Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 8, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla / Viñeta: Lombilla

Estimado Gurb:

Me he hecho una lobotomía y por fin soy feliz. Querido marciano, ¡hoy quiero hablar del Mundial contigo!

El caso es que la semana pasada estuve viendo la coronación de Felipe VI por televisión, y fue tal el hartazgo de asquerosita adulación empalagosa, que el azúcar se me disparó una barbaridad con tan mala fortuna que el disparo fue a darme en el lóbulo frontal del cerebro. Así que los médicos han tenido que extirpármelo y por eso ahora voy cantando y bailando tontamente como el espantapájaros de El mago de Oz, descerebrado perdido y con muchas ganas, Gurb, de hablar contigo de fútbol. Pero no creas que quiero hablar del Mundial de Brasil como lo hacía antes, que no paraba de criticarlo y de decir disparates como que resulta obsceno el despilfarro que ha hecho un país con tantas desigualdades sociales, invirtiendo muchísimo dinero en construir estadios mientras deja de hacerlo en salud y educación. No, Gurb, esta conversación no estará presidida por la ciega y airada demagogia que yo solía exhibir cuando tenía la corteza cerebral completa. Hoy, gracias a este nuevo y bienaventurado estado de indigencia intelectual en que me encuentro, no sólo no te diré que la FIFA es una entidad infame que se aprovecha de países pobres con gobiernos dóciles para enriquecerse a su costa, sino que afirmaré, categórico como un taxista, que es una entrañable institución solidaria que quiere hacernos felices con el maravilloso espectáculo del fútbol. Y me parecen muy injustas y fuera de lugar las inaceptables manifestaciones con las que han protestado algunos brasileños poco patriotas… Desde luego no me extraña que la policía haya tenido que reprimirlos con dureza, pues estaban intentando boicotear un acontecimiento que, como todos sabemos, va a proporcionar tal riqueza al país, que en pocos meses las favelas sólo serán un triste recuerdo del pasado. Ni la FIFA es esa organización corrupta y cuasi mafiosa que proclaman los fanáticos exaltados, Gurb, ni el fútbol es ese deporte alienante que el Poder utiliza para manipular a las masas, como afirman algunos culturetas fatuos, discípulos trasnochados de Juvenal. Y, por supuesto, son del todo falsas esas leyendas malintencionadas que dicen que los clubes de fútbol son un refugio de delincuentes que los utilizan para blanquear dinero, y que los futbolistas profesionales son unos jovenzuelos prepotentes con tanta abundancia de millones como falta de neuronas. Todo esto, que antes yo también sostenía, ahora lo rechazo con firmeza mientras corro y salto y hago graciosas cabriolas, como un simpático espantapájaros de película, diciendo que los futbolistas son ciudadanos ejemplares que nunca defraudan a Hacienda y que si tienen el prestigio social que tienen no es por la estupidez colectiva sino porque se lo merecen. Y si hablan con monosílabos es sólo porque los pobrecitos no tienen tiempo para hablar mejor. De igual forma que otros nacen con un lunar detrás de la oreja, Gurb, los futbolistas vienen al mundo con un balón pegado al pie y siempre tienen que estar pendientes de él, por eso no pueden entretenerse en contestar con frases más elaboradas. Cuando un futbolista está cenando por ejemplo con una catedrática de esas que suelen salir siempre con ellos, y en medio de la conversación ella le comenta: «Según Freud los componentes de la personalidad se basan en tres niveles de conciencia…», el futbolista no puede decir como a él le gustaría: «La preconsciencia, la conciencia y el subconsciente…», porque en ese momento a lo mejor el balón se pone a llorar, angelito, y entonces el futbolista no tiene más remedio que darle el pecho para que el balón se le pueda criar fuerte y sano y se haga un hombre como Dios manda…

Sí, Gurb, estoy tan contento gracias a mi lobotomía, que a partir de ahora pienso leer periódicos deportivos a diario. Únete a mí en esta boba Cruzada para gritar a todos las bondades del fútbol, apreciado amigo, y vayamos juntos, como Dorothy y el espantapájaros sin cerebro, cantando alegres por un simbólico caminito de baldosas tan amarillas como la camiseta de la selección brasileña.

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

Post scríptum:

Vaya por Dios, Gurb, ahora no puedo quitarme de la cabeza el recuerdo de El mago de Oz. ¿Tú crees que Judy Garland tuvo relaciones sexuales con el espantapájaros? A mí me da que sí, fíjate lo que te digo…

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