Carmen Fernández, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 2, Opinión
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Un político cubista

Por Carmen Fernández / Viñeta: LaRataGris

Aquellos que le critican, que se callen, que no saben, que no entienden. Le reprochan sus contradicciones y sus malas dicciones, su falta de simetría en el ser y en el estar, su testa peliteñida, su frenillo, su desconcierto, su inglés, su todo. Cierto es, para qué negarlo, que carece de ese atractivo concordante y armónico tan paulnewmaniano que tanto nos gusta, y que la lógica cartesiana no es su fuerte, pero es que, ténganlo en cuenta, él no es como nosotros, él es un hombre cubista.

El presidente Rajoy es un hombre cubista, está conformado por trocitos de sí mismo, es un hombre fragmentado. Su nariz hacia la diestra –que siempre ha tenido buen olfato para los negocios–, un ojo a la siniestra –ese que dicen que le delata cuando miente–, la barba de frente, en el centro –que es lo único de centro que le ha quedado a don Mariano, un cúmulo de pelillos inútiles y simbólicos que poco tardarán en ser políticamente afeitados–, la mano en el bolsillo no sabemos de quién, y los pies, ¡qué decir de ese caminar patizambo! dando un pasito pa’lante y dos pasitos pa’trás.

Ése es el enigma rajoyano. Por eso donde dije Mariano digo naniano, no se echen las manos a la cabeza, ¿es que no lo comprenden? Es porque él es un hombre cubista. No es como nosotros, seres tridimensionalmente ordinarios y aburridos, altos, anchos y profundos –esto último cada vez menos desde que a la Esteban le ha dado por practicar el noble oficio de Cervantes–, el señor Rajoy es un hiperhombre. Como en la pintura picassiana, él incorpora dentro de sí la cuarta dimensión: el tiempo, y ahí reside su poder o incapacidad, su fuerza o su impotencia, su acierto o su desatino (según a quién se le pregunte). Él es el hombre del tiempo. No, no es un hombre del tiempo de esos de borrascas ibéricas o marejadas teutonas –no importa que allí no haya mar, el caso es hacerle la pelota a la canciller a ver si se le afloja la faja–. Él es un hombre de otros tiempos. No, tampoco es esto, no es que sea un medieval con esas políticas de aglutinar la riqueza y privilegios en manos de unos pocos y que sea la plebe la que apoquine con la crisis que por algo son más y ya están acostumbrados. ¡Ay qué ver, qué difícil de explicar!, lo que quiero decir es que don Mariano es un homo-teseracto, un ser tetradimensional, una locura, vamos. Dice la wikipedia que un hibercubo o teseracto es un “cubo desfasado en el tiempo, es decir, cada instante de tiempo por el que se movió pero todos ellos juntos”. Pues eso es el presidente. Y así se entiende todo. ¿Se acuerdan de aquel Rajoy preocupado por la subida del IVA de las chuches? Ahí lo tienen, el marianín infantil defendiendo lo suyo. ¿Y qué me dicen de la campaña electoral cuando rechazó categórico la subida de impuestos, el copago farmacéutico, y se comprometió a no tocar las pensiones? Fue llegar al Gobierno y ¡zas! subida del IVA y del IRPF, se implanta el copago y los viejecitos pierden poder adquisitivo. Lo mismo con el caso Bárcenas, Luis sé fuerte, y ahora ni a la cárcel le quiere ir a ver. Pero no es su culpa. ¿Cómo creen ustedes que se sentirían haciendo continuos viajes neuronales a la velocidad de la luz, curvando la línea espacio-temporal como aquel Delorean de la película? Pues eso, una locura, vamos. Así que asúmanlo señores analistas, politólogos, economistas, ustedes no le entienden y por eso no le valoran. Tenemos la suerte de que nos gobierne un Braque, un Gris –algo gris sí que es, todo hay que decirlo–, un Picasso hecho hombre. Un presidente cubista.

Lo único que temo de todo esto es que la condición de don Mariano sea contagiosa, ¿o qué otra cosa imaginan que fue eso de “y como fue una indemnización en diferido en forma efectivamente, de simulación de… simulación o lo que hubiera sido en diferido, en partes de una lo que antes era una retribución (…)”?. Por favor, con un político cubista tenemos suficiente. Gracias.

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