Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 2, Opinión
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Qué quieren que les diga

Por Francisco Cisterna / Viñeta: Gatoto

Si Rajoy es o no es un misterio mariano, solo Dios y el plasma lo saben. Lo que sí nos consta a nosotros –al contrario que a Cospedal– es que mi tocayo el papa Francisco no ha experimentado revelación sintomática alguna al conocerle, ni medita proclamarle santo de-voto mariano en época de elecciones. Es más, Jorge Mario ni siquiera considera añadir un nuevo Misterio al Santo Rosario. ¿Quién más podría estar al corriente del arcano? No sé… quizá Fernando Arrabal por aquello de las privanzas que disfrutó de Nuestra Señora allá en su juventud anarquista, pero el sátiro pánico no se ha manifestado al respecto de momento.

¿Es, pues, Rajoy un misterio mariano? ¿Un expediente XXX? ¿Es, por fortuna, el dichoso eslabón perdido? ¿Tal vez, la alegría de la huerta –tan buscada en estos tiempos– o el bicho que picó al tren? ¿Es un vendedor de “chuches” disfrazado de osito gominola? ¿Un agente encubierto de la Coca-Cola, para hacerse con la fórmula de La Casera? ¿Es un repartidor de Amazón España? (paquetes reparte un montón). ¿Es un radiotelegrafista de la Armada? ¿Es el brazo incorrupto de Santa Teresa? (esto no me huele muy bien) ¿Es un dependiente de droguería? ¿Es un representante de máquinas tragaperras? ¿Es El Mesías, de Händel o Una noche en el Monte Pelado –así nos ha dejado–, de Mussorgsky? ¿O es tal vez, El descenso a los Infiernos, de Dante? (y de España).

Muchas preguntas y muy pocas respuestas. Qué quieren que les diga de Mariano para mayor revelamiento: que se parece a un tío mío del pueblo que subía todos los jueves al monte con su mula a recoger esparto –podría ponerles de fondo un lírico atardecer, o una triste noche de un enero escarchado, pero se lo ahorro. Ya está bien de marxismo bucólico–. Qué quieren que diga: que se parece al vecino gris del 3º derecha que trabaja en no sé qué oscuro negociado, siempre con su traje gris, su barba gris y su sueño de sábanas blancas y alcobas vacías. Qué quieren que les diga, morbosos: que me recuerda a un viajante de prótesis ortopédicas, que aterrorizó mi infancia con su misterioso maletín cargado de miembros mecánicos. Qué quieren que les diga: que se parece al estanquero de mi barrio cuando extravía la mirada en busca del paquete perdido o del mechero encantado –y aquí tampoco voy a meter a Paquirrín, ni a su madre. Déjenles vivir–. Qué quieren que les diga, rojillos: que a una prima mía y a su abuela paterna les resulta simpático y le votan –hay democracia ¿no? –. Qué quieren, amantes del corazón, que les diga. Que se casa a los 40 en la isla de La Toja, luciendo en la barba canas, con quien mejor se le antoja. Que se le conocen pocos amigos y menos amigas. Que disfrutó, algún que otro año, de unas paradisíacas vacaciones en el Caribe acompañado de buenos amigos. Qué quieren que les diga. Que tiene antepasados gallegistas y republicanos. Que fue el más joven registrador de la propiedad que España viera. Que montó despacho en Padrón y en Villafranca del Bierzo, León; y acabó con su registro tostándose al sol y “chapapoteando” entre las olas, cual pescadilla o gambón, de la bella Santa Pola. Qué más quieren que les diga del bueno de Mariano, generalotes: que saca pecho del servicio militar y hace gala de barrer escoba en mano, con disciplina y humildad, las escaleras de la Capitanía General de la ciudad Fallera. Y me pregunto: ¿Qué militar sin visión ordenó agarrar la escoba a quien es el presidente y gobierna España ahora? (y me respondo con otra pregunta, fíjense). ¿Fue quizá premonición de un sargento visionario que demostró su talento al saber que de Mariano la escoba sería aliada para barrer tus derechos de noche y por la mañana?

Qué quieren que les diga, seguidores de la nave del misterio: que es el Uri Geller de la política española, que en vez de torcer cucharillas por el plasma tuerce voluntades y endereza decretos. Que solo habla para los creyentes que le votan. Que las arrecogidas del Beaterio de Santa María Egipciaca le tejen las toquillas que abrigan sus lánguidas tardes otoñales para que no se constipe. Qué quieren que les diga: que no sabemos si sube o si baja porque es gallego de raíz o si miente o engaña porque es de Tarascón su Tartarín. Qué más quieren que les diga. Solo puedo decirles, dejarles, esta letanía en auxilio y socorro de las ánimas que pululan por el purgatorio del INEM: No dejes para Rajoy lo que puedas hacer hoy. Buen Jesús, sácalas de penas. Buen Jesús, despénalas.

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