Fran Sevilla, Humor Gráfico, Igepzio, Número 8, Opinión
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Se trata de meterla (en vuestras vaginas)

Por Fran Sevilla / Viñeta: Igepzio

No sé a ustedes, pero a mí a pesar de mi nulo patriotismo, me sabe mal la derrota de España en este Mundial. Y que cada jugador no se vaya a embolsar una prima de 720.000 euros que les permita seguir llevando vidas de súper estrellas de rock. Porque el fútbol, ahora que el rock lleva décadas muerto, ¡larga vida a la muerte del rock’n’roll!, es también una manera de perpetuar una larga tradición de rockstars que empieza con el diablo regalándole a Robert Johnson una guitarra en un cruce de carreteras. A Laporta el diablo se le tuvo que aparecer en un burdel, regalándole la presidencia del Barça. Cargo que desempeñó de una manera ejemplar, entre yates, furcias y botellas de Möet & Chandon. Una actitud visionaria que un pueblo como el catalán, que de tanto leer libros acabó confundiendo sabiduría con erudición, no supo valorar. Él que había forjado a Leo el Messías, salvándolo del mundo de la noche y pagando a espías para que Ronaldinho, el Papa Negro, no le contagiara sus malos hábitos por la nariz. Que los rockstars argentinos es lo que tienen, una vez se meten la primera no saben parar, miren si no a Dios Maradona. O al monárquico Calamaro.

Otro rockstar inglés, George Best, auténtico filósofo encerrado en el cuerpo de un mujeriego que militó en las filas del Manchester United, futbolista old school de los de 3 paquetes de tabaco al día y toda una vida de sacrificio entregada al deporte en la que logró sobreponerse a lesiones y enfermedades venéreas por igual, nos dejó una de esas frases preclaras que sólo el whisky puede alumbrar y que es la misma esencia del fútbol. “Hace años dije que si me daban a elegir entre marcar un golazo al Liverpool o acostarme con Miss Mundo iba a tener una difícil elección. Afortunadamente, he tenido la oportunidad de hacer ambas cosas”. Porque a fin de cuentas, en el fútbol se trata de meterla.

Si no entienden mi dolor por esta derrota, piensen si no en el pobre Sergio Ramos. Que sin esos 720.000 euros, y guiándonos por la rumorología de forocoches, ese reducto de sabiduría popular de donde el pazguato de nuestro cuñado extrae su conocimiento del mundo para ser capaz de opinar sobre cualquier tema con argumentos que para él son siempre irrefutables, consiguiendo además de paso un móvil más barato y mucho mejor que el nuestro con el que hacerse selfies a más megapíxeles por hora mientras ve la Fórmula 1, ese ágora de la sapiencia nacional (digan nacional dibujando un águila en sus cabezas), contenedor de leyendas urbanas, remedios de la abuela, dilemas posexistencialistas nini y animada tertulia donde timoratos cuentan sus conquistas del fin de semana describiendo qué tal la chupaba, pues digo que según forocoches, sin esos 720.000 euros, Sergio Ramos ahora tendrá que ser un poco menos Sergio Gramos en la noche madrileña y tocar las palmas con menos alegría en sus fiestas flamencas. Algo que rompe mi corazón español.

Pero sobre todo, me apena por Vicente del Bosque, al que Dios Maradona, tras meterse la raya por el orificio equivocado, puso en este Mundial el desafortunado mote del Bigotón, cuando si nos vamos a fuentes bibliográficas creíbles y perfectamente contrastadas en forocoches, sería más apropiado referirse a él como el Pollón. Pues si algo perduró en el imaginario popular tras su paso por los campos de juego, fue la cara de elenco de personajes de ‘Boogie Nights’ que se le quedaba a todos sus compañeros de vestuario cuando veían aquello que colgaba de la entrepierna de del Bosque, un nivel Dirk Diggler.

Y yo digo que alguien con una polla tan grande como la del Bosque, que tan felices ha hecho a tantos españoles, y muy especialmente a su mujer, dándoos un Mundial y una Eurocopa, merece un respeto. Que no hay que ser tan popularmente sabio de ir crucificando a nuestros dioses a la primera de cambio ya desde los tiempos de Jesucristo. Que no me sean Pedrerol. Debemos tener fe en el seleccionador, porque al final, todo en el fútbol, como en cualquier religión, es una cuestión de fe.

Yo, por ejemplo, tengo fe en que en la próxima Eurocopa, sea cual sea el presidente que gobierne España y da igual si coronan a Felipe o a Camilo Sesto, se volverá a presentar una pila de recortes, se firmará algún rescate a la banca, o peor aún, se tramitarán leyes antiaborto que nos dejen a sólo unas ablaciones de distancia de Uganda. Porque España, como selección, puede ganar o perder. Pero está claro, es otra de esas cosas que caracterizan al fútbol al igual que a toda religión, que usándolo como excusa, los de arriba siempre lograrán marcarnos goles en propia puerta. Así que canten conmigo, ¡gooooool del Opus Dei! Lograron driblar la defensa férrea de vuestras vaginas, españolas. Porque en la vida y en el fútbol, lo importante es meterla.

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