Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 10, Opinión
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Asepsia y evasión

Por Carmen Fernández / Ilustración: LaRataGris

Esto de las nuevas tecnologías está muy bien: información global a golpe de tecla, comunicación rápida e inmediata, más de diez mil amigos, ocio, cibersexo, noticias, reencuentros, videojuegos, difusión casi galáctica, realidad virtual. Pero, ¿ha cambiado tanto nuestra vida? Sí. En pocas décadas la evolución (revolución) tecnológica ha provocado cambios tan profundos en algunas sociedades y de una forma tan silenciosa que apenas se ha notado. Quizás sin saberlo, nos hemos convertido ya en homo-tecnologicus. Vivimos rodeados de máquinas, las alimentamos, las cuidamos, las necesitamos, les dedicamos nuestro tiempo y hemos volcado en ellas nuestras necesidades y deseos. A cambio de tanto mimo ellas nos proporcionan lo mejor y peor que tienen: asepsia y evasión.

Las máquinas nos han enseñado su idioma. Hashtag, apps, etiquetas, plugins, post, blogs, trols, memes, #loquemola, ola ke ase, salu2, :D, ;). La lingüística cibernética es el método de comunicación más usado por los jóvenes y a veces el único −que Santa Tecla nos pille confesados− y un tuit (de 140 caracteres) vale más que mil palabras. En esta era digital los textos son concisos, sin perifrásticas reflexiones, sin belleza adjetivada, sin emociones porque los estados de ánimo se reflejan con emoticonos (caras amarillas que guiñan un ojo o sacan la lengua a lo Miley Cyrus con hepatitis). Esos artilugios diabólicos nos han inoculado su sentido pragmático de la existencia y han ido desterrando actitudes tan humanas como la prudencia o el deseo de intimidad –“zona espiritual reservada a una persona o grupo”, qué bonito lo dice la RAE−. ¿Se imaginan mientras esperan a cruzar la calle girarse al peatón contiguo y arrojarle un “me llamo Analía Bautista, tengo una relación especial con Juan Antonio Rangel y un bebé, mira la foto, acabo de hacer garbanzos, lo cuelgo en instagram, cómo me han salido, y voy a veranear a Benidorm hasta el diez de agosto, aquí foto de mi boda? Y lo mismo al panadero, al vecino malencarado, a un chino ingeniero aeroespacial. A ver cuántos seguidores consiguen, como mucho un policía y un psicólogo argentino. Pero asómense a la ventana virtual y satisfagan todos sus deseos chismorreicos. Vivan otras vidas en lugar de la suya. (¿Tú tienes vida? Pues cómprate una vida, que decía la folclórica; y con un precio módico de ADSL se pueden comprar miles). Atrapados en las redes como arenques. Asepsia y evasión.

La profilaxis tecnológica que nos rodea ha convertido el placer en algo puramente visual renunciando al resto de sentidos. La lectura, el sexo o una experiencia lúdica ya no se disfrutan con el olfato, el gusto o el tacto. Los mundos virtuales nos ofrecen goces sintéticos y superficiales pero seguros, sin riesgos (se me cuela la imagen del “orgasmatrón” del genial Woody Allen). Sentimientos esterilizados. Alguien dijo que el hombre a quien el dolor no educó, siempre será un niño. Y ese camino llevamos. Asepsia y evasión. Son los riesgos de la era digital, cuando la tecnología es usada como arma y no como instrumento.

¿Cuál será la evolución natural del homo-tegnologicus? ¿Una prótesis telefónica donde antes existía una mano izquierda? ¿Córneas proyectando haces de rayos catódicos? ¿Bocas, narices y orejas atrofiadas?

Yo lo único que veo claro es que en este mundo digital, cada vez tengo el hardware más software y el software más hardware (que decía el gran Forges).

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