Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 6, Opinión
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El DARDE en la palabra

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Calculo que habrá unas treinta personas, la mayoría mujeres que acaban de terminar la temporada en el almacén de naranjas. Mujeres con niños en sus carritos, que se cansan y lloran e irritan al resto del aforo. Mujeres que seguro que han dejado a sus hijos en el colegio. Mujeres bien vestidas a las que algunas saludan con deferencia: son las encargadas del almacén. Otras, como yo, armadas con una enorme carpeta azul donde se acumulan títulos y certificados que sé que no van a servir para nada. Son la evidencia de un fracaso: el del sistema educativo. Pero eso es otra historia. Armada, pues, con la carpeta azul y el desánimo, me enfrento al funcionario que, amabilísimamente y con mucha empatía, va a meter mis datos, mis inutilidades, en el ordenador. Soy demandante de empleo desde hace unos días. Como tantos miles, como tantos millones, como tantas mujeres que han traído a sus hijos a la oficina de empleo (qué ironía); como tantas que los han dejado en la escuela (al menos, que hagan una comida decente); como tantas que responden al teléfono mientras esperan (que sí, mamá, que ya he hablado con Fulano y me ha dicho que lo siente pero que no, que no hay nada; que sí, que está bien garbanzos para comer, hace años que me gustan); como tantas que cierran los ojos (ay, si hubiera acabado la carrera, si supiera inglés, si supiera alemán, si hubiera aprendido costura como quería mi madre, si fuera más joven, si fuera más vieja, si fuera más guapa, si fuera más alta, si no tuviera hijos, si no me hubiera casado, ay, si…) y saltan como un resorte al escuchar la voz metálica de una máquina: V35, mesa 26.

Esta oficina exuda culpa. Hasta las paredes parecen gritar “el que no trabaja es porque no quiere”. Un grupito de hombres comenta con voz queda el resultado de las elecciones europeas. Hablan del “fenómeno Podemos”, una expresión que me hace pensar en calabazas gigantes o terneros con dos cabezas cada vez que la escucho. Hay opiniones encontradas entre ellos: que si no tienen programa, ni organización; que si son antisistema y bolivarianos (¡ay, qué risa!); que si han empezado por bajarse el sueldo y eso es buena señal; que si son lo contrario que PP/PSOE, y con esos dos ya sabemos cómo nos ha ido…

Pero todos ellos muestran suspicacia y recelo ante el nuevo partido, la nueva formación o lo que quiera que sea Podemos. Una actitud lógica ante la cantidad de mentiras y traiciones de los partidos “tradicionales” que, por resumir, han dejado que los españoles pasen hambre. La ecuación es sencilla: si no hay trabajo, primero se deja de pagar la hipoteca, pero después se deja de comer, o se acaba robando para que tus hijos coman. Recuerdo la primera vez que vi a un hombre rebuscando comida en un contenedor de basura. Lo vi desde mi ventana, protegida por mi trabajo fijo, por mi nevera llena, por mi sofá confortable, por mi semana de vacaciones en la playa. Sentí su desesperación y pensé que entre ese mendigo y yo había muchos escalones por descender. Ahora sé que podría estirar el brazo y darle la mano a ese hombre. Y que muchos de los que esperamos en esta oficina de empleo votaremos a quienes pongan el DARDE en la palabra. En la palabra dada.

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