Número 2, Opinión, Paco Sánchez
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Mariano y Larra

Pues sí Gurb, en este país ahora tenemos un presidente que se llama Mariano. Antes tuvimos otros, como Suárez, que prestó sus buenos servicios y luego se retiró tras ser defenestrado por sus compañeros de partido y por el propio Rey; González, el señor X que quiso acabar con ETA con chapuzas y que nos dejó un buen ramillete de corruptos; Aznar (Ansar para sus amigos yanquis), que todos los días hacía 2.000 abdominales, batía récords del mundo de atletismo a mansalva y nos metía en guerras en su afán de pasar a la historia; y Zapatero, que nos puso en la Champions League de la economía y luego salió por patas dejándonos en una crisis infame. Y ahora tenemos a Mariano.

Pues oye terrícola, con ese panorama ese Mariano lo tendrá bastante fácil para hacerlo mejor que los anteriores. A mí me gustaría conocerle, más que nada por saber si se parece a los presidentes que tenemos en Marte. Allí todos dominan siete u ocho idiomas, hablan con toda la gente y si les pillan en el más mínimo trapicheo se van a su casa de por vida, a cuidar ovejas eléctricas. Todo el mundo conoce de pe a pa su vida y milagros y la transparencia es total. ¿Cómo ha sido la vida de ese Mariano?

Es difícil resumir. Pero te daré algunas pinceladas. Es gallego. Su abuelo fue apartado de la docencia universitaria por la dictadura de Franco hasta principios de los años 50. Es abogado y con 24 años se convirtió en el registrador de la propiedad más joven de España y todavía tiene su plaza en Santa Pola. La mili la hizo en Valencia y se ocupó principalmente de la limpieza de las escaleras de la Capitanía General. Muy joven tuvo un accidente de tráfico y desde entonces siempre lleva barba para ocultar las cicatrices de las heridas. Le encantan los puros y sobre todo fumárselos paseando de incógnito por la calles de Nueva York rodeado de sus acólitos. Le gusta bromear y los eufemismos y llama hilillos a lo que es un auténtico vertido de petróleo. ¿Qué más? Dicen las malas lenguas que de joven tonteó con la otra acera pero que su jefe, Manuel Fraga, el que se jactaba de que la calle era suya, le paró los pies y le obligó a casarse para ser un hombre cabal y con futuro político.

Ilustración: Jorge Alaminos

Ilustración: Jorge Alaminos

No sigas terrícola. Ya me hago una idea. Supongo que de él se contarán muchos chascarrillos y que la mayoría serán mentira. Es una vida muy normal, incluso un poco aburrida. ¿Cuéntame algún, cómo le llamáis aquí, algún chiste sobre él?

Pues ahora no se me ocurre ninguno. Pero si quieres un chiste de Marianos, yo te cuento uno que me viene a la cabeza. Había un rey que quería probar la fidelidad de sus súbditos y quiso someterlos a una prueba. Entonces los convocó en su sala de audiencias y empezó: “Mariano, bésame la mano. Andrés, bésame los pies. Montoya… ¿por qué corres Montoya?”.

Ja, ja. Pero qué bruto eres terrícola. Imagínate que uno de los lugartenientes del rey se llamara Mariano Andrés Montoya. Pobre hombre.

No es el caso Gurb. Nuestro Mariano se apellida Rajoy Brey, pero se inclina encantado ante el rey y le besa con ardor la mano a la reina. Pero bueno, como todos los presidentes.

¿Pero tú conoces a Mariano? ¿Has hablado alguna vez con él?

