Chema Gil, Humor Gráfico, L'Avi, Número 2, Opinión
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Señor presidente, lea usted, le he hecho un traje

Por Chema Gil / Viñeta: L’Avi

Lo de que Mariano Rajoy es gallego y ejerce como tal cuando actúa como actúa es una gilipollez y una injusticia; de tal afirmación podría inferirse que, ‘sensu contrario’, debiéramos pensar que los gallegos son gente sin tensión arterial, poco clara, incluso cobardica; sin agallas para enfrentarse a las realidades complicadas, sin valentía para dar la cara… así es nuestro presidente Mariano Rajoy como político, pero no los gallegos. Los gallegos que yo conozco son gente que le echan a la vida mucho valor y coraje, algo de lo que este presidente parece carecer. La cobardía política que ha puesto de manifiesto le ha llevado a no dar la cara en los momentos más duros de su gestión; cada vez que ha aprobado un recorte social o ha tomado medidas que han dejado caer al vacío a miles de seres humanos, ha mandado a otros para que hablaran. Tiene tan poco cuaje que ha llegado a comparecer, ante los medios de comunicación, hablando a través de un monitor de plasma. Este mediocre, inanimado e insolvente presidente, cuando se pone ante un grupo de periodistas y le sale alguno preguntón –rara avis– se echa a temblar y no duda en dirigir una mirada de hombre timorato hacia el grupo de asesores que le acompaña, para que aparezca alguien que le saque del apuro; no sabe, le da pánico dar la cara.

Su conducta política, en mi opinión, roza lo indecente, pues no ha sido capaz de pedir disculpas a los ciudadanos, en todos y cada uno de los territorios españoles donde el PP ha mandado, por la rampante corrupción de una inabarcable lista de responsables políticos de su partido que han sido imputados, procesados y condenados.

Mariano Rajoy ha mantenido una conducta impropia de un presidente de gobierno cuando ha sostenido todas las mentiras del Partido Popular con los escándalos de la trama Gürtel, con el caso de Luis Bárcenas, con las vinculaciones de sus políticos a las querencias del Caso Noos… o caso Urdangarín.

Es evidente que Rajoy llegó al poder después de que millones de ciudadanos votaran al Partido Popular, pero también es verdad que eso ocurrió tras una campaña de engaño masivo, asquerosamente miserable. Es tal el grado de incoherencia entre lo que dijo Rajoy que haría y lo que finalmente ha hecho que, llamarle mentiroso como político, casi parece un halago, puesto que lo que el cuerpo me pide es utilizar otro tipo de adjetivos más castizos y desahogantes.

En definitiva que, como político, Rajoy me parece, mediocre, cobarde, mentiroso, incoherente, injusto… Vamos, que le he hecho un traje a la medida.

Qué asquito le tengo señor presidente.

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