Humor Gráfico, LaRataGris, Número 5, Opinión, Rosa Palo
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Educación real

Por Rosa Palo / Ilustración: LaRataGris

¡Qué cansera tengo, por Dios! De Madrid acabo de llegar ahora mismico, de apuntar al crío en el Santa María de Los Rosales, el colegio de la Infanta Leonor. Qué digo infanta, princesa, Princesa de Asturias. Y yo ya he empezado a mover ficha, que esa niña está destinada a ser mi nuera y, si no andas lista, te llega un Gonzaga o un Pelayo con ocho apellidos castellanos y guión en medio y te la levanta.

Mi santo me ha dado un viaje de vuelta que ni les cuento: que de dónde me vienen a mí esas ínfulas de grandeza, que qué disparate, que si el colegio es carísimo. Y cuando, para rematar la faena, le he dicho que tenía que encargarle una colección completa otoño-invierno a Felipe Varela para ir a las reuniones del AMPA, ha intentado tirarme del coche en marcha. ¡Qué poco espíritu, de verdad! Pues si tengo que ponerme a escribir en la hoja parroquial para sacarme un sobresueldo, me pongo, pero a mí no me quita ni Dios la posibilidad de emparentar con los Borbones. Yo no pude agenciarme a Felipe porque me hice columnista a la vejez viruela, que si salgo yo en el Telediario con veinte años, mi gracia y mi salero, me meriendo a la Leti. Pero ahora tengo una segunda oportunidad, que para eso he criado a mi hijo como a un príncipe: en el momento en que Casa Real anunció que Letizia esperaba una hembra, yo apunté a mi varón a esgrima, a equitación, a chino y a vela. Una sangría en extraescolares, para qué nos vamos a engañar. Eso por no mencionar lo de las clases de esquí, que aquí nieva lo mismo que en Dubai y todos los años me toca fundirme la extra yendo a Baqueira. Menos mal que lo de la caza no me cuesta un duro, que se lo lleva mi cuñao a pegar tiros con una escopeta de perdigones, pero luego el crío me viene llorando porque el tito ha matado dos conejos. Más flojo me ha salido que Alberto de Mónaco. Eso sí, el loden le queda divinamente, que es lo importante. Y de las clases de Protocolo y Buenas Maneras ya me encargo yo: el crío come con dos tomos de la “Enciclopedia de la Vida Salvaje” de Salvat debajo de los sobacos para no despegar los brazos del cuerpo, y lo tengo todo el día paseándose por el pasillo con la capa de Superman y el iPad en la cabeza para que aprenda a andar más derecho que una vela, que los Borbones se fijan en todo y ahí es donde se ve la cuna.

También cultivo la mente de mi primogénito, no se vayan a pensar: para que domine todas las lenguas del Estado español, le pongo los dibujos de “Bola de Drac” de la TV3, y el euskera ya lo chapurrea con las retransmisiones de pelota vasca en la ETB. A mi suegra, gallega, le he prohibido que le hable al crío en español. Y todos los jueves por la tarde tiene examen de ¡HOLA! para que esté al tanto de los vaivenes de las familias reales europeas, que luego en un sarao de los que organiza Mette-Marit me confunde el chiquillo a los de Noruega con los de Suecia y ya tenemos montao un conflicto diplomático.

Lo único que me preocupa es que mi santo está muy negativo con el tema, pero que muy negativo. Y digo yo que si la Reina es nieta de un taxista, a ver por qué no va a ser el futuro príncipe consorte el hijo de una columnista periférica. Y que me llamen Suegra Madre.

 

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