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La trinchera

 

Fotografía: Pedro Martínez

♦ En España, primero se llena la costa de cemento y luego, bien por sentencia judicial o por decisión gubernativa, se terminan derribando las obras que incumplen la ley de costas. Unas veces el daño ecológico es irreversible, otras es el ciudadano quien tiene que costear los gatos de demolición. Es el ejemplo de un edificio de cinco plantas y 80 viviendas demolido por el ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (MARM) en Playa Honda (Cartagena), en el marco de su política de regeneración del litoral, informó Efe. El ministerio aseguró en un comunicado que con la demolición de ese edificio se han recuperado para el dominio público marítimo-terrestre 6.000 metros de playa y espacios públicos. El Gobierno ha invertido un total de 157.880 euros para llevar a cabo la voladura de este edificio, que se marcó un plazo de ejecución de cinco semanas. Un dineral que correrá de cuenta de las arcas públicas. Primero se construye y luego se derriba. El mundo al revés.

Texto: Redacción de Gurb

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