Dani García, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 5, Opinión
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The Abdication

Por Ecto Plasta / Ilustración: Dani García-Nieto

Nuestro Rey, el Monarca, el Jefe del Estado, nuestro Campechano preferido ha abdicado y, en un país en el que no dimite ni el más corrupto de los políticos, debería ser algo a tener en cuenta. Sin embargo, qué poco valor tiene una de las más deseadas dimisiones (permítanme la hipérbole) de cuantas hay por hacer. Y vale poco porque en realidad nada cambia, todo permanecerá igual. Hay quien dice que tendremos un rey más moderno, mucho más preparado, pero… ¿y qué importa eso? ¿Es necesario en el siglo XXI una monarquía que no hace nada (que no me hablen de la diplomacia y demás cuestiones) y a la que últimamente se le está viendo el plumero más de lo debido? Seguirá siendo, al fin y al cabo, una persona elegida por la gracia de Dios, o mejor dicho por la de Franco (antes éramos republicanos) no por la gente. Deberíamos tener por lo menos el derecho a decidir. Pero bueno, Rajoy imagino que estará alegre y gozoso de que semejante evento haya sucedido durante su mandato, qué gran honor, y para todo lo demás Mastercard. En definitiva, una persona elegida por intercesión divina no puede estar acorde con los tiempos. ¿Volverá Rouco de su retiro? Todo es posible.

Y no sólo no valdrá de nada o de bien poco sino que se antoja a destiempo, o muy a tiempo, según se mire. ¿Habrán precipitado las decisiones las elecciones europeas? ¿Querrá asegurar el cargo de su hijo ahora que el PP gobierna con absoluta y despótica autoridad (muy monárquico por otra parte) y que Rubalcaba da sus últimos coletazos en el PSOE?

Mientras escribo esto, una vocecita en mi cabeza me recuerda el papel del Rey en la Transición. Transición y 23F pesan mucho, aún hoy, en esta España acomplejada, y si no que se lo digan a Évole y su controvertida broma televisiva. Pero nadie, ni siquiera alguien con sangre azul puede vivir de esa renta durante 40 años. Parece que fue su decisión estar del lado de la Democracia cuando realmente era su obligación. Hay cosas que van en el cargo ¿o no?

Va siendo hora, por tanto, de cerrar ese periodo que justifica tantas cosas en este país. Que justifica una monarquía, que justifica una derecha con ínfulas falangistas, que justifica una memoria histórica que no es tal, una Constitución que parece que ya no representa a nadie y que sólo puede ser modificada (exprés) para calmar a los poderes económicos europeos, ni siquiera españoles y mira que eso es triste.

Sin embargo, nada de eso cambiará. Seguiremos siendo monárquicos, apostólicos y romanos y habrá que esperar otros tantos años para ver si la sangre azul de este país se va con su canción a otra parte o por lo menos deja libre la vacante.

Nos queda el consuelo de ver a un mayor de 45 años encontrar trabajo. Quizá cunda el ejemplo entre los empresarios españoles y empiecen a contratar a MASP (maduros aunque sobradamente preparados). No, no va a cundir, seguirán contratando poco, mal y por poco dinero.

De todas formas no quiero acabar esta reflexión (si es que llega a tanto) sin ver el lado positivo. Hay que ser positivo, está muy de moda. ¿Qué me dicen de esos discursos navideños? ¿Se lo imaginan? Casado como está con Letizia (recuerden con ‘zeta’ como Catherine) ¿quién mejor para leer del teleprompter? Con el ritmo justo, de forma amena, cuidada sonrisa y perfecta dicción. ¿Se imaginan que incluso sea la propia Reina (la futura, no la de ahora) la que lea el discurso? Qué bonita manera de abrazar la modernidad, de dar un paso al frente y un golpe en la mesa por la igualdad. Ya lo estoy viendo, portada en todos los periódicos a nivel mundial: “La ‘moderna’ monarquía española, ejemplar e intachable (o casi), aboga por la igualdad”. Aunque esto de la igualdad, lo mismo, estoy pensando, mejor dejarlo, no vaya a ser que algún juez lo tome por lo que no es y trinque al cuñadísimo y a su enamoradísima y ciega de amor hermana. Eso sí que es herencia recibida y no lo de Zapatero.

Por suerte para mí, pasé a mejor vida hace mucho tiempo y en el purgatorio somos muy de anarquía para todo.

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