Editoriales, Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 9
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El éxito y la zafiedad

Viñetas: Luis Sánchez

Gurb

Editorial

4 de julio de 2014. Desde comienzos de los años 90, la telebasura viene ocupando cada vez más espacios en la televisión española en un fenómeno que aún sorprende a los expertos en comunicación: lo que habitualmente se considera telebasura ocupa un lugar destacado de la programación, a pesar del desagrado mostrado por un importante sector de la población. Sálvame, Sálvame Deluxe, Mujeres y Hombres y Viceversa, Supervivientes, Gran Hermano son programas que arrastran audiencias masivas sin que aún sepamos explicar muy bien por qué espacios tan zafios y faltos de talento atrapan tanto a los espectadores. El asunto ha llegado, incluso, al debate académico con dos libros significativos: Telebasura y democracia (2002), del filósofo Gustavo Bueno, y Telebasura y periodismo (2004) del periodista y catedrático Carlos Elías. En este último, Elías critica a los periodistas de prestigio que se pasan “al lado oscuro” de la telebasura para dotarla de prestigio ante la opinión pública y para confundir periodismo con espectáculo. Considera que las televisiones pagan a estos periodistas telebasureros “sumas astronómicas de dinero con el que compran su deontología profesional”.

Según un estudio publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas en junio de 2010, siete de cada diez españoles consideraban que la programación de la televisión tenía poca o ninguna calidad. Uno de los canales más criticados es habitualmente Telecinco y su magacín estrella, Sálvame, cuyos contenidos han originado que distintas asociaciones de usuarios hayan solicitado su retirada de la programación. Una de las quejas más comunes en España sobre este tipo de televisión es el elevado porcentaje de programas basura que se emiten a diario, lo que perjudica la emisión de espacios con contenidos de mayor calidad. A pesar de que el término suele ser relacionado directamente con la prensa del corazón, la crítica ha identificado también como telebasura los programas de telerrealidad como Gran Hermano o Supervivientes, los talk-show como El diario de Patricia o A tu lado, e incluso en el apartado de ficción los populares culebrones.

Según el Consejo del Audiovisual de Cataluña, podríamos definir la telebasura como el conjunto de programas en los que confluyen “la vulneración de derechos fundamentales, la falta de consideración hacia los valores democráticos o cívicos, como por ejemplo, el desprecio de la dignidad que toda persona merece, el poco o ningún respeto a la vida privada o a la intimidad de las personas o la utilización de un lenguaje chillón, grosero e impúdico”.

Todo esto se lleva a cabo con la intención de convertir en espectáculo la vida de determinados personajes que, generalmente, “se prestan a ser manipulados a cambio de la celebridad que les da la televisión o a cambio de contraprestaciones económicas”. Por su parte, la Asociación de Usuarios de la Comunicación define la telebasura en España como cualquier espacio, sea cual sea su género (magacines y reality shows principalmente, pero también concursos e incluso debates), “en el que prima el mal gusto, lo escandaloso, el enfrentamiento personal, el insulto y la denigración de los participantes y la agresión a la intimidad (es decir, la invasión de la intimidad de los que participan pero, sobre todo, la imposición a los espectadores de la intimidad de los que participan)”. Sin duda, espacios denigrantes como Sálvame (en los que se trata de arruinar la vida privada de los famosos, en los que la trifulca, la agresividad y la violencia verbal son moneda de uso común y en los que la falta de talento e imaginación, así como la estulticia de sus personajes colaboradores lucen sin rubor bajo los focos), deberían ser eliminados o al menos reducidos a una franja horaria menor, como ocurre de madrugada con los programas sobre videncia y tarots o la telecompra.

Se puede y se debe hacer una televisión de calidad que entretenga, informe y proporcione algo de cultura, aunque ya sabemos que muchas veces lo mejor que se puede hacer con la televisión es apagarla. Los organismos públicos encargados de velar por que se cumpla la ley en la televisión hacen caso omiso a las denuncias lógicas de los espectadores que ven cómo contenidos zafios se potencian en las parrillas televisivas incluso en horario infantil. No se trata de volver a La Clave de Balbín, somos conscientes de que la televisión ha evolucionado de forma espectacular desde aquellos primeros programas en blanco y negro de la Transición, pero de alguna manera se deberían controlar y sancionar espectáculos chabacanos que a veces contemplamos en la pantalla no sin estupor. Las televisiones privadas, en su desquiciada carrera por lograr las mayores cotas de audiencia, son capaces de lanzar productos televisivos de bajísima calidad, sin ninguna imaginación ni talento que los avale, en una falta absoluta de respeto hacia los telespectadores. Urge que las autoridades competentes regulen la orgía de charcutería barata en la que a menudo entran las cadenas simplemente por lograr un pedazo más de share o cuota de pantalla. El lema diabólico sigue siendo “todo por la audiencia” y en nombre de esa disparatada guerra diaria se cometen auténticos dislates televisivos que siempre quedan impunes. Es el caso de Adán y Eva, un nuevo reality en el que los participantes contarán sus miserias mientras andan en cueros, con las posaderas al aire, todo el rato. Sin comentarios.

Ilustración: Luis Sánchez

Ilustración: Luis Sánchez

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