Cipriano Torres, Humor Gráfico, Lombilla, Número 6, Opinión
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Felipe, la reinona del yate

Por Cipriano Torres / Ilustración: Lombilla 

Me recuerdo un tiempo embelesado con su verbo. Afinaba la flauta y me dejaba llevar por su sonido, tan sereno, con esa modulación del sevillano musical, tan convincente, y me perdía en el gesto de sus manos, como si dirigiera su propia y mágica orquesta, un hombre que sabía seducir y decía cosas que no sólo sonaban bien sino que a uno le parecían reales. De aquel Felipe González embaucador que puso patas arriba este país, de aquel político que renovó el aire de una España oscura y gris, apenas queda el patetismo de un cascajo que avergüenza y encoleriza. Hoy, Felipe González, reinona de tantas cosas, es un ex que no soporta serlo. En los últimos años de sus gobiernos ya asomó la patita el monstruo, el otro, la Pili de la Mili, el cínico, el político que bendecía a la plebe con una mano y se limpiaba el culo de su fe con la otra. Eran tiempos en que uno no sabía si creerlo, escupir a sus enemigos, a la derecha que se unió para echarlo del trono hasta que las urnas rubricaron la conjura, o escupirle a él porque uno siempre barruntó que aquellos morritos de miel filtraban espumarajos de hiel.

Las reinonas lo son porque no hay manera de bajarlas de sus altos tacones. Se miran al espejo y aún oyen voces que les dicen eres la mejor, la más fina, la más puta, la más osada, la más lista y sensata, la que habla y deja un reguero de bragas caídas de admiración, hija, que los años te han nevado el pelo, te han abotagado la barriga, pero sigues siendo una gran dama de la escena, y sabes manejar los tiempos, el silencio, ese pequeño revuelo de manos que, de golpe, se detiene enfatizando el momento, atrapando al auditorio como atrapa la lengua del camaleón a su víctima, chica, pero ten cuidado cuando te sientes al borde del yate socialista por esos mares de la opulencia porque al más mínimo descuido, zas, siempre hay una cámara que te retratará oronda y ricachona, con tu gran puro de ex que se caga en el obrero y su puta vida y del que no tienes más remedio que seguir nombrando en vano porque en ellos te va tu fortuna.

El dinero no es lo más importante en este caso. Lo más doloroso es el camino recorrido para ganarlo. Claro que un socialista, un hombre de izquierdas, puede ser rico. Sólo faltaba que la riqueza fuera patrimonio exclusivo de la derecha, otro más. El dolor, el estupor, el bochorno, la rabia y la cólera, el desengaño, la burla, la estafa del actual Felipe González es el viaje iniciado para conseguir fortuna, fortuna manchada de indecencia y cinismo. Pero lo que más me duele, lo que más toca estos cojones que un día te votaron es que hayas entrado sin remedio en el mundo de los flipados, de los que viven al otro lado, de los que saben que hay un mundo aquí, a este lado de la realidad de neveras vacías, pensiones demediadas, expulsiones a latigazo vivo del sueño obrero de tener una casa en propiedad, o sanidad y educación sin triquiñuelas ni asteriscos, pero tú diste el salto a la valla y estás allí, y desde allí discurseas entre calada y calada de puro sobre esos derechos, esas conquistas por las que luchaste un día, aunque ya formas parte del monstruo y trabajas para los grandes, para los poderosos, para el sistema, y por eso tus palabras están percudidas y suenan a engolada y solemne fraseología de ideólogo de pacotilla, suenas a mesías de una tierra de la que hace tiempo fuiste expulsado. Eres un putón envejecido sin dignidad que mancha la palabra socialista cada vez que la usas, enfangada en un caldibache espumoso y patético.

Por eso, por todo eso, te has unido a los aspavientos de la más rancia derecha, y habéis formado un coro de aterradas lloronas advirtiendo de los males que nos esperan si prospera Pablo Iglesias y Podemos, que son, y eso es lo que os acojona, un símbolo, tal vez el anuncio de una ventolera, como si de golpe vislumbrarais que el poder de esa renovación supone vuestro lento declive, como cuando te asomas a la ventanilla del tren y el viento que te da de frente impide que insectos que hasta ahora te hacían la vida más difícil se acerquen a ti porque la velocidad se los lleva como peleles dando tumbos. Por eso, por todo eso, déjanos de monsergas, no te burles del socialismo de mis mayores, de mi familia, tú has cruzado a la otra orilla, quédate ahí, disfrútala, pero no nos toques los cojones.

En Villanueva Mesía, Granada,

con los primeros sofocos del verano

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