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El gigante rojo despertó por fin

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Por Redacción de Gurb. Jueves, 1 de enero de 2014

¿Qué sabemos de China? Pese a que se trata de una cultura milenaria, pocos europeos sabrían decir el nombre de un emperador chino y muy pocos sabrían aportar algo sobre ese país del lejano Oriente más allá de hablar de sus jugosos rollitos de primavera, sus dudosas tiendas todo a cien y sus desfiles militares desafiantes. Pese a su inmenso peso político y económico en todo el mundo, la cultura china sigue siendo una desconocida, y eso a pesar de que todos los informes apuntan a que el poder chino va en aumento y muchos expertos opinan que en 2030 reemplazará a Estados Unidos como la superpotencia dominante del mundo.

Desde casi cualquier medida estadística, la economía estadounidense sigue siendo líder. Pero la percepción de que China ya ha construido la economía más poderosa del mundo refleja los enormes beneficios que han resultado de un crecimiento.

Un grupo de chinos pasean en bicicleta protegiéndose con mascarillas contra la contaminación: Foto Reuters

Un grupo de chinos pasea en bicicleta protegiéndose con mascarillas contra la contaminación: Foto Reuters

El National Intelligence Council (o Consejo Nacional de Inteligencia) de Estados Unidos publicó un informe el año pasado que ofrece una serie de pronósticos sobre cómo podría cambiar el mundo en las próximas décadas tras el ascenso imparable y el desarrollo brutal que China ha conocido en el último medio siglo.

¿A qué se debe el espectacular crecimiento económico de un país que hasta principios del siglo XX estaba poco menos que sumido en la oscura Edad Media, que más tarde abrazó el comunismo y que hoy produce a un ritmo desbocado, como la mayor de las economías capitalistas? El largo proceso revolucionario iniciado en 1912 con la caída de la monarquía y el establecimiento de la República dirigida por el Kuomintang de Sun-Yat-sen culminó con el triunfo comunista en 1949 y el establecimiento de la República Popular dirigida por Mao Zedong. Desde entonces el despegue económico del país ha sido impresionante, sobre todo durante los últimos 20 años.

Una niña agita una bandera durante un desfile en Pekín. Foto: Efe

Es conocido que los chinos comenzaron su aventura industrial copiando baratijas de bajo costo. Sin embargo, hoy no solo vemos paraguas “made in China”, sino que además nos encontramos con electrodomésticos, computadoras, o juguetes (de diversa calidad) fabricados por el gigante asiático. Una de las claves para el milagro chino hay que buscarla en la transferencia tecnológica. Un ejemplo: cuando los chinos compran un tren de alta velocidad a Alemania, condicionan esa compra a que haya transferencia de tecnología, lo cual implica que ellos asimilan esa tecnología y la producirán por sí mismos en el futuro. La cultura de la copia, del plagio, está firmemente arraigada en la economía china y basta darse una vuelta por uno de los muchos bazares que pueblan nuestras ciudades para constatar este hecho.

La bandera china ondea en la Gran Muralla: Foto: Efe

La bandera china ondea en la Gran Muralla: Foto: Efe

Sus empresas se han especializado en ofrecer productos de bajo coste gracias a su mano de obra barata y a una moneda devaluada. Si a lo anterior le sumamos que cuentan con trabajadores inteligentes y preparados, creativos y capacitados, el resultado de este conjunto de virtudes ha llevado a que las empresas chinas hayan podido ganarse un espacio respetado en los mercados internacionales. Salarios bajos y una población de más de 1.300 millones de habitantes dispuestos a trabajar a destajo: un cóctel explosivo para las economías occidentales. El lema es producir a bajo costo e inundar el mundo de productos chinos. Los puertos comerciales españoles están plagados de grandes barcos atestados de contenedores llenos de productos del lejano Oriente que luego son distribuidos en los comercios chinos, último eslabón de una cadena productiva infernal para los sectores económicos autóctonos de nuestro país. Juguetes, textiles, calzados, electrodomésticos, dispositivos informáticos y electrónicos, y una lista interminable de productos son fabricados en China. Solo tenemos que mirar las etiquetas y el famoso made in China para darnos cuenta de que el imperio amarillo se extiende por doquier. Desde tiempos milenarios los chinos han tenido una predisposición natural para el comercio y en la actualidad sus pequeñas tiendas variopintas están diseminadas a lo largo de todo el mundo. Sin duda, han sabido crear una red de pequeños comercios y supermercados que funcionan de forma rentable. La expansión es tan rápida y vertiginosa que con la crisis, muchos chinos se están dedicando a comprar naves industriales y locales comerciales que son abandonados por las empresas españolas en quiebra.

