Humor Gráfico, Joaquín Aldeguer, Número 7, Opinión, Tonino Guitián
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Ten, Yen, Hen

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

Todo el mundo debería saber que en chino “Ni chi le ma” significa “¿Has comido arroz?”, y que no es una pregunta directa, sino el preludio de una conversación. Nosotros usamos con la misma intención el “¿Qué tal?” y sólo significa que utilizamos conjunciones adverbiales sin verbo por mera costumbre.

He asistido a innumerables confusiones cuando dos culturas se encuentran frente a frente. Si colocamos en una habitación a un portugués, un marroquí, un francés y un español comprobaremos cómo saltan chispas al poco tiempo. No es solo por una cuestión idiomática, es porque las costumbres de los demás, hasta las del pueblo de al lado, nos parecen inconcebibles y arbitrarias.

Con países más remotos, como China, los estereotipos se petrifican en nuestros rudimentarios conocimientos. Con retener que la Gran Muralla se puede ver desde el espacio porque nos salió en una tarjeta amarilla de Trivial nos sentimos más que satisfechos. Sabemos que para comer, en vez de cubiertos, utilizan palillos que consideramos poco prácticos: aunque conocemos la fábula de la cigüeña y el zorro no nos fijamos en que ellos los usan en cómodos cuencos en vez de en platos llanos. Muchos regresan amargados de su viaje a China, porque cuando esperan ser recibidos como honolables extlanjelos se dan cuenta de que nadie les mira siquiera a la cara, que es manera en la que en gran parte del Lejano Oriente se demuestra el respeto y la consideración. A nosotros nos parece de un gran esfuerzo pero los chinos llevan siglos intentando entenderse entre sus millones de compatriotas. Hasta el punto de que han inventado un idioma chino oficial, idea que en Europa produce risa y recibe el nombre de esperanto porque lleva años “esperanto” que se lleve a la práctica. Pero de alguna manera los chinos se comprenden entre ellos de la misma manera que cuando tú pones el pie en un bar ya sabes quién es la chica ligable, el camarero que te va a incordiar, el borracho que te pedirá que le invites y el tipo con el que acabarás cantando Asunción. Y si se comprenden entre ellos no hay motivo por el que no podamos entender sus pensamientos. El verdadero problema es que su forma de pensar nunca nos ha importado porque siempre han sido invisibles, serviles y baratos. Ahora que tienen dinero, ya nos pica más la curiosidad. Y a ellos les importamos lo mismo que nos importaban a nosotros y por los mismos motivos, no hay de qué asombrarse. Ellos, que son maestros de ciertos formalismos sociales, de la etiqueta estricta, del pragmatismo y enloquecidos por la prosperidad, tienen una fórmula que resuelve todos sus problemas. Consiste en tres palabras: ten, yen, hen, que significan aguarda, evita, ataca. Han estado aguardando mucho tiempo a su momento, han evitado conflictos con nosotros por todos los medios, ahora llega una nueva fase. Nosotros seguiremos con nuestra vieja táctica de improvisar y no comprender nada que no sea lo nuestro. Respecto a ese terrible “lo nuestro” confrontado a la cultura oriental, tengo que recordar a aquella señora del barrio de la Prospe, diciéndole a gritos a la encargada de un todo cien sobrepasada por los clientes que buscaban adornos de navidad baratos: “¡Niñaaaaa! ¿Con todo lo que estás vendiendo y no te vas a ir a pasar las fiestas con tu familiaaaa? ¡Anda no seas tan agarrada y disfrútalo un poco!”. Cuántas barbaridades juntas dichas con buena intención. Que nos invadan, a ver lo que aguantan.

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