Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 6, Opinión
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La izquierda

Por Carmen Fernández / Viñeta: LaRataGris

¿Qué es ser de izquierdas? En principio, tanto ser de izquierdas como de derechas implica pertenecer al Sistema. Y ¿qué es el Sistema? Un extraño aparataje, un entramado socio-político-económico inherente a la organización de una comunidad. En el mismo instante en que Caín se casó con su esposa extraterrestre (consultadas las fuentes bíblicas es lo más factible) ahí se gestó el Sistema y tanto Caín como Adán, Eva y su familia política alienígena comenzaron a formar parte y a trabajar para la maquinaria organizativa, asociacionista e institucional del Sistema (si fueron los edenitas los que eligieron ser de izquierdas sólo Dios, la serpiente y algún animal recién creado lo saben). Quizás incluso comenzó antes, cuando la política agraria de Abel chocó con la de su hermano, más interesado en que sus ganados errantes engordaran a costa a veces de las tierras labradas con el sudor de la frente fraterna.

Para que funcione ese Sistema han de existir fuerzas contrapuestas que luchen y engrasen la maquinaria, de manera que unos han de defender un modelo y otros el contrario. Y ahora volvemos a la pregunta inicial ¿qué es ser de izquierdas? Ser de izquierdas es elegir el camino más difícil. Es la lucha. Ni siquiera la semántica ayuda mucho: la izquierda se asocia a lo torcido, al que actúa sin rectitud, lo contrario a la diestra, es decir, la siniestra. Si la izquierda fuera una figura geométrica sería una estrella de cinco puntas. Ante todo es una actitud y un estado mental donde cada individuo se siente partícipe de un ágora que fomenta el diálogo, la discusión y la crítica, es una búsqueda (utópica o no) de la igualdad social, los derechos civiles y el progresismo. Si la izquierda fuera un alimento sería una manzana (la fruta prohibida del Árbol de la Ciencia) con cantidad de variedades, sabores y colores porque si algo caracteriza la ideología progresista es la multitud de ramas ideológicas. Ser de izquierdas supone una continua crisis de identidad. Si la izquierda fuera un animal sería una hidra de Lerna, con un tronco común pero decenas de cabezas que piensan y se alimentan de forma independiente. Y éste y no otro es el infierno de la izquierda. Un factor tan constructivo para el individuo como es la autocrítica, la reflexión y el inconformismo supone, en el espectro colectivo su gran debilidad. El talón de Aquiles. Si la izquierda fuera un color sería (y es) el rojo. Para Kandinsky éste es un color vital, desbordante e inquieto. Hay rojo saturno, rojo inglés, rojo cinabrio, rojo diablo, rojo rubor, rojo sangre, rojo vino, rojo viejo. Es un color capaz de parecer cálido o frío sin por ello perder su tono fundamental. También la izquierda.

La Historia humana se ha conformado con esa lucha de contrarios. “Este orden del mundo, no lo hizo Dios ni hombre alguno, sino que fue, es y será, fuego siempre vivo”. La sentencia es de Heráclito. Pero ¿qué ocurre cuando cesa la lucha entre ideologías y el Sistema funciona mediante una política y una economía de mercados? Pues que se impone el pensamiento único y asistimos en términos del politólogo Francis Fukuyama al “fin de la Historia”.

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