Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 7, Opinión
Deje un comentario

España ya es China

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

“Mira qué lejos está Japón”, cantaban los No me pises que llevo chanclas. Un poco más cerca dicen que está China, aun así a miles de kilómetros de nosotros, y yo, que soy un crédulo, doy por buena esa versión pese a no haberla comprobado empíricamente. No he estado nunca allí ni sé cómo se mide el trecho que nos separa. Lo acepto sin rechistar: China queda muy lejos. Pero, a pesar de la distancia, España es una provincia más del gigante asiático, como Gibraltar es una colonia británica. Esa verdad es cada vez más evidente. Primero fueron los restaurantes y esas salsas que valían para condimentar cualquier plato porque todas sabían a lo mismo, una mezcla dulce y amarga, en la mayoría de los casos de vivos colores, que impulsaban a beber como cosacos, a la sazón vecinos de China. Los cachivaches tomaron el relevo de la gastronomía y así, bazares, quioscos y tenderetes de ‘todo a cien y más’ fueron expandiéndose desde las grandes ciudades a los pueblos en un constante ritmo frenético hasta formar parte de la vida cotidiana de los vecinos. ‘El chino’ ya ha sustituido al frontón y a la casa de putas como distintivo de un pueblo con ínfulas. Si no hay bazar oriental, su pueblo de usted podrá ser muy bonito y en sus bares se comerá de vicio, pero le faltará algo. Es lo mismo que ocurre con las rotondas. Aunque la carretera no dé más de sí y no haya sitio donde encasquetarla, hay que construirla se pongan los paisanos como se pongan.

Tan interiorizados tenemos los bazares chinos en España que aplicamos las líneas maestras que distinguen a sus productos pero lo hacemos a lo grande, para que no se diga. Se quejan los empresarios de que los chinos copian las ideas y los proyectos europeos, pero en nuestro país sucede justamente al contrario: somos nosotros quienes pirateamos. Veamos, por ejemplo, el caso de la educación. A simple vista funciona correctamente: las aulas están llenas, cada barrio tiene su colegio y los alumnos van pasando de curso. Pero si rascas un poco en ese envoltorio de normalidad los problemas emborronan la visión general. En muchas especialidades hay déficit de maestros, entre el profesorado cunde el desánimo por el poco respeto a su figura y el fracaso escolar marca niveles preocupantes, de los más altos de Europa. Nuestra educación vendría a ser como esos cargadores para el móvil que funcionan bien el primer día, el segundo empiezan a vacilar y al tercero hay que tirarlos porque no cumplen su papel. Seguro que ustedes han comprado alguno.

La sanidad se encuentra en el siguiente pasillo, a la derecha según se entra. ¿Han probado a escribir con un lápiz de ‘todo a cien’? Sabrán entonces qué ocurre cuando hay que sacarles punta. La mina se quiebra y a cada intento de afilarlo con el sacapuntas le sucede otra rotura. El lapicero va así menguando hasta hacerse inservible. La sanidad pública sufre los embates de los gobiernos del PP, cuya acreditada voracidad privatizadora hace mella en el sistema gratuito y universal que es uno de los pocos sectores de los que un español aún puede presumir con fundamento. Al trocearla y dejarla en manos privadas, la sanidad sale más cara y no se resuelve ninguno de sus problemas, como las listas de espera.

La cultura, la música, el cine, con su envoltorio brillante y de colorines, pero frágil como si fuesen de plástico; el deporte y sus figuras destacando tanto como lo hacen las notables carencias que lastran la práctica de base; la televisión y sus ruidos, la tele y sus fuegos fatuos y de artificio que intentan meterse en nuestra cabeza a través de nuestros ojos… todo tiene su equivalente en la tienda de las tiendas por excelencia.

El producto estrella lo hemos dejado para el final, como en el circo, otra tradición china milenaria. El gato brillante de colores chillones que mueve acompasadamente el brazo arriba y abajo, abajo y arriba. Sí, ese trasto, el trasto. Es lo más parecido a la monarquía borbónica que se puede encontrar en un bazar oriental. Es inútil, chirría con la decoración lo coloques donde lo coloques y es una horterada superlativa. Y también se reproducen.

Qué lejos queda Japón, y qué cerca está China.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *