Fran Sevilla, Humor Gráfico, Igepzio, Número 10, Opinión
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Facebook, bukkakes y el negro que conocí en el chat

Por Fran Sevilla / Viñeta: Igepzio

Sorprende la memez con que los medios de comunicación españoles, siempre con su lenguaje aséptico, imbuido de una falsa objetividad y donde la impronta literaria dio paso a anodinas notas de prensa dictadas por grandes corporaciones, gobiernos o partidos, pudieron abordar la implantación de internet en España.

Porque internet ha sido un avance tecnológico más en la historia de la humanidad, como pudieron serlo antes el vapor o la dinamita que vinieron a cambiar la ordenación del siglo XIX. Hoy ya es parte de nuestras vidas cotidianas, se ha integrado en nuestros usos y costumbres, aunque muchos de esos medios de comunicación nos sigan hablando de un ente indeterminado y revestido en el anonimato que vienen a ser los internautas.

Pero internet no existe, internet son vuestros padres, si acaso haciéndose una paja, porque si existía algún riesgo de que una parte de la sociedad quedase descolgada tecnológicamente, ahí llegaron los vídeos porno al rescate, para que señores mayores que decían no saber manejar un ordenador, no fuese que en su empresas los pusiesen a trabajar hasta tarde en aburridas hojas de cálculo, y que pedían a sus hijos que les hiciesen la declaración de la renta online porque ellos no sabían abrir ventanas de esas, de repente regresabas un sábado por la noche con unos whiskies de más y los encontrabas aún despiertos, su silueta iluminada en la oscuridad por el halo de luz de un monitor. Y te decían, ah, ya has llegado, me voy a dormir. Entrabas entonces en el historial de navegación web de su última sesión, por sitios como YouPorn y Xvideos, y te dabas cuenta de que tu padre ya sabía desenvolverse en el nuevo argot tecnológico de bukkakes, facebook, cumshots, twitter, cookies y lluvia dorada. Y llegabas al día siguiente a casa de tu madre, habitualmente en bata de casa, encontrándola peleteada con un abrigo pomposo y dispuesta a salir con un negro que te dice que había conocido en un chat, el cual intuyes que debe tener una polla enorme. Porque internet ya no eran ni serán nunca los internautas, es el conjunto de la ciudadanía, pazguatos y cebrianes.

Muy especialmente siguen los medios refiriéndose a los internautas cuando se trata de hablar de las descargas alegales, y digo alegales porque en España aún no existe un solo gobierno que haya sabido adaptar la ley de propiedad intelectual al uso real que hace la sociedad de la tecnología. Y si preguntas a esa sociedad, es decir, a los españoles, todos te dirán que la cultura ha de ser gratuita en internet, porque ah, qué grandes ideales son el arte, la cultura y cuan necesarios para el aliento espiritual. Todos sabemos que España nunca ha sido un país en donde se valore especialmente la propiedad intelectual, ya desde los tiempos de Cervantes y el Quijote apócrifo de Avellaneda. Pero primero, sería discutible que la última película de Transformers que descarga la gente sea un bien artístico y no un objeto de consumo industrial. Segundo, si defienden que la cultura ha de ser gratuita, ¿por qué están todos los wifis de mi vecindario protegidos con contraseña? Y tercero, el punto más importante, pagamos nuestras conexiones de internet al precio del petróleo a empresas de telecomunicaciones como Telefónica, que luego patrocinarán o fundarán los medios de comunicación donde se nos hablará de los internautas como algo que no nos incluye a todos. Es decir, amigos filólogos, humanistas, escritores, cineastas o músicos, un ejército de vampiros, vampiros ingenieros, vino a robar el pan de vuestros hijos. Porque el dinero sólo ha cambiado de manos y lo que antes gastaba la gente en alimentarse de cultura ahora se lo pagan a una empresa de telefonía. Y ellos en su publicidad, como en aquel perverso anuncio de Ono lleno de gente muy feliz descargando música, han hecho ver que no es algo inmoral. Porque esas webs alegales desde las que descargan vuestras obras están gestionadas por ingenieros informáticos que se embolsan una cantidad indecente de dinero al mes a través de publicidad mientras se llenan la boca con palabras como altruismo. Y sobre todo porque, súmmum de todas las contradicciones, en España desde hace décadas se viene ofreciendo cultura gratuita y además remunerada para los autores en una red de bibliotecas públicas que ya nadie visita.

Pienso que ya va siendo hora de sacar nuestras estacas y acabar con esos vampiros que chupan nuestra sangre, se quedan con nuestro dinero y beben nuestro whisky. No digo que la cultura deba dejar de ser gratuita o al menos tener un precio asumible, subvencionándola con un dinero que en caso de ser público, tiene que dejar de ser gestionado por entidades privadas y corruptas como la SGAE. Cualquier debate serio debe partir de ahí. Lo que digo es que además, deben existir leyes que impidan que el fruto de nuestro trabajo y esfuerzo vaya a parar a directivos de Telefónica como Zaplana, o peor todavía, al gordito de Megaupload que enlaza tu última obra desde una web llena de banners porno. Donde en uno de ellos, perteneciente a un sitio de sexo amateur, encuentras a tu madre con el negro que conoció en el chat. Y efectivamente, tenía una polla enorme. Porque internet también vino para llenar nuestras vidas de hedonismo y felicidad.

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