Investigadores trabajan en el estudio de la gripe aviar. Foto: Efe

Investigadores trabajan en el estudio de la gripe aviar. Foto: Efe

El sistema educativo chino permite que cada año se gradúen 500.000 ingenieros con un coste del 10% del que habitualmente requiere formar a estos especialistas en universidades de Estados Unidos o Europa. En un par de décadas, China se situará como el más grande centro de investigaciones del planeta, superando incluso a EEUU, y sus empresas liderarán el sector de las nuevas tecnologías, crucial en el desarrollo de la economía de un país. Con todo, la economía de China sigue dominada por los sectores manufacturero y agrícola. La agricultura emplea a más del 40% de la población activa y aporta alrededor del 10% del PIB, aunque solo el 15% del territorio chino (es decir, 1,2 millones de kilómetros cuadrados) es cultivable. China es el país más poblado del mundo y uno de los mayores productores y consumidores de productos agrícolas. Además, ocupa el primer lugar en la producción mundial de cereales, arroz, algodón, patatas y té. En cuanto a ganadería, China domina la producción ovina, porcina y de especies marinas. Una serie de planes tienen por objetivo transformar la agricultura, modernizándola, diversificándola y volviéndola más productiva. La emergencia económica del país ha coincidido principalmente con el desarrollo de un sector manufacturero competitivo y orientado a la exportación, al comercio exterior. Todavía existen grandes diferencias entre los niveles de vida de la ciudad y el campo, entre las zonas urbanas de las costas de China y el interior y el oeste del país, así como entre las clases medias urbanas y las clases bajas, los parias olvidados por el crecimiento desbocado. Estas desigualdades preocupan cada vez más a las autoridades chinas y a los inversores. Si bien la pobreza ha disminuido considerablemente en China, sigue afectando a casi el 10% de la población, esto es, más de 120 millones de personas que viven con menos de un dólar al día.

A medida que la economía china ha ido creciendo, sus habitantes han ido adoptando formas de vida occidentales. Las clases medias han empezado a vestirse como los occidentales, compran televisores como los occidentales y manejan computadoras y viajan como los occidentales, con el consiguiente cambio en la escala de valores de la población. La constitución garantiza la libertad de culto, aunque las organizaciones religiosas que carecen de aprobación oficial pueden ser sujetas a persecución del Estado. Esta mentalidad abierta del chino ha permitido, quizá, que adopte el capitalismo incipiente como nueva religión del Estado.

Trabajadoras en una empresa china. Foto: Efe

Trabajadoras en una empresa china. Foto: Efe

El mercado chino es tan importante que la Liga de Fútbol Profesional Española, como la de otros países europeos, ha cambiado su horario para emitir partidos en la franja televisiva de los chinos. Lejos queda el año 1966, cuando Mao lanzó la Revolución Cultural, que trajo consigo un periodo de represión política que perduró hasta su muerte. Hoy, poco queda de aquel régimen comunista, salvo la bandera roja y los discursos demagógicos de sus líderes políticos, ya que el país se ha abierto al capitalismo de una forma descarada. Pese a que China es hoy la segunda potencia mundial tras desbancar a Japón y por detrás de Estados Unidos (algunos expertos creen que es la primera) las reformas democráticas que el mundo exige a China no terminan de llegar.

Pero no todo son luces en la China contemporánea. Su crecimiento económico espectacular de los últimos años se ha llevado cabo a un precio demasiado elevado: unos niveles de contaminación casi insoportables. Las imágenes de chinos en bicicleta con la boca tapada por mascarillas a causa de las emisiones de sus empresas se han convertido en una estampa habitual en aquel país del lejano oriente. Ni los convenios internacionales ni las constantes advertencias de la ONU han servido para que el Gobierno chino detenga su producción incontrolada, que se está llevando cabo a costa de romper el equilibrio de los ecosistemas, como ya ocurrió en la Revolución Industrial de Occidente durante el siglo XIX.

Otro aspecto oscuro es el militar. Hace tiempo que China dispone de misiles con cabezas nucleares de largo alcance, además de contar con una industria aeroespacial muy desarrollada. Hoy compite de tú a tú con otras potencias militares como Estados Unidos, Rusia o la UE, y este poderío armamentístico pesa en las decisiones que se adoptan en foros internacionales como Naciones Unidas. La amenaza para Occidente es real, ya que en el futuro se podría formar una alianza temible entre China, Rusia y algunos países de Asia central, que también podría incluir a Estados del Medio Oriente, entre los que podría estar Irán. Una especie de contra-OTAN que alteraría de forma irreversible el orden mundial, polarizándolo y quién sabe si sumiendo al planeta en una nueva guerra fría. El Ejército de China podría estar preparándose para una guerra en el ciberespacio que incluiría ataques a satélites y el uso de personal militar y civil en lo que califican de “guerra popular” digital, según un informe interno de la Defensa china. A medida que la tecnología cibernética continúa desarrollándose, la guerra cibernética empieza silenciosamente. Mientras tanto, China se ha lanzado a una carrera espacial sin precedentes que amenaza la hegemonía de Estados Unidos y ya ha anunciado su intención de colonizar la Luna y enviar naves espaciales tripuladas a Marte en un futuro no muy lejano.

