Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 6, Opinión
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Que nos roben otros

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Sólo por asistir al impagable espectáculo de la derechona presa de los nervios y la presunta izquierda con esa cara que se le ha quedado de no entender ni papa, ya habría valido la pena el éxito electoral de Podemos. Los editoriales de la prensa seria, de uno u otro signo, es decir, del mismo (los bancos, grandes empresas y fondos de inversión), han coincidido en mostrar su sorpresa por el nuevo fenómeno y, a renglón seguido, en rebajarlo como la reacción desesperada del sector juvenil del electorado, hastiado por la falta de expectativas vitales. Lo han hecho, eso sí, desde el tono paternalista, condescendiente incluso, de quien está acostumbrado a tener siempre razón pero no ha comprendido la lección. El recorrido que pueda tener la formación que lidera Pablo Iglesias el tiempo y las circunstancias lo dirán, pero el sentido común aconseja no descalificar de entrada a un partido que en cuestión de meses ha irrumpido con la fuerza que ha demostrado Podemos partiendo de la nada.

Se acusa al hombre de la coleta de liderar una fuerza que defiende un programa electoral irrealizable, como si los de los demás partidos tradicionales, de ahora y de antes, hayan sido la verdad revelada, la palabra de Dios, las tablas de Moisés. Se ningunea a Iglesias como si fuera un mindundi y son los mismos que exhiben títulos, doctorados y másteres como el pasaporte definitivo e incontrovertible para el correcto desempeño de la política, precisamente quienes olvidan que el protagonista del 25–M es profesor universitario. De entrada, escucharlo hablar, aceptando la dosis de demagogia controlada que pueda contener su discurso, no produce vergüenza ajena, lo cual no es un gran paso para la humanidad, pero sí un enorme salto para la política. No es poca cosa en un sector plagado de “de ques”, palabras huecas e idiocia ilustrada. El hombre razona, se explica, escucha y no insulta. Ha sabido recoger el malestar ciudadano y canalizarlo en una propuesta atractiva, sugerente y abierta. Un respeto, pues.

El inventor de la casta ha puesto nerviosa a la caspa, esa curiosa amalgama de incapaces y desalmados que nos ha dejado con las vergüenzas al aire y la cuenta a cero. A falta de otro insulto, la gente de orden le ha dedicado el despectivo mantra de “bolivariano” que, ya saben, es el nuevo ETA. Ladrón, indecente, prevaricador, inmoral, malversador… todo eso es ‘pecata minuta’. Pero te dicen bolivariano y muchacho, puedes darte por muerto.

Tarde o temprano Iglesias defraudará las expectativas y a sus votantes, predicen los agoreros biempensantes. Qué quieren que les diga. Pongamos en ‘off’ nuestra inteligencia y aceptemos la falacia de que todos los políticos son iguales, un argumento, éste sí, cargado de puro fascismo. Acabarán embarrancados en el mismo fango que los demás, advierten los analistas de la cosa pública. Demos por bueno argumento tan peligroso. Pues incluso en ese caso, y puestos a que nos roben, ya es hora de que el botín vaya a otros bolsillos. Que se lleven nuestro dinero otros, que no sean los de siempre. El principio económico de la redistribución de la riqueza no pondría ninguna objeción.

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