Conocerlo, no tengo el gusto de conocerlo. Una vez sí que hablé con él. Hace ya mucho tiempo de eso. Fue en el año 2002, cuando era ministro del Interior y fue reelegido vicesecretario general del PP en el XIV Congreso. A los periodistas nos tenían encerrados como en una jaula de cristal y teníamos que seguir el congreso en una sala aparte y a través de una pantalla gigante. Yo estaba ya a punto de tirar la toalla, ya que el cabrón de mi redactor jefe me había encomendado que me acercara a Rajoy para preguntarle por el futuro político del presidente de Murcia, Ramón Luis Valcárcel. Aquello me parecía misión imposible. Pero lo que son las cosas, al final hubo un milagro mariano. Acababan de detener a varios miembros de ETA y se nos convocó a los periodistas en una sala, a solas con Rajoy, para que nos ofreciera los detalles de la operación policial en una rueda de prensa. Yo esperé impaciente a que terminaran su intervención y las preguntas, y luego, torpe y sigiloso, me acerqué a Mariano sin mucha convicción. “Señor Rajoy, soy un periodista de Murcia. Quería hacerle una pregunta sobre nuestro presidente Valcárcel. ¿Le ha comunicado al partido si quiere repetir como candidato del PP en las elecciones de autonómicas de 2003?”. “Por supuesto, él quiere seguir y nosotros le animamos a que lo haga. Es un hombre importante para el partido y tiene nuestro apoyo”.

Luego, Mariano hizo un giro extraño, subió solo las escaleras del hemiciclo y se dirigió hacia un grupo de periodistas que conocía. Yo lo seguí y puse la oreja. Rajoy empezó a hablar desenfadadamente con varios compañeros de los medios sobre política y sobre todo de periodismo, e incluso se atrevió a dar algún que otro consejo y a bromear. Yo estaba perplejo.

Vaya terrícola, qué majete. Para que luego vayas hablando mal de él y despotricando. Eres un mal agradecido.

No te engañes Gurb. Las cosas han cambiado mucho desde entonces. Ahora Mariano no hace esas cosas. Ahora incluso se pactan las preguntas que deben hacerle en las ruedas de prensa y él hasta elige a los periodistas que pueden preguntar. Es más, he leído que el borrador del nuevo Código Penal prevé la imposición de multas a los periodistas que hablen de corrupción.

Pero terrícola, hoy mismo acabo de leer en los digitales que Rajoy ha dicho en el Congreso que en España hay libertad de prensa y de expresión y que “todo el mundo la ejerce”. Asegura que “el reconocimiento de la libertad de expresión, de cátedra y la libertad de prensa constituyen una pieza clave y esencial de cualquier democracia” y que “todo el día vemos lo que se dice, se escribe y los juicios de valor que se emiten”. Además, se ha remitido al último informe de Reporteros sin Fronteras, “que no es precisamente progubernamental”, y que sitúa a España en su ranking “por delante de países como EEUU, Francia e Italia en materia de libertad de prensa”.

Pero a que no sabes lo que le ha contestado una diputada de la oposición. Le ha dicho que el índice mundial de libertad de prensa realizado por Freedom House advierte de que España desde “la perspectiva de la prensa independiente” está ante su nivel “más bajo de la democracia”, lo que coloca a España “al nivel de Ghana o Surinam”. Y ha añadido que en Europa “sólo la Italia de Silvio Berlusconi, por muy poquito, está peor que España en la libertad de prensa”.

Bueno terrícola, no sigas. Ya veo que definitivamente no te gusta Mariano.

Simplemente no es santo de mi devoción. Prefiero a otro Mariano: Mariano José de Larra, al que la presión del Gobierno le obligó a cerrar su revista ‘El pobrecito hablador’. Sí Gurb, y me quedo con su ironía: “¿Y quién duda de que tenemos libertad de imprenta? Que quieres imprimir una esquela de convite; más, una esquela de muerte; más todavía, una tarjeta con todo tu nombre y apellido, bien especificado: nadie te lo estorba… Que eres poeta, y que llega un día de Su Majestad y haces una oda: allí puedes alabar todo lo que pasa y puedes decir que todo va bien, en buenos o malos versos, que toda esa libertad te dejan. Quieres publicar un periódico, nada más fácil. Vas y ¿qué haces? Lo primero reúnes seis mil reales de renta, que esto en España todos nacen con ello, y si no, los encuentras a la vuelta de una esquina (…) Pides luego tu licencia. Que te la deniegan, o que no tienes las cualidades necesarias…, no publicas tu periódico. Y está muy bien; porque si no eres empleado de nombramiento real, o no eres mayorazgo de seis mil reales de renta, o no eres abogado del colegio, que es lo que hay que ser en España, ¿qué has de publicar en tu periódico sino tonterías y oscurantismo”.

Buenas noches terrícola. Buenas noches y buena suerte Gurb.

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