Humor Gráfico, LaRataGris, Número 6, Opinión, Rosa Palo
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El patito feo

Por Rosa Palo / Viñeta: LaRataGris

Lo dijo Sartre: el hombre es el ser que tiene que elegir a cada instante. Y no es que quiera llevarle la contraria al padre del existencialismo (o sí, que yo soy más del enfaticalismo de Audrey Hepburn en Funny Face, el único movimiento filosófico que permite combinar la trascendencia del ser humano con vestidos de Givenchy), pero lo cierto estoy hasta el moño de vivir en una disyuntiva desde que me levanto hasta que me acuesto: carne o pescado, monarquía o república, solo o con leche, izquierda o derecha. Pronúnciate, mójate, identifícate. Hemos pasado del “tú no te signifiques” de la abuela Herminia a tener que hacer una declaración de intenciones hasta para ir a comprar el pan, que no es lo mismo llevarse una baguette que una hogaza. ¡Qué hartura!

Cierto es que, a veces, hay que posicionarse y opinar. Pero, como escribe Elvira Lindo, en estos tiempos, más que opiniones se exigen adhesiones. Y adhesiones inquebrantables, añado, que no hay lugar para los matices. A las pruebas me remito: llega Pablo Iglesias y, con él, el eterno retorno de lo mismo. La gran esperanza blanca o el bolchevique bolivariano, el salvador de la izquierda o el demonio rojo. Pero yo, por mucho que busco, en la cabeza no le veo ni corona angelical ni cuernos diabólicos; tan sólo veo una coleta. Esa coleta de la que lo quiere colgar la derecha y que le hace tan auténtico a ojos de la izquierda (hasta el momento en el que se haga un moño, que dejará de ser progre para convertirse en hipster y caerá en desgracia). Mientras que unos lo elevan a príncipe del pueblo (no sé qué pensará la Esteban al respecto), otros quieren desactivarlo cortándole el pelo, echándole gomina y quitándole el Alcampo Casual Wear y el rollo normcore en un programa de cambio radical, como aquel “Patito Feo” que presentaba la Obregón, un delirio donde un equipo de estilistas puestos de peyote cogían a una señora fea y la convertían en una señora fea pero vestida de madrina de boda por lo civil de un futbolista de tercera regional.

Pero, de momento, a Iglesias no le hace falta que la Obregón sea su hada madrina. Aquí el madrinazgo ha venido de las urnas, y el patito feo se ha convertido en cisne. Habrá que esperar a ver qué tal nada en las estancadas aguas de la política. Y después, ya opinaremos, que no hay que hablar antes de tiempo: hace no sé cuántos artículos dije que el Twitter era una tontuna que no molaba nada, y ya voy casi por los 9.000 tuits. Coherente que es una. Y bipolar. Pero no se preocupen, que cuando llegue a los 10.000 trinos no voy a desnudarme. Bastante tenemos ya con la Mosquera.

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