Alaminos, Humor Gráfico, Jorge Alaminos, Número 4, Opinión
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Las medidas

Por Jorge Alaminos / Ilustraciones: Alaminos

Cito textualmente: “Sus cuchillas han sido diseñadas especialmente para actuar en forma envolvente al ser agarradas, penetrando profundamente en los tejidos desgarrando y cortando los mismos. Asimismo, su diseño circular ejerce un efecto de látigo que se desata al ser cortado en algún lugar de su circunferencia, por lo cual, incluso aunque se trate el material con guantes especiales, si no tiene en cuenta los efectos que genera este producto ante la manipulación inadecuada, usted podría resultar gravemente herido”. Manual de instalación de concertinas.

Asistimos al renacimiento de la barbarie. Días atrás, el Ministerio de Interior remitió al presidente de Gobierno, Mariano Rajoy, “un extenso informe” que “no contempla en absoluto la posibilidad” de quitar las cuchillas de la valla de la frontera de Melilla. Por lo que sabemos, Sambo Sadiako, un senegalés de 30 años, murió desangrado por el corte recibido en una axila al intentar saltar la valla de Ceuta en 2009; en julio de 2011, en la misma valla, tuvieron que rescatar a un inmigrante atrapado entre sus cuchillas; “se había quedado enganchado en las concertinas”, publicaba un diario local. Los casos se suceden a medida que se eliminan o se vuelven a colocar.

La medida en sí ha dado más de un titular en prensa y televisión y ha logrado conducir el debate hacia lo inhumano de su colocación. Piadosamente, la Conferencia Episcopal, el Fiscal General del Estado y otros verdugos han levantado sus voces en contra pero callan lo fundamental: a quiénes va dirigida y por qué se levantan semejantes muros. De sus declaraciones se desprende que al despojar la valla de todo elemento hiriente/cortante nos humaniza. El mensaje de “frontera humanitaria” está imponiéndose pero su fin último permanece inalterable: impedir una posible invasión de infieles (para la Conferencia Episcopal) y potenciales delincuentesilegales (para el fiscal). Parece que de ambos supuestos estamos aquí bien sobrados, motivo que justifica que nos anticipen la futura “Ley de Vagos y Maleantes 2.0” o Ley de Seguridad Ciudadana.

Ilustración: Jorge Alaminos

Ilustración: Jorge Alaminos

Pero el ministro de Interior, ingeniero industrial, desconociendo el Manual básico de colocación y uso de concertinas que gratuitamente proporciona cualquier pujante empresa de seguridad, la ha definido como un “elemento de disuasión pasivo” y la defiende porque “sólo causan heridas superficiales”. Por otra parte, el Ministro de Industria, Energía y Turismo, informa sobre millonarias inversiones en mejoras y aperturas de puertos y fronteras con el fin de convertir a España en el principal destino europeo para la entrada y salida de mercancías.

Resulta sorprendente recurrir hoy en día a semejantes medidas de castigo físico en pleno desarrollo de la Sociedad del Control y la Vigilancia, donde los avances tecnológicos en esta materia han mejorado en proporción inversa al desarrollo de los derechos sociales. El sentido de la medida bien podría ser enviarnos un mensaje ejemplarizante en base a la praxis fronteriza: vuelven los castigos como máxima expresión del Poder. Frontera legítima del poder de castigar.

M. Foucault en su libro Vigilar y castigar distinguía dos modelos de poder o de poderes: el de la peste, basado en el control disciplinario, y el de la lepra que funciona por exclusión binaria. Son modelos ideales creados en el siglo pasado que se han convertido en inspiradores de nuestra sociedad. El modelo de la peste es el ideal de las sociedades disciplinarias donde el espacio esta recortado, cerrado, continuamente vigilado y controlado. Este modelo es sencillamente el orden, el ordenamiento que prescribe a cada cual su lugar: el de la mujer, el del loco, el del estudiante, el del alborotador… El modelo de la lepra viene del tratamiento estigmatizador de exclusión y expulsión que se tenía en la Edad Media con los leprosos. Lo que hace este modelo es dividir de manera binaria: leprosos y no leprosos, al contrario que el de la peste, que se apoya en múltiples e individualizantes estrategias.

El sistema panóptico integral de hoy en día, además de ser multimedia y de retomar el castigo físico, se hace global y amenaza con ser duradero.

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