Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 10, Opinión
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Avatares enredados

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Andrés tiene cientos de discos, clásicos del pop y el rock, grandes éxitos, incunables olvidados y recopilatorios de artistas desconocidos. Su colección aumenta cada día, y cada día le quedan menos para disfrutarlos. Aprovecha las noches para conectarse a Internet y bajarse sus nuevos objetivos: recomendaciones de amigos, cosas que escucha en la radio o trabajos incluidos en las habituales listas de “Lo mejor del año…”. Comparte las canciones en Spotify y Facebook. Sus amigos le alaban el gusto y le felicitan por lo que bien que suenan. Andrés se fía de ellos y se autoconvence de que algún día los escuchará. No tiene tiempo y le falta criterio para distinguir el grano de la paja: se ha hecho con la discografía completa de los Rolling Stones en cuatro horas pero no sabe quién es Neil Young; le suena A hard day’s night pero cree que el Revólver de los Beatles es el nombre artístico de ese valenciano que mataría por ser Bruce Springsteen. Un día le preguntaron si le gustaban los Who y contestó: “What? When?”.

A Nacho siempre le atrajo la fotografía pero conocer sus secretos se le hacía cuesta arriba: demasiados controles, muchos ajustes. La llegada de los móviles con cámaras potables le abrió un mundo nuevo. Ahora es una autoridad de los ‘selfies’, esa especie de masturbación fotográfica, onanismo con objetivo, que inunda las redes pero de momento aún no se ha quedado enredada. Su cuenta de Instagram tiene miles de devotos seguidores que inundan con comentarios y emoticonos cada imagen que cuelga. Le han llegado a entrevistar en blogs de tendencias y cultura urbana pero, a fuerza de que no le creyeran, ya nunca explica sus inicios: lo que él quería era fotografiar paisajes y monumentos, pero cualquiera se equivoca de botón. Aquella vez le pasó a él.

Twitter tiene muchas utilidades. Estoy convencido de que algún día nos las explicarán. De momento sirve para que tus seguidores hagan tu diario en vez del suyo propio. “Qué maravilla de amanecer. Me quedaría mirando abobada por la ventana”, a las 7 horas; “Y después de una mañana muy movida, a reponer fuerzas con una ensalada” (14.12 horas); “Coffee con amigas. Sois lo más, chicas” (17.22 horas)… y así hasta el hartazgo, concretado en ese clásico y bobo “Twitter off” con que a las 23.58 se despide la jornada. Lucía retransmite su día a día con denuedo y entrega. Quienes de verdad le quieren albergan la esperanza de que su “timeline” no sea tal cual la radiografía de su vida. A lo mejor, confían, lo que de verdad importa se lo queda para ella.

Coleccionar amigos y amigas en Facebook es el afán de Ángel. Tiene casi 800. Acepta a todo el mundo que le pide salir a dar una vuelta por la red. Incluso a los que en el colegio le hacían la vida imposible. También al jefe que le despidió. Cada nuevo contacto le reactiva una tonta sensación de felicidad. No los ve, no los escucha y no los toca. Y eso que su mano derecha está bien adiestrada por la fuerza de la costumbre.

Conozco perfectamente a Andrés, Nacho, Lucía y Ángel. Son mis avatares. Buenas personas todas ellas. Tengo cuenta en Facebook, Twitter, Instagram, Hipstamatic, Pocket, Evernote y no sé qué más.

En todas las redes excepto en Tuenti; siempre he tenido mucho respeto a la Fiscalía de Menores. Soy sincero pero no esperéis de mí coherencia: estudié Bachillerato de ciencias puras como paso previo a la Facultad de Derecho y luego trabajé 15 años en prensa antes de servir cafés y carajillos.

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