Artsenal, Humor Gráfico, Número 6, Opinión, Xavier Latorre
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Making of

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Un miércoles que no había Champions se reunieron a cenar un grupito de profesores universitarios. Todos coincidían en que se aburrían como ostras. Al más despabilado de todos se le ocurrió crear un videojuego o una aplicación para móviles. Aquella idea que tuvo el profesor más maquiavélico fue reconvertida en crear una fuerza política de diseño. La propuesta fue aprobada por mayoría simple en aquella informal asamblea de restaurante de barrio. A la mañana siguiente hablaron con unos productores de televisión muy avezados. Los dueños del cotarro catódico, que disponían de un púlpito televisivo que les estaba ofreciendo buenos dividendos, vieron enseguida un nicho de mercado por explorar. Recordaron que una vez consiguieron llevar a un ridículo humorista al festival de Eurovisión a competir en nombre de una cadena rival. Y la cosa les funcionó. Además, pensaron, el profesor con coleta, que llevaba la voz cantante, tenía mucho pedigrí intelectual y cuerda oratoria para rato.

La idea del listo del claustro consistía en concurrir a las elecciones europeas. Explicó a sus amigotes que la circunscripción única les beneficiaba, que la urna les pondría en órbita en todo el país, que podrían desbancar a los de masterchef y que luego convertirían los resultados del experimento en una tesis doctoral o un estudio de campo. Este profesor, con nombre de fundador de partido político, tuvo para ello que comenzar su carrera televisiva por lo más bajo. Intereconomía era la mugre, pero servía para atizar a los partidos tradicionales. Pablo Iglesias tenía un pasado comprometido con los movimientos sociales antiglobalización. Su telegenia iba calando en la audiencia. Sus maneras seducían al público que desertaba de los subproductos de cotilleo de Telecinco.

Sus colegas le arropaban desde las redes sociales. Los amigos de los amigos de los amigos hacían de las suyas. Aquella movida iba creando tendencias. Este grupo de profesores descastados habían pasado a la acción: iban rellenando todas las casillas del juego. Primero fue la recogida de firmas para poder presentar la candidatura, más tarde la creación de un complicado logotipo que les costó una hora entera de hacer, luego los rumores de idilio con otras fuerzas progresistas para situarse en el correspondiente target lectoral. También se enfrascaron en rumores sobre sí eran o no herederos del 15-M. Elaboraron un programa electoral sugerente basado en desrecortes, propuestas de regeneración democrática y consignas muy sencillitas que circulaban gratuitamente por las redes, y que ninguna prepotente fuerza política quiso descargarse, como bajar el sueldo de los políticos, viajar en borreguero o criticar constantemente a los que ellos bautizaron como casta. Confeccionaron una impecable lista de candidatos. Su líder comenzó a pisar cada vez más platós. Este tertuliano con su varita mágica subía las audiencias. Tuvieron que contratar a un tal Marhuenda, para hacerles el trabajo sucio y atraerles votos todavía indecisos. Su papel lo bordó y fue fundamental para otorgarles credibilidad. La izquierda tradicional seguía a lo suyo: montaba mítines a los que sólo asistían los allegados a la comunión, colocaba en las listas a los reservistas del reemplazo del 47 y escupía frases banales que ya nadie compraba.

El resto de la película no se la cuento porque ustedes la conocen de sobra. Hasta aquí mi trabajo de investigación sobre el making of de Podemos. El tea party patrio está rabioso porque ellos no se comen un rosco de share. El carcamal de Felipe González, que dicta rancias conferencias sobre la baja productividad hora de los trabajadores, les menosprecia. Una vez superas estas pantallas, aparece una nueva en la que abdica el Rey de España y juegas a que se tambalea la monarquía. Luego empiezas a navegar por los pueblos de asamblea en asamblea obteniendo puntos por todas partes. El videojuego Podemos lo puedes compartir con tu vecino que está parado, aburrido y tieso de dinero.

Le agregas a tu partida virtual para que participe un rato y se distraiga.

En el extranjero nos quieren comprar este formato para traducirlo ya a varios idiomas. Pablo Iglesias, un tipo desaliñado con aspecto tranquilo, irá a Bruselas sentado en la cola del avión, mezclado con nuestros emigrantes y con el bocata de atún sobre las rodillas. La emisión debe continuar. Tal como se ha descrito parece un juego de ingeniería electoral. Esperemos que lo escrito sea pura ficción. Necesitamos que no haya ninguna productora detrás y que el marketing que les ha llevado en andas sea puro y altruista. Pronto lo sabremos. Sea o no un videojuego lo cierto es que engancha y que pone de los nervios a unos cuantos. O sea que algo ya han podido. El sociólogo de cabecera de Rajoy ha dilapidado su prestigio, el programa socialista ha sufrido un espectacular descenso de audiencia e Izquierda Unida se ha quedado sin la cosecha del siglo que le pronosticaba algunos sondeos. La actual parrilla televisiva los ha chamuscado. Encima muchos se tiran de los pelos porque no pudieron o no quisieron votarles.

 

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