Pero además, entre las sombras que se ciernen sobre el imperio amarillo está el hecho de que el avance económico exponencial de China no ha ido acompañado de las necesarias reformas democráticas que garanticen los derechos humanos. A finales de 2013, el Partido Comunista Chino anunció su programa de reformas con el horizonte de 2020. Ésta supuesta hoja de ruta incluye: avances políticos como el cierre de los centros de trabajos forzados; una mayor independencia de las Cortes de Justicia a nivel local; la flexibilización de la política del hijo único; la reforma del “hukou”, que regula la movilidad (o más bien la ausencia de movilidad) y el acceso a los servicios públicos por los ciudadanos; la reforma del acceso a bienes raíces para facilitar la cesión de tierras agrícolas por los campesinos; la liberalización de las tasas de interés y la apertura progresiva de las transacciones financieras; y la reforma de las empresas de Estado. El interés por el crecimiento económico es seguido por las preocupaciones sociales, como la degradación del medio ambiente, la corrupción o el aumento de las desigualdades. Siguen existiendo numerosos desafíos relacionados con el problema del envejecimiento de la población, la disminución de la fuerza laboral, la falta de apertura del sistema político, la competitividad de una economía dependiente de los gastos de inversión elevados y la expansión del crédito.

Una fábrica emite gases contaminantes en Beijing.  Foto: Reuters.

Una fábrica emite gases contaminantes en Beijing. Foto: Reuters.

El Gobierno chino ha publicado su enésimo libro blanco a modo de programa de buenas intenciones en el que asegura que está avanzando en la protección de los derechos humanos y en el que ha subrayado su compromiso con la justicia social y la libertad de expresión, según ha informado la agencia de noticias china Xinhua. El informe titulado “Progreso en los Derechos Humanos en China en 2013” ha sido elaborado por la Oficina de Información del Consejo de Estado con el fin de que “todo observador imparcial y razonable pueda sacar una conclusión justa” sobre el progreso chino. Según el informe, las mejoras en China dan “la oportunidad de desarrollarse, servir a la sociedad, tener éxito en la vida y cumplir sus sueños”.

Sin embargo, la disidencia china, cada vez más numerosa y organizada, está plantando cara a un Gobierno al que acusan de déspota y corrupto. Todavía no se nos ha olvidado la imagen de aquel hombre frágil e indefenso, de pie frente a un tanque, durante las protestas ciudadanas de la Plaza de Tian’anmen de 1989, también conocidas como la masacre de Tian’anmen. En aquella ocasión estudiantes en la República Popular China se movilizaron para denunciar la falta de derechos y los abusos del gobierno comunista. El espíritu de Tian’anmen fue debidamente aplastado por el Ejército chino y cientos de personas desaparecieron en un suceso que no ha sido debidamente aclarado por la Justicia Universal.

Además, el pasado mes de enero, un Tribunal de Pekín condenó a Xu Zhiyong, fundador del movimiento civil “Nuevo Ciudadano”, que pide transparencia al Gobierno, a cuatro años de prisión por “reunir a gente para alterar el orden público”. La sentencia, anunciada por el Tribunal Intermedio Número 1 de Pekín, llega después del juicio celebrado contra Xu, en el que el activista guardó silencio como protesta por las condiciones en las que se celebró la vista, a la que no le dejaron convocar los testigos que él pedía y que se desarrolló a puerta cerrada y bajo un fuerte control policial. El juicio contra Xu es uno de los procesos contra disidentes más importantes celebrados en China desde hace años y evidencia el doble rasero del Gobierno chino que, mientras ha lanzado una campaña contra la corrupción “a todos los niveles”, ha arrestado y procesado a decenas de miembros de esta agrupación ciudadana que le pide transparencia para acabar con estas malas prácticas.

El caso del artista Ai Weiwei también ha conmocionado a la opinión pública en Occidente. El 3 de abril de 2011 la familia de Ai denunció su desaparición, al tiempo que colgó carteles escritos a mano por todo el país: “Ai Weiwei, varón, 53 años, fue asaltado por dos hombres el domingo en el aeropuerto de Pekín (…) Sigue desaparecido”. El 7 de abril el gobierno de la República Popular China afirmó que Ai se encontraba detenido en un lugar indeterminado por presuntos delitos de “crímenes económicos”. El 22 de junio de 2011 fue liberado bajo fianza. Tras su liberación, Weiwei ha comenzado una campaña a través de las redes sociales para denunciar casos de tortura en las cárceles de China.

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