Humor Gráfico, Ivanper, Número 5, Opinión, Ramón Marín
Deje un comentario

¿De quién nos reiremos ahora?

Por Ramón Marín / Viñeta:  Ivanper

El Abuelito de España se jubila. El monarca no ha pasado la última ITV: tiene los bajos cascados de tanto abuso, un embrague que echa humo y el cigüeñal partido. Se dice/se comenta/se rumorea que el Borbón era de usar la región sur de la anatomía más que la cabeza, que ni siquiera le servía para acomodar una corona de oro de 24 kilates y armiño suavísimo. ¿Qué será de nosotros, siervos de la gleba, sin la rectitud moral, ejem, del individuo mayor del Reino, el prohombre que situó a España en el mapamundi, el iluminado que nos guiaba por la oscuridad de la Historia, el Centinela de Occidente (ah, no perdón, ese era otro)? ¿De quién nos reiremos ahora? ¿Quién tropezará con ese ardor guerrero sobre el asfalto con ese donaire real?

Porque si hemos de contar para la carcajada con el sucesor en cuestión, no las tenemos todas consigo. Este Felipe es un profesional de caminar por el alambre, un sosomán de armas tomar cuya trayectoria será más recta que un uno. ¡Ay, Dios mío, por qué nos has abandonado! Ahora tendremos a una pareja de estirados de pitiminí que presidirá procesiones e inaugurará farolas con la solemnidad mayúscula que depara la convicción de vivir al amparo del presupuesto estatal, pero sin la cercanía social y mediática del Rey padre. Las trapisondas monárquicas del juancarlismo (Urdangarin, Botsuana, Corinna…) han sido tan apoteósicas que parece inviable que vuelvan a reproducirse a corto plazo para gozo de la progresía republicanoide.

Esto de la abdicación se avisa, leñe, que Campechano I no hay más que uno y a ti te encontré en la calle. ¿Y la pobre Sofía, qué? Después de todo lo que ha pasado la pobre mujer, que podría escribir una enciclopedia Espasa con las tropelías del maromo, ahora le daremos el finiquito y se nos irá a Londres a tomar tzatziki y souvlaki con su hermanica, a poner a cien la Visa en Harrods. ¡Jroña que jroña! Parecía la más sensata de la troupe, que no es mucho decir, y elegante hasta decir basta, con esos trajes de chaqueta ad hoc y el pelucón fetén, envidia de la Liga Mundial de Alopécicos Recalcitrantes. La Reina madre se merece un monumento a la paciencia, por tener más aguante que el conejito de Duracell.

Y qué decir de las infantas, tan floripondias, que parecían unas muñecas de Famosa camino del portal, para hacer llegar al niño su alegría y su amistad. Ahora nos las quitan de los telediarios con una crueldad innecesaria. ¿Qué será de Elena, con esos rasgos de inteligencia primaria tan acendrados, esa agudeza mental de la que solo disfrutan los elegidos por el destino? Ya ni Cristina saciará nuestros más viles instintos antimonárquicos cuando el peso de la Justicia caiga sobre ella y el paso del tiempo la reduzca a una nota al pie de una página par en el libro de la Historia. ¿Y ellos? El Duque Empalmado, con esa suficiencia nórdica, ahora condenado a pasear con una bolsa de Mercadona por las calles de Ginebra. Y qué decir de Marichalar, borrado ya con un burdo típex de las fotografías de la Gran Familia. O el nunca bien ponderado Froilanín, caballero de la Sagrada Orden del Kalashnikov. Esto es un sinvivir.

La única esperanza de la República no será un ejército de coletudos con banderas tricolor. Nuestro caballo de Troya se llama Letizia y presentaba las noticias con el energúmeno aquel de lo del ce-ce-o-o, y será, voto a bríos, la reina más republicana que ha parido madre. La sangre plebeya que bulle por esas venas seguro que hace de las suyas y, cuando menos se lo espere Felipín, acordará la independencia de Cuenca o proclamará la República Independiente de Nuestras Casas. Tiempo al tiempo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *