Editoriales, Humor Gráfico, Jordi Marquina, Número 6
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¿Es Podemos el nuevo referente de la izquierda española?

Viñeta: Jordi Marquina

Gurb

Editorial

13 de junio de 2014. En los últimos meses, la izquierda española parece estar sufriendo una profunda y radical transformación. Tras las pasadas elecciones europeas se ha puesto de manifiesto que el ciudadano ya no confía en la vieja fórmula del bipartidismo PP/PSOE, a la que se ve como cáncer y raíz de todos los males de la sociedad, y busca nuevas alternativas. El PSOE se ha desplomado definitivamente (pierde 2,5 millones de votos respecto a 2009 y queda con algo menos de 3,6 millones de votantes) y ni siquiera ha podido aprovechar el peor momento del partido en el Gobierno, el PP, desgastado como nunca por la crisis y por los múltiples casos de corrupción. Mientras tanto, ha aparecido una nueva fuerza emergente, Podemos, el partido del profesor de Ciencias Políticas Pablo Iglesias, que parece haber despertado la conciencia social de una parte de los votantes de izquierdas que habían caído en el desencanto por la falta de expectativas. Iglesias ha logrado aglutinar a todo tipo de votantes progresistas, desde jóvenes estudiantes y parados de larga duración hasta profesores de Universidad; desde amas de casa y jubilados hasta funcionarios y clases medias.

Fruto de una inteligente campaña electoral puerta a puerta, y con la colaboración inestimable de la cadena de televisión La Sexta, Podemos logró cinco escaños con el 7,97 % de los votos, siendo la cuarta formación más votada en España. Nunca antes se había visto un fenómeno parecido: un partido que en apenas cuatro meses de vida ha conseguido la confianza de 1,2 millones de votantes. Todas las encuestas consideran que esta fuerza política, nacida en el seno de las manifestaciones de indignados del 15M, seguirá creciendo, sin duda, en las próximas elecciones generales, ya que tiene caldo de cultivo para ello entre los millones de personas que sufren los efectos devastadores de la crisis.

El perfil del votante de Podemos no es solo el de un joven militante antisistema, como se quiere presentar desde la derecha. Según las encuestas, el 66 % de los simpatizantes de esta fuerza política es mayor de 35 años, hombre en mayor medida (un 56 % de voto masculino), con estudios iguales o superiores a los de bachillerato y con un puesto de trabajo (50 %, frente a un 22 % de parados, un 15 % de estudiantes y un 9 % de jubilados o pensionistas). Es decir, Podemos está recogiendo los frutos de la sangría del PSOE, un partido en franca decadencia, y también de Izquierda Unida, que con un discurso más añejo parece haber tocado techo. Estos dos partidos, al igual que el PP, miran con recelo el ascenso del nuevo partido y el carisma de su líder, el joven profesor Pablo Iglesias, cuya comparación con aquel primer Felipe González de los años 80, que arrasaba por su capacidad para ilusionar y por su oratoria fluida y aplastante, resulta inevitable. Desde PSOE e IU tienen claro que les ha salido un competidor directo, un aspirante a liderar los destinos de la izquierda en los próximos años, y al día siguiente de las elecciones, todos a una, se apresuraron a atizar al nuevo recién llegado que pretendía entrar en el selecto club de la casta. El PSOE sabe que la amenaza de Iglesias es real porque es consciente de que ha perdido la confianza de su electorado tras practicar durante tres décadas un socialismo edulcorado que por momentos ha favorecido a los poderes financieros del capitalismo más que a las clases obreras. IU también es consciente de lo que se le viene encima, porque la fórmula de Podemos resulta, sin duda, más atractiva, menos rancia, más moderna y más pragmática que la que puede aportar el viejo manual marxista al que todavía siguen aferrados los veteranos dirigentes comunistas liderados por Cayo Lara.

Podemos es un partido que ofrece medidas concretas al ciudadano, como la dación en pago para aquellos que están a punto de perder su vivienda, el control del fraude fiscal, la reforma del sistema impositivo (haciéndolo más equitativo y justo y permitiendo que las rentas más altas paguen más impuestos), el aumento del nivel de protección para parados y dependientes y la abolición de los recortes en Sanidad y Educación, en contra de lo que propone Bruselas, entre otras muchas medidas. Podemos ha apostado por un programa electoral que firmaría cualquier ciudadano medio hundido por la crisis y es una seria amenaza tanto para los partidos de izquierda como para el propio partido en el Gobierno. Según las últimas encuestas, podría obtener más de 50 escaños en las próximas elecciones generales. Mal harían PSOE e IU en no tener en cuenta los augurios de los sondeos. Si el Partido Socialista quiere evitar un nuevo descalabro electoral, que lo condenaría definitivamente a la condición de fuerza intrascendente, debe renovar cuanto antes su aparato directivo, permitir listas abiertas en unas primarias y abrirse a las nuevas necesidades de la sociedad. Si IU quiere detener la fuga de votos desde su coalición al partido de Pablo Iglesias haría bien en dialogar con él para llegar a posibles acuerdos y pactos de cara a unas elecciones. Y si el PP quiere conservar el gobierno debería cambiar a los políticos fracasados y salpicados por la corrupción que van camino de la derrota en Madrid y en la Comunidad Valenciana, así como dar un giro en su política económica y social, mejorando las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas. Pero esto ya sabemos que Mariano, el presidente previsible, no lo hará jamás. Allá él. Mientras, Podemos se frota las manos.

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