Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 8, Opinión
Deje un comentario

El opio de los intelectuales

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Gatoto

Friedrich Nietzsche se interna por la banda. Le sale al paso Kafka. Friedrich sigue con la pelota. Su tocayo Engels se la pide desde el punto de penalti. “¡Si eres filósofo y fumador: boquillas Epicuro es tu solución!”. Friedrich se planta en el área; delante tiene a Camus, dispuesto a cortarle el paso. Regatea y deja a Albert sentado en el suelo. “¡Si la inspiración se muestra rehúsa: desodorante La Musa!”. Nietzsche levanta la cabeza. Desoye las peticiones de Engels, que sigue ofreciéndose. Encara la portería en oblicuo. “Buscas editor. No busques más. Editorial Espesa Caspa”. Amaga el disparo y monta la pierna izquierda. “¿Escribes? No cocines ¡Sopa de letras La tortuga y la liebre. Te sabrá de fábula!”. El esférico enrasa el césped. La trayectoria es rotunda y diagonal. Acaricia la cepa del poste y… ¡Goool! ¡Gool de Nietzsche! “¡Patrocinado por boooquillas Eeepicuro!”. La estirada del guardameta Pirandello ha sido inútil. ¡Goolazo, de Niiieeetzsche! El Estadio Monumental de las Artes y las Letras se viene abajo. Es un clamor. Filósofos, sociólogos, gramáticos, latinistas… y dos aficionados al fútbol se abrazan, saltan y gritan como posesos, en las gradas. El banquillo del Real Sesudos Balompié brinca de alegría. Habermas y Feuerbach invaden el campo en un rapto de locura para abrazar al autor del gol. El árbitro detiene el encuentro. Las caras de los jugadores del Literatos F.C. son un poema. Solo les resta un minuto para igualar el marcador. El partido se reanuda. Twain pone la pelota en juego sin dilaciones. Al estilo Misisipi. Mark sobre Wilde. Wilde se interna de profundis en el área de los sesudos. Sobrepasa a Weber, y Comte no puede alcanzarle. Joyce se desmarca y recibe el balón en profundidad de Wilde. “Tinta La escritora. Redacta ella sola”. Joyce encara la central del área en solitario. No hay tiempo. El árbitro consulta el reloj. James arma un disparo duro y colocado a la cruceta. Saint-Exupéry vuela como un príncipe por la escuadra y detiene la pelota. El colegiado pita el final del encuentro. El Real Sesudo se hace con la Copa Mundial del Empollón. ¡Oé! ¡Oé, oé…! Leonardo Boff y Beviláqua se marcan una samba ante la grada. La hinchada de los literatos está enojada y dolida por el resultado, pero no abandona el estadio, y cuando Joyce enfila cabizbajo el túnel de vestuarios, le llueven sobre su cabeza ejemplares del Ulises encuadernados en tapa dura.

Al día siguiente, en el bar de La Ferroviaria, dos albañiles, un mecánico y un peón caminero toman café antes de incorporarse al trabajo. “Menudo mesecito llevamos con la Copa del Empollón. ¡Qué asco! Siempre lo mismo: fútbol, fútbol y más fútbol”. “Ya aburren estos intelectuales. Siempre dándole vueltas al mismo asunto. Mira que llevan tiempo erre que erre: que si el fútbol patatín, que si el fútbol patatán; y nadie les hace ni pajolero caso”. “No se cansan de tanto pontificar. Un pico y una pala les regalaba yo p´al aburrimiento”. “Gracias que nosotros disfrutamos con deportes populares como el ajedrez y elegantes como el cricket. Y no esos elitistas partiditos de balompié, que solo comprenden los iniciados, con sus estrategias y tácticas ocultas para el común de los mortales”. “Claro, de algo tiene que servirles el haber estudiado tanto”. “Y no veas cuando pierden. Ni hablarles puedes. Mi hijo me ha comentado que su profe de mates ha suspendido a toda la clase porque el Atl. Integrales ha perdido con el Deportivo Ecuaciones y desciende de categoría”. “Sí, a la Liga Decimal dijeron el otro día en Radio3”. “¿Tú sigues el informativo futbocultural de Radio3?”. “¡No, qué va! Que el arquitecto de mi obra tenía la radio encendida y al pasar con la carretilla por delante de su oficina lo escuché por la ventana. ¡Yo qué voy a seguir esos programuchos para intelectuales”. “Y si ganan, se van a visitar estatuas y les ponen bufandas para que no se constipen. Y ríen, y saltan, y cantan, y beben como en las bacanales griegas, y les cantan himnos visigóticos por gregorianas”. “Estos intelectuales no tienen arreglo. ¡Qué tarugos!”. “Pues mira lo que dice el Sport Cultural: “Shakespeare cesa como entrenador del Literatos”. “Se lo dije a Joyce antes de que tirara a portería: pasar o no pasar. Esa es la cuestión”. Y en el editorial, Descartes escribe: “La duda metódica no es aplicable al fútbol. Shakespeare se ha equivocado al adoptar el estilo de juego relativista weberiano y le ha costado la copa al Literatos”. Y en el Marca Escarlata, N. Hawthorne se despacha a gusto: “¡Qué tarugo afirma que el fútbol es el opio de los intelectuales! El estigma de los cultos. Sabrá el populacho lo qué es deporte. Para eso estamos nosotros, para educar sus gustos, para formar sus opiniones, para guiar sus pensamientos. ¡Desagradecidos todos! ¡Viva el fútbol ilustrado!”. “¡Erre que erre!”, dijeron los proletarios mientras resolvían sudokus de primer grado y alguna ecuación kuántica facilucha para entretenerse antes de volver al trabajo. Otros discutían sobre el Arte del Ajedrez, de Capa Blanca. Obras son amores.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *