Alaminos, Humor Gráfico, Número 1, Opinión, Paco Sánchez
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Mala gente

Por Paco Sánchez/ Ilustración: Jorge Alaminos

¡Hola! Soy otra vez Gurb, el extraterrestre. ¿Hay alguien ahí? Sí, soy el que se supone que debe escribir este artículo, así que ya te vas pirando marciano. Qué genio estos terrícolas. Es que le he cogido gustillo a esto del periodismo y después de ponerme el mono de faena me gustaría seguir aportando mi visión a lo que ocurre en este planeta. Ya he comprobado que algo de vida inteligente hay, aunque no mucha. Pues búscate otra revista, porque aunque ésta lleve tu nombre no te da derecho a suplantarme otra vez. Hoy toca hablar de la corrupción en España y no creo que un marciano sepa mucho de este asunto.

Yo había pensado empezar mi primer artículo (el del número 0 me lo robó Gurb) de esta guisa: Mala gente que camina y va apestando la tierra. Este verso de Antonio Machado resume a la perfección lo que son esas personas corruptas que están llevando a este país a la ruina y a la miseria a base de llenarse los bolsillos a costa del sufrimiento de los demás. Mala gente es también la que respalda, encubre, se conchaba, da alas y permite las fechorías de estos sinvergüenzas, y entre estos cooperadores necesarios del mal hay de todo: políticos, jueces, abogados, banqueros, policías, sindicalistas, contorsionistas, periodistas… No sé quiénes son peores, si los corruptos o los que les mantienen por acción u omisión.

Qué pesado este periodista. Yo también puedo escribir de la corrupción y mejor. Para empezar, busco en mi wiki para dar una definición de corrupción, que es lo primero que hay que hacer: “Se entiende por corrupción la acción o inacción de una o varias personas reales que manipulan los medios públicos en beneficio propio y/o ajeno, tergiversando los fines del mismo en perjuicio del conjunto de la ciudadanía a la que debían servir y beneficiar. La corrupción política ha sido una constante desde la aprobación de la Constitución española de 1978 hasta nuestros días, pervirtiéndose el sistema democrático y debilitándose la confianza de la sociedad en sus representantes públicos”.

Bien Gurb. No está mal. Pero eso lo sabe todo el mundo, no dices nada nuevo. Hay que dar nombres y apellidos.

Bueno terrícola, pues voy a investigar un poco. Navego en el espacio intergaláctico de Internet y si pongo corrupción y España veo que hay tres palabras que se repiten mucho: PP, Bárcenas y Fabra. Vamos a ver. Si hablamos de robar dinero, PP debe significar Por la Pasta. Ah! Pues no. Es Partido Popular. O sea, que la corrupción en este país debe ser popular. Vaya tela. ¿Y Bárcenas? Aquí me aparece algo interesante, Bárcena Mayor: “Pueblo rústico de Cantabria en el corazón de la reserva del Saja, de gran pintoresquismo. Se sitúa en un valle flanqueado por pequeñas colinas, con caserío concentrado, en forma rectangular, con dos calles principales y plazas”. O sea, que la corrupción también es pintoresca. Ya voy entendiendo. Veamos Fabra (Carlos): “Es un conocido político y empresario valenciano, que ejerció de Presidente de la Diputación de Castellón de 1995 a 2011, actual presidente de Aerocas (Sociedad pública que gestiona el aeropuerto de Castellón). Fue procesado judicialmente por diversos delitos de tráfico de influencias, por cohecho y por cinco delitos fiscales, siendo condenado en noviembre de 2013 a cuatro años de cárcel por defraudar 700.000 euros a Hacienda”. Anda, así que si eres un corrupto te nombran alto cargo de una empresa. ¿Habrá pasado lo mismo con el presidente de la Sociedad Interespacial de Ferrocarriles de Marte? Pero también veo que ese Fabra da nombre a una prestigiosa universidad de Barcelona, así que no debe ser tan malo ese tío. De lo que deduzco que la corrupción no sólo sirve para medrar, sino para ser culto y reconocido.

Estás muy equivocado Gurb. Ese Fabra se llamaba Pompeu, no Carlos. Pero déjame que siga con mi artículo, marciano cojonero. Desde niño siempre asocié la palabra corrupción con la imagen de un cuerpo muerto, descompuesto y devorado por los gusanos, al que ni las moscas del poema de Machado se atrevían a acercarse. Quizá por eso siempre me han atraído las leyendas de monjes incorruptos, como el del monasterio franciscano de Santa Ana en Jumilla. Se cuenta que uno de los monjes se enamoró perdidamente de una mujer del pueblo a la que solía escuchar en confesión. Por las noches, saltaba la tapia del convento y se encontraba con ella. Pero un día el abad le descubrió y le expulsó. El monje se refugió en una cueva de las montañas cercanas. Pasó el tiempo, y la historia del monje fue olvidándose. Hasta que, a los dos o tres años, alguien encontró al religioso en su cueva. Estaba muerto y su cuerpo permanecía incorrupto, como su amor. En Santa Ana puede verse un esqueje de la zarza sin espinas de San Francisco, esa que abrazó el santo para mortificarse después de haber tenido una tentación carnal. Inmediatamente la zarza se transformó en un maravilloso rosal sin espinas. Les deseo a los corruptos que ni las moscas se acerquen a ellos y que las zarzas a las que se arriman les hieran el cuerpo y el alma.

Terrícola, mientras tú no paras de contar chorradas, yo he conseguido entrar en las cabezas de Bárcenas y de Fabra, y sé en qué piensan ahora mismo. Fabra está tarareando una canción para sus adentros: “Aviones plateados rozando los tejados…”. Y Bárcenas tiene la mente en blanco. Es la nieve del Mont Blanc y se desliza raudo con sus esquíes por la vertiente suiza.

Déjalo ya Gurb. Me estás jodiendo el artículo. Continúo. La palabra corrupción siempre me trae a mi mente a Dorian Gray, ese personaje de Oscar Wild que pacta con el diablo para permanecer siempre joven mientras su retrato se va corrompiendo y envejeciendo a medida que comete maldades y fechorías. Al final, Dorian coge una lanza y atraviesa el cuadro y ve cómo la imagen rejuvenece mientras él va envejeciendo y desfigurándose mientras grita y se quema en una habitación en llamas.

¡Ay terrícola! Qué cosas tienes. Pues nada, pintores. A pintar cuadros de corruptos a destajo, que ya llegará la hora de lancear los cuadros.

Con este Gurb es imposible escribir un artículo en condiciones. Y mira que no es mala gente, pero para la próxima columna tendré que llegar a un acuerdo con él. Espero que este sea el principio de una gran amistad… incorrupta.

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