Humor Gráfico, Joaquín Aldeguer, Número 9, Opinión, Tonino Guitián
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El encanto del misterio

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

Hasta hace unos años, el chisme de la prensa rosa solo tenía la pretensión de satisfacer la curiosidad del público acerca de los rumores que circulaban por las capitales sobre personajes inalcanzables. Una foto de Raphael con Natalia junto a su primer hijo aseguraba, por las expresiones de género intercambiadas, que aquel matrimonio simbiótico podría durar eternamente porque iba más allá del amor. Abría el campo de lo que la gente no podía, con todas sus fuerzas, entender. El pudor oficial refrenaba a los redactores y el resto de las habladurías, que se dejaban en manos de los lectores. No fue hasta aquel mítico programa de las niñas de Alcàsser cuando Nieves Herrero abrió las puertas a la impudicia. Metiendo el dedo en las llagas más purulentas dio a todos los periodistas de la época una lección de cómo se conseguía una audiencia a la americana, liberalizando la moral española hasta grados que no se habían visto desde la Roma imperial. El resultado se materializa, en este siglo de la decadencia, en extrañas mutaciones tipo Marvel de sub-personajes sin importancia, como el matrimonio Alaska/Mario, para el cual no son necesarios ni redactores ni fotógrafos, pues son ellos mismos quienes conducen al cotilla por los laberintos del realismo, provocando nuevas conjeturas y misterios. No todo puede resumirse a la improbable historia de Anastasia Romanov, al montaje del viaje a la Luna o la muerte de Lady Diana. También la gente corriente merece nuestra atención. Conozco a mucha gente inteligente a la que le encanta chismorrear sobre asuntos poco conocidos y sin embargo influyentes en nuestra vida diaria. Desde los lazos familiares de nuestros políticos –y sus relevantes asuntos económicos en la sombra– hasta curiosidades difíciles de evitar como las prácticas amorosas entre personas de muy distinta personalidad y físico. Nos parece una gran experiencia ser testigos de algo que nadie sabe y haber estado allí, aunque sea en un retrete donde un miembro de una familia bien daba rienda suelta a algún placer oculto, aunque en esos casos uno siempre coincide ahí de pura casualidad. También ocurre cuando uno frecuenta a filósofos, científicos, criminalistas y jueces, todo se rodea de conjeturas interesantes. Yo he asistido al nacimiento de innumerables chismorreos e incluso he sido su creador. En una ocasión observé cómo una persona muy tranquila de la redacción aderezaba las patatas fritas de la misma forma extravagante que un conocido periodista de la televisión en cuyo equipo trabajaba, echándoles un chorrito de vinagre encima. La observación fue tomada en gran consideración y aquello provocó todos los trámites para comprobarlo, hasta que se confirmó con interrogatorios tangenciales y confidencias intercambiadas con aquella persona a la que nadie había hecho hasta entonces tanto caso. Es una historia curiosa y triste al mismo tiempo. No es necesario que uno se líe con alguien famoso para tomarle en consideración y preguntarle por sus sentimientos, si se siente muy solo o si le apetece charlar sobre cómo discurre su vida, del mismo modo que no es necesario que existan los fantasmas o los marcianos para preguntarnos sobre qué circunstancias rodean el misterio de la muerte y la vida. Lo que sí podemos darnos cuenta es que las personas no han mejorado con los avances de la comunicación y su inmediatez, y que el periodismo no está para ayudarnos sino para separarnos a base de convertir a los demás en seres fantásticos e irreales. Pero a algunos de nosotros se nos ofrece la posibilidad de mejorar preguntándonos sobre lo que hay dentro de las personas que no conocemos. Incluso por lo que pasa dentro de la cabeza de Ana Rosa Quintana. Y mejor aún, extrañándonos de lo notamos dentro de nosotros mismos y nos sabemos explicarnos bien. Si Ana Rosa hiciera caso de esa voz que todos tenemos dentro y que nos dice que es mejor confesar que hacerse una imagen, por muy bonita que sea, un día nos daría la mejor noticia de su vida. Y seguro que sacaba el doble de audiencia.

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