método pedagógico de que criar un hijo es como criar una planta, la vas regando de vez en cuando y crece sola. Colocando, eso sí, una serie de estímulos al azar, como una lista de variopintos clásicos de la literatura en la biblioteca de su salón, que iba del Marqués de Sade a David Foster Wallace, por si la curiosidad y libre albedrío de ella, valores de los que era un firme defensor, hacían que un día le diese por abrirlos, trayendo al mundo a una nueva artista conceptual. Lo que no esperaba encontrar Gregor Samsa en su cocina era a Belén Esteban, ¿no podía haberse despertado mejor con una erección mañanera, como Dios manda?

11 de septiembre de 1981, 6:00 P.M.: Vemos a Gregor Samsa con 5 años tirado en el suelo, jugando a construir una bomba atómica con las piezas de su LEGO, mientras su madre, sentada en el sofá, pasa con unas manos cortadas de lavar la ropa en una pila, ya que en casa estaban ahorrando para una lavadora, las páginas de una revista del corazón. Entonces existía un cierto glamour en la prensa rosa, que se dirigía a mujeres como su madre, de una segunda generación de españoles que habían emigrado de un medio rural a la ciudad buscando prosperar económicamente. En esas revistas se mostraba a gente refinada que vestía elegantemente, con pieles muy bronceadas, pertenecientes a una clase alta de la sociedad. Vidas ajenas que su madre soñaba vivir mientras ahorraba para la lavadora. Cuando aún existía una cierta dignidad entre la clase obrera de querer ver a los hijos alcanzando la universidad. Porque aunque los padres de Gregor Samsa no pudieron ir a la escuela, en su casa nunca faltaron libros. Pues sabían que sólo a través de la formación y la cultura podría él alcanzar una piel tan bronceada y vestir una ropa tan elegante como la de los señoritos que posaban en la prensa rosa, dentro de sus inmensas mansiones.

13 de marzo de 1997, 22:00 P.M.: Para conmemorar su primer año en Moncloa, José María Aznar inicia un proyecto piloto en las televisiones autonómicas que controla destinado a despojar de su dignidad a la clase obrera a la que Gregor Samsa había pertenecido con orgullo. Tómbola se estrena en Canal Nou con gran éxito de audiencia, siendo toda una celebración del aznarismo y la cultura levantina del pelotazo que para poder ser importada al resto de España necesitaba de urgentes medidas de analfabetización de la sociedad. A la madre de Gregor Samsa que venía de un mundo de prensa rosa glamourosa no le gustaba Tómbola, pues decía que ahí sólo salía gente ordinaria que gritaba mucho. Pero daba igual, el mal ya estaba hecho y el resto de cadenas fueron implantando esa fórmula hasta que todas las madres y sus hijos de clase obrera no pudieron ver otra cosa en televisión pues era lo único que emitían a todas horas. Gregor Samsa que seguía creyendo en el libre albedrío nunca lo criticó, le bastaba con no encender un televisor. Pero también daba igual, ya que las formas y maneras de esa nueva troupe de chulo putas de piscina y dependientas de mercadillo empezaban a ser imitadas por los jóvenes. La mitad preparando castings para Gran Hermano, la otra mitad subida a un andamio para pagarse el BMW y la coca, pues la clase obrera dejó de comprar libros y de enviar a sus hijos a la universidad. Llegando un momento en que Gregor Samsa ya no necesitaba encender un televisor, tenía la prensa rosa metida en cada bar y calle de su ciudad, y daba igual cuántos libros hubiese regalado a su hija, ya que como por principios, pues él era comunista, quiso matricularla en la escuela pública, los referentes de ella fueron sus compañeros de clase de madres también belénestebanizadas más las horas de televisión que veía mientras él trabajaba.

4 de julio de 2014, 8:30 A.M.: Consternado tras ver a su hija transformarse en Belén Esteban, Gregor Samsa sólo ve tres posibles soluciones. Una, viajar en una máquina del tiempo y descerrajar de un tiro a Mariñas antes de que llegue a aparecer en televisión, pero las máquinas del tiempo aún no se habían inventado. La segunda, matar a su hija, para que no sufra, ganando un cuarto de baño con perdón. Pero como tampoco podía evitar sentir una punzada de mala conciencia pensando que quizá cometió algún error en su educación, y que quizá jardinería y pedagogía no tengan mucho que ver, opta por una tercera vía. Y aprieta el gatillo de la pistola para suicidarse tras apurar una última calada al cigarro. Porque fumar mata, pero no más que un calibre 45 mm. Dejándole España para que vivan en ella, infelizmente, a los españoles.

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