Ecto Plasta, Euler, Humor Gráfico, Número 1, Opinión
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Un país de serie B

Por Ecto Plasta / Viñeta: Euler

Vivimos en un país de serie B. Empezamos con El lazarillo de Tormes, luego vino la zarzuela en sustitución de la ópera (aquí lo llamamos el género chico, pero no nos engañemos), los Esteso y Pajares, y al final terminamos convencidos de que lo suyo era hacerse hidalgo y señorito a costa de lo que fuese. Somos cutres, somos corruptos y nos jactamos de ello.

–Sí, sí, señora, no me mire así que a más de uno habrá visto usted aguantar un poco la bolsa de la fruta mientras la pesa para sisar algunos céntimos y más cutre que eso poco más hay.

Como es lógico, en este ir y venir de picarescas, trampas y deslices siempre hay alguien que destaca por encima de los demás. Siempre hay quien quiere ser el primero de la clase. Así que de la misma forma que en el tenis tenemos a un número uno como Nadal, somos punteros en fútbol y destacamos en la fórmula 1 y el motociclismo (por citar algunos), nuestros presuntos políticos y nuestros presuntos hombres de bien han decidido asumir la responsabilidad de destacar entre todos nosotros en la presunta corrupción de la que hacemos presunta gala.

–¿Cómo dice? ¿Que exagero? Es posible, pero a veces los fantasmas, sobre todo los que transitamos por el purgatorio somos proclives a la exageración. Nos ganamos el pan atormentando almas.

Como iba diciendo, que se me va el santo al cielo, es muy español lo de hacer presuntos robos. Un poco de aquí, un poco de allá y al final se termina con una cuenta en Suiza repleta de aquís y allás. Eso sí, todo de forma tan ordenada que hasta el alemán más puntilloso estaría orgulloso, y cada aquí y cada allá se anota como el buen Fray Luca Paciola nos enseñó en su Summa de arithmetica, geometría, proportioni et proportionalita, no vaya a ser que alguien quiera cobrar dos veces.

La corrupción anglosajona, en cambio, es mucho más lujuriosa, será por aquello de que son protestantes y no se rigen por la ley cristiana, apostólica y romana, que Dios los perdone. Lo cierto es que por lo uno o por lo otro, más bien por aquello, ellos son más de líos de faldas; que no es que esté mal, que a nadie le amarga un dulce, incluso siendo fantasma lo de las becarios y/o becarios, bueno… ustedes ya me entienden. De todas maneras, en este caso (en el de la presunta corrupción) es preferible el pragmatismo español que siempre te ayuda a llegar a fin de mes –no vean lo cara que está la vida hoy en día–. Mejor unos presuntos miles en efectivo y luego, ya sí eso, se celebra como dictan los cánones, que a ver dónde mejor para cerrar un buen trato que un pu******

Lo peor de esta carrera por la presunta notoriedad corruptil es que siempre hay al que se le va la mano y siendo noble y de alta alcurnia termina por querer participar en el sarao del populacho, por aquello de ser accesible y de no creerse más que nadie. En estos casos es preferible el modelo anglosajón porque lo otro queda presuntamente cutre y no trae más que disgustos con la familia. Ya se sabe que las familias son muy de enfadarse, sobre todo en las cenas de Navidad y Año Nuevo, es un no parar…

–Señora no se me escandalice, pero tendrá que reconocer que con la luz pagada mucho mejor dar rienda suelta a la pasión que andar viajando a Suiza.

Pues así estamos, desayunando (lo de desayunar es un decir, los seres incorpóreos no necesitamos de esas cosas, vivimos de atormentar) cada día con una nueva noticia que certifica a la marca España como un par de ISO en el tema de la corrupción. El día 6 de este mes, sin ir más lejos, escuchaba en la radio (lo de sostener un periódico lo llevo fatal y los que están cerca y ven un periódico flotar ni les cuento) cómo habían sido detenidos (esto de la detención es la nota más exótica de la noticia) nueve personas por malversar seis milloncejos de euros en las obras del AVE a Barcelona. Pero no se apuren amigos, que eso fue años atrás, no sé si me entienden y, además, una cosa de aficionados. ¿Qué son 6 millones de euros hoy en día? Mejor no hablar.

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