Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 6, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla / Ilustración: Lombilla

Estimado Gurb:

Anoche me acosté leyendo a Kafka. Cuando terminé uno de sus relatos más inquietantes, el titulado Tú lo que quieres es que me coma el tigre, que me coma el tigre, mis carnes morenas, me dormí, y esta mañana, tras un sueño intranquilo, me he despertado convertido en un monstruoso… ¡profeta con cola de caballo…! No te puedes ni imaginar, Gurb, el revuelo que se ha formado en mi barrio. Ni abrir la ventana puedo. De hecho, cuando desnudito perdido me he asomado para que el aire de la mañana me despejara, como en aquella escena de La vida de Brian una multitud de fervientes izquierdistas me ha señalado gritando: «Mirad, ahí está, el elegido ha despertado». Inmediatamente he cerrado la hoja practicable y oscilobatiente de mi ventana, claro, porque es que me ha dado mucho pudor que esos miles de personas vean mis partes pudendas. Bueno, mis partes pudendas y, sobre todo, mi espiráculo nuevo, porque es que una de las cosas más alarmantes de esta transformación tan terrible ha sido que en lo alto de la cabeza me ha salido un espiráculo por el que no dejo de lanzar, como si fuera una ballena demente, encendidos discursos contra la casta política. Después, como me he puesto tan nervioso con las soflamas que me salen de la cabeza y los vítores que me llegan de la calle repitiendo de forma muy pesadita «podemos, podemos, podemos…», he sentido unos fuertes retortijones y, justo cuando me sentaba en la taza, Gurb, no te vas a creer lo que ha ocurrido: que ha salido ardiendo la zarza pajarera que tengo encima del bidet. ¡Imagínate qué situación más embarazosa! Y lo peor es que la zarza, mientras yo exoneraba el vientre que daba gusto verme, me dijo que era Felipe González y que se manifestaba ante mí para discutir de alta política de izquierdas. Yo acepté, y él, demostrando su talla de gran estadista, me espetó lo siguiente:

—Una dalia cuidaba Sevilla en el parque de los Mompansié, ataviada de blanca mantilla parecía una rosa de té…

Con este argumentario demostraba mi oponente que es un justo representante del comité de sabios de la UE. No obstante, yo no me amilané e intenté rebatir sus razonamientos con mis tesis de la izquierda verdadera para recuperar la economía y construir la democracia:

—Si tu gente no me quiere, ni a ti te traga la mía, ¿por qué tú te has vuelto loco y yo estoy loca perdía…? —dije, mostrando mis armas.

—En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá… —contraatacó.

—Quien te puso Salvaora qué poco te conocía, el que de ti se enamora se pierde pa toa la vía… —insistí yo.

—Para mis manos tumbagas, pa mis caprichos moneas. Y pa mi cuerpo lucirlo mantones bordaos, vestidos de seda… —dijo él.

―¿Qué tiene la Zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones…? —expuse, con mucha ponderación.

―La Lirio, la Lirio tiene, tiene una pena la Lirio. Y se le han puesto las sienes moraítas de martirio… —replicó Felipe, con cierta malicia.

—Na te debo, na te pío. Me voy de tu vera, orvíame ya… —argüí yo…

Pero entonces, cuando estábamos en lo mejor del debate, reflexionando hacia dónde va la izquierda en España, y analizando con seriedad y rigor el nuevo escenario político creado tras las elecciones europeas y diseñando alternativas progresistas para oponer al neoliberalismo, Susana Díaz, la presidenta de la Junta de Andalucía, derribó la puerta de mi cuarto de baño de una patada y, puesta en jarras, dijo:

—Cuando tú me diste amparo no era más que una gitana con un traje de volantes y una enagua armidoná, y me vi por tu cariño, de la noche a la mañana, convertía en una reina de brillantes coroná…

Como podrás comprender, Gurb, a mí se me quitaron inmediatamente las ganas de obrar. Por eso te escribo, querido marciano amigo, para ver si tú me puedes dejar usar tu baño, porque es que aquí, con tanto debate de izquierdas no hay quien pueda, la verdad.

Tuyo afectísimo:

José Luis Castro Lombilla

Post scríptum:

Mira Gurb mi brazo tatuado con este nombre de mujer, es el recuerdo de un pasado que nunca más ha de volver…

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