Artsenal, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 10, Opinión
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Ciencia Ficción y Redes Sociales

Por Ecto Plasta / Ilustración: Artsenal

Si echamos la vista atrás y hacemos un poco de memoria nos daremos cuenta de que ninguno de los clásicos de la ciencia ficción ha acertado mucho en lo que al futuro (nuestro presente) se refiere. La literatura fantástica está plagada de apocalípticos futuros (quizá esto sea lo más acertado) o de futuros llenos de viajes espaciales y conquistas interplanetarias. Un futuro alternativo comprobable es el que Robert Zemeckis predijo para el 2015 en su película Regreso al Futuro II. Es gracioso ver hoy esos coches voladores y esas ropas extravagantes…

Sin embargo en todos estos futuros alternativos, en toda esta cantidad de imaginación desbordante hay un par de autores (seguramente muchos más, pero mi cultura en este género es un poco limitada) que fueron capaces de atisbar ciertos comportamientos que se reproducirían en un futuro quizá no muy lejano. Y es que George Orwell con su obra 1984 e Isaac Asimov a través de la saga de la Fundación basada en la Psicohistoria dieron con un futuro posible y no tan ficticio como nos pudiera parecer.

Quizá alguien se pregunte cómo puede ser esto posible, pero lo es, lo está siendo. El Gran Hermano y la Psicohistoria se juntan en nuestro actual siglo de la mano de las redes sociales. No tenemos un futuro demasiado apocalíptico, ni tenemos viajes por el espacio, ni conquistamos planetas, pero nuestra vida, nuestros gustos, lo que pensamos y lo que hacemos está siendo registrado en grandes bases de datos y servidores que analizan y gestionan toda esa información para ser vendida al mejor postor. Lo increíble y lo mejor de nuestro sistema es que somos nosotros mismos los que hacemos esta labor sin ningún tipo de coacción. Somos adictos a las redes sociales y al móvil, que se ha convertido en un imprescindible en nuestra vida. Contar dónde estamos, qué comemos, con quién y dónde es una nueva forma de vida.

Mientras tanto, Facebook y Google (sobre todo) y también Twitter recopilan cientos, miles, millones de datos, de estadísticas que analizan y entrelazan para saber cómo reaccionará la gente, qué es lo que le gustará y cuál será la campaña publicitaria más adecuada para llegar a cierto sector de edad. Dicen que Obama ganó las últimas elecciones gracias a una serie de personas que analizaron las reacciones de los votantes a través de las redes sociales y me lo creo. Estoy seguro de que es totalmente cierto y sinceramente me asusta.

La Psicohistoria de Asimov y el Gran Hermano de Orwell se dan la mano formando una única unidad que nosotros mismos alimentamos. Evidentemente no todo ha de ser malo y la contrapartida es una conexión continua con personas que están lejos, que viven fuera. La posibilidad de estar informados casi en tiempo real de lo que sucede en cualquier parte del mundo, suponiendo que esa información sea veraz… Algunas de las protestas y movimientos ciudadanos actuales han surgido en esas mismas redes sociales ofreciendo la posibilidad de lo que hoy llamamos viralidad.

A pesar de todo esto, si uno es de los que ve el vaso medio vacío podría pensar que todos estos movimientos sociales, que todas estas protestas se quedan en la mayoría de los casos dentro de las propias redes y que las que salen lo hacen de forma muy controlada. El libre albedrío cada vez es menos libre y nosotros cada vez somos menos individuales (en el buen sentido de la palabra). El pensamiento cada vez es menos único y más global. Necesitamos más genialidad y menos globalidad